EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

sábado, 1 de septiembre de 2012

SERMÓN V. SOBRE EL CANTAR DE LOS CANTARES



CUATRO  CLASES DE ESPÍRITUS Y SUS RELACIONES CON EL CUERPO
1.Hay cuatro clases de espíritus. Sabéis cuáles son: el animal, el nuestro, el angélico y el que creó a los tres. Todos ellos necesitan un cuerpo o su semejanza para sí o para dirigirse a otro, o para ambas cosas. La única excepción corresponde a ese ser ante quien toda criatura, tanto corporal como espiritual, debe reconocer con toda justicia: Tú eres mi Dios, porque no necesitas mis bienes. El primero de estos espíritus necesita de tal manera del cuerpo que sin él no puede ni subsistir en modo alguno. Hasta tal punto, que en el instante mismo de su muerte deja de dar la vida al animal, y él mismo se extingue. En cambio, nosotros vivimos después de la extinción del cuerpo.  Pero ninguno de nosotros puede dirigirse ni llegar a la felicidad eterna sino a través del cuerpo. Así lo experimentó aquel que decía: Lo invisible de Dios resulta visible a través de sus obras. Pues no podemos conocer las obras creadas, lo visible y corporal de este mundo, sino gracias a los sentidos del cuerpo.
 Por tanto, esa criatura espiritual que somos nosotros necesita cuerpo; sin él es totalmente incapaz de llegar al único conocimiento que nos brinda la máxima felicidad. Y si ahora me objetasen que los niños bautizados que murieron sin haber conocido las realidades corporales, no pueden pasar  a la vida de los bienaventurados, respondería sencillamente que eso se lo concede la gracia, no la naturaleza. ¿Por qué me salen al paso con los milagros de Dios, si estoy hablando de las cosas naturales?
2.Y que los espíritus celestiales necesitan un cuerpo, nos lo certifica esta sentencia verdaderamente divina: ¿Qué son todos sino espíritus celestiales en servicio activo, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salvación? ¿Y cómo podrán cumplir este servicio sin un cuerpo, sobre todo cuando actúan a favor de los que viven en el cuerpo? Además es exclusivo de los cuerpos desplazarse de un lugar a otro; y eso hacen con frecuencia los ángeles, según nos lo demuestra una conocida e indudable autoridad: así se aparecieron y conversaron con los Padres y comieron con ellos, lavándoles los pies. Así pues, los espíritus inferiores y los superiores necesitan sus propios cuerpos, mas no para servirse de ellos sino para servir a los demás.
3.Pero  el animal, por exigencias de su servidumbre, sólo puede prestar su servicio para las necesidades materiales y temporales; por eso su espíritu se diluye con el tiempo y muere con el cuerpo. Es que u criado tampoco permanece siempre en la casa, aunque por su digno servicio consiga un premio que dure para siempre, en atención a los frutos de su servicio temporal. El ángel, por su parte, sirve y anda solícito para cumplir sus deberes de caridad en la libertad de espíritu, volcándose con gozosa prontitud y mostrándose como servidor de los bienes futuros a los mortales, porque serán un día sus conciudadanos para siempre y coherederos de la felicidad celestial.
 Ambos necesitan de sus cuerpos: el animal, porque lo exige su mismo ser; el ángel, para ayudar al hombre por puro amor. Por lo demás, no veo de qué les puede servir para su eternidad. Porque el espíritu irracional, aunque por su cuerpo goce de un contenido sensible, ¿puede acaso utilizarlo para elevarse hasta las realidades espirituales de la inteligencia a través de las cosas sensibles que experimenta? En cambio, es cierto que se aprovechan del servicio corporal y temporal para conseguir esas realidades los que prescinden del uso de los bienes materiales para el goce de lo eterno, porque usan de este mundo como si no lo disfrutaran.
4.En cuanto al espíritu celestial, por la afinidad con Dios y por la vivacidad de su naturaleza, es capaz de comprender lo más sublime y penetrar en lo más íntimo sin concurso del cuerpo y sin percibir nada con los sentidos. ¿No lo entendía así el Apóstol cuando decía: Las perfecciones invisibles de Dios se han hecho visibles, añadiendo inmediatamente: para la criatura humana? Porque para la criatura celeste no era así.
 El espíritu oriundo de la tierra y envuelto en la carne, se esfuerza por avanzar gradual y lentamente por la contemplación de las criaturas. Pero el espíritu que habita en los cielos, por su natural sutiliza y sublimidad, lo consigue con toda facilidad y rapidez, sin contar para nada con el apoyo de los sentidos corporales, sin ser ayudado por el servicio de ningún miembro del cuerpo, sin informarse mediante la percepción de ser corporal de ninguna especie.
 ¿Qué necesidad tiene de escudriñar entre lo corporal las realidades espirituales el que lo ve todo en el libro de la vida y lo entiende sin equivocación posible? ¿Por qué fatigarse para trillar la paja, pisar el lagar o estrujar las olivas el que tiene de todo y nada le falta? ¿Quién mendigaría su sustento de casa en casa, si abundara el pan en la suya? ¿Quién se mataría por cavar un pozo y extraer las venas de agua de las entrañas de la tierra, si ya tiene un manantial del que fluyen profusamente las aguas más límpidas? Por tanto, ni el espíritu del animal ni el del ángel se valen del cuerpo para alcanzar los bienes que hacen feliz a la criatura espiritual. El primero, porque no los capta por su torpeza natural; el segundo, porque no lo necesita por la prerrogativa de su gloria más excelente.
5.En cuanto al espíritu del hombre, que ocupa un lugar como intermedio entre el supremo y el ínfimo, es evidente que necesita de tal manera un cuerpo, que sin él no puede ni realizarse a sí mismo, ni ayudar a los demás. Pues, por no mencionar los demás miembros de su cuerpo ni su finalidad, si careciera de lengua, ¿cómo podría instruir al que le escucha o atender sin oídos al que le enseña?
6.Por eso, sin el apoyo del cuerpo, ni el espíritu del animal puede cumplir los deberes de su condición servil, ni la criatura espiritual del cielo sus servicios de caridad, ni el alma racional se bastaría para mirar por su salvación y la del prójimo.
 Es, pues, evidente que todo espíritu creado necesita absolutamente la cooperación de un cuerpo: para el bien de otros, para el propio o para ambas cosas. ¿Y esos animales incómodos o inservibles para el hombre? Si no son provechosos, al menos recrean la vista del que los contempla; y así pueden ser más útiles para los corazones de quienes los ven que para los cuerpos de quienes los usan. Y aunque nocivos, e incluso peligrosos para la salud del hombre, de aluna manera cooperan para el bien de los que por designios de Dios han sido llamados. Si no los alimentan ni les sirven, al menos les impulsan a ejercitar la inteligencia y comprender mejor el plan universal –cosa muy digna de un ser dotado de razón- según el cual se puede contemplar fácilmente lo invisible a través de lo que él ha creado.
 Tampoco el diablo ni sus satélites, por su perversa intención, cejan un momento en su constante afán de hacer daño. Pero nunca lo consiguen frente a esos perfectos rivales suyos, aludidos en estas palabras: ¿Quién podrá haceros daño, si os dais con empeño a lo bueno? Todo lo contrario; aun a su pesar, ayudan muchísimo a los buenos a mantenerse en el bien.
7.En cuanto a los cuerpos de los ángeles, podemos preguntarnos si les corresponde por su misma naturaleza, como a los hombres, y si son cuerpos animados como los nuestros, aunque inmortales, lo cual aún no son los humanos. O si pueden transformar su cuerpo para adoptar la forma y la especie que ellos desean, cuando quieren aparecerse, materializándolos o sutilizándolos cuanto les guste, a pesar de que en realidad, debido a la sutilidad natural de su sustancia, son totalmente impalpables e invisibles. 
 Pero no me preguntéis si subsistiendo en una naturaleza simple y espiritual, toman un cuerpo cuando lo necesitan y, cumplida su misión lo devuelven para que se disuelva en la misma materia de la que lo tomaron. En este punto, parece que los Padres tuvieron distintas opiniones y yo no veo claro cuál de ella debería exponeros: confieso que no lo sé. Además, creo que saberlo tampoco importa demasiado para vuestro aprovechamiento.
8.Pero sí debéis saber que ningún espíritu creado puede acercarse inmediatamente al nuestro; de tal modo que necesita el concurso de algún instrumento corporal, suyo o nuestro, para interponerse o introducirse en nosotros. Aun cuando por su intervención podríamos saber más o ser mejores. Ningún ángel, ni alma alguna puede hacer esto conmigo, ni yo a ningún otro. Ni siquiera los ángeles entre sí.
 Reservemos, por tanto, esta prerrogativa al Espíritu supremo e ilimitado, el único que educa al ángel e instruye el hombre, sin necesidad de recurrir a nuestro oído para que le escuchemos, ni a su boca para hablarnos. Se infunde por sí mismo y por sí mismo se da a conocer. El es puro y sólo le conocen los limpios de corazón. Es el único que no necesita de nadie, el único que se basta a sí mismo y a todos con su omnipotente voluntad. 
9.Sin embargo, realiza maravillas innumerables por medio de las criaturas visibles y espirituales sometidas a él. Pero ordenándolo, no como n mendigo. Ahora, por ejemplo, se sirve de mi lengua para actuar en vosotros enseñándoos. Podía hacerlo por sí mismo, más fácilmente sin duda y con mayor ternura; pero es una consecuencia de su bondad, no de su indigencia. No lo hace para que le ayude, sino para que vuestro progreso sea para mí fuente de méritos. Y así debe sentirlo toda persona que haga el bien, para que no se envanezca por los bienes del Señor, sino que se gloríes en el Señor.
 Otros hacen el bien, pero a su pesar. Así, el hombre malvado o el ángel perverso; es claro que hacen el bien, mas no para ellos, pues ningún bien puede servirle para nada al que lo realiza contra su voluntad. Es cierto que sólo le confían un servicio; pero no concibo cómo podemos agradecer y alegrarnos por un bien recibido de tan pésimo administrador. Esta es la razón por la que concede bienes a los buenos valiéndose de los malos, pero no porque necesite de sus obras para hacer el bien.
10.¿Quién puede dudar que Dios necesita menos aún de los seres que carecen de razón o de sentidos? Pero cuando concurren también ellos para algo bueno, se hace palpable qe todos los seres le sirven y con toda razón puede decir: Mía es la tierra. Y puesto que sabe cuáles son los bienes que elige para obrar más oportunamente, busca no tanto la eficacia como la conveniencia , para servirse de las criaturas corporales. Demos, pues, por sentado que con frecuencia acude a la colaboración de las obras materiales para sus obras divinas.
 Así, por ejemplo, se vale de la lluvia para vitalizar las semillas, multiplicar las cosechas y sazonar los frutos. Y me pregunto: ¿para qué necesitaría tener un cuerpo material aquel a quien obedecen a su menor señal todos los seres sin diferencia alguna, los del cielo y los de la tierra? Si todos le pertenecen, no le serviría para nada. Termino; porque si pretendiese agotar todo lo que a este propósito se podría decir en este sermón, sería demasiado largo y cansaría a algunos. Por eso, dejaremos lo que resta para acabarlo en otra ocasión.
RESUMEN
Existen cuatro clases de espíritus. Necesitan el uso del cuerpo de manera muy distinta. El espíritu total que es Dios no necesita cuerpo ni para sí mismo ni para relacionarse con los demás seres. Dudas acerca de la necesidad y contingencia de determinados seres vivos y hechos materiales.

1 comentario:

  1. DICE...san Pablo que:
    El Creador le dio a cada semilla el cuerpo que le conviene y le pertenece, como la del trigo....o la del maíz.
    Y que del mismo modo, hay seres celestiales con sus "cuerpos gloriosos", y seres terrestres con sus cuerpos materiales.
    Una gran revelación y enseñanza del apóstol de los gentiles.

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