EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

domingo, 25 de diciembre de 2016

SOBRE ESTAS PALABRAS DEL APÓSTOL:"EL REINO DE DIOS NO CONSISTE EN COMER Y BEBER"


1. El apóstol Pablo suele decir mucho en pocas palabras. Lo sabía muy bien aquel otro hombre tan sabio y elocuente para quien cada palabara del Apóstol le parecía un trueno. Precisa de tal manera, y lo proclama con tanto espíritu y energía, que todo lo expresa con orden, plenitud de sentido y admirable armonía. 
 El reino de Dios, dice, no consiste en comer y beber, sino en la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Qué respondéis a esto vosotros, glotones y lujuriosos, cuyo Dios es el vientre, y que sólo vivís para el vientre o el bajo vientre y, como dice otro apóstol, habéis cebado de lujuria vuestros cuerpos y corazones? Escuchad, escuchad: La comida es para el estómago y el estómago para la comida, y Dios acabará con lo uno y con lo otro. ¡Ay de vosotros!, que dormís en lechos de marfil, arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño, bebéis vino en copa y os ungiis con perfumes exquisitos. Hijos de los hombres, ¿hasta cuando esos corazones atrofiados por cuerpos tan bien cebados? ¿Por qué amáis la falsedad y descuidáis la verdad? La gordura, los placeres corporales y el estómago bien repleto os dejarán antes de la muerte, o los dejaréis vosotros mismos al morir. Lo dice un santo: Cuando muera no se llevará nada ni le acompañará su gloria. Son un rebaño para el abismo. La muerte es su pastor. 
 ¡Qué bien dicho! Son un rebaño! Esquilados sin piedad y rigurosamente, se les quitará el vellón de las riquezas de este mundo y serán arrojados desnudos a las llamas eternas. La muerte es su pastor, porque estarán siempre muriendo para la vida y viviendo para la muerte. Aquí su carne irá a los gusanos, y allí su alma al fuego, hasta que, reunidos otra vez en la más desdichada coalición, se asocien para los terribles tormentos los que fueron compañeros en los vicios. 
2. ¡Hombre refinado!, tú que te rodeas y agobias de placeres y riquezas, y esperas así la confusión y la muerte escucha: El reino de Dios no consiste en comer y beber, ni en cubrirse de púrpura y lino; porque aquel rico que nadaba en todo eso descendió inmediatamente al infierno. ¿En qué consiste pues? En la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Atiendes y comprendes que el gozo es lo último? Y vosotros, insensatos hijos de Adán, ¿queréis saltaros por las buenas la justicia y la paz, cambiando y perviviendo lo último por lo primero? Todos quieren gozar. Pero resulta imposible porque del mismo modo que no hay paz para los malvados, y lo dice el Señor, tampoco gozarán los malvados. Nada de eso para los impíos, nada de eso.
 En primer lugar hay que practicar la justicia, buscar la paz y correr tras ella, y sólo así abrazarse después al gozo, o más bien dejarse abrazar por él. Así actuó el coro de los Ángeles: comenzó siendo fiel a la justicia, permaneciendo en la verdad y apartándose del desertor de la verdad. Después se consolidó en aquella paz que supera todo conocimiento: ante los múltiples rangos del honor en que viven, ninguno murmura ni tiene envidia.  
3. Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras. Sí, alaba y redobla tus alabanzas, porque tus puertas están cerradas con enormes cerrojos y llaves de absoluta seguridad. Allí no entra el enemigo, si sale de allí el amigo. Benditos tus hijos en ti, que ya están en el cielo y poseen toda bendición espiritual por medio de Cristo. Desapareció el temor en todo el país, pues ha puesto paz en tus fronteras. Ni la tentación ni el torbellino de pensamientos se infiltra allí: aquel asturo consejero queda muy lejos de tus muros y de tus hijos Y el que permanece siempre el mismo lo consolida y fusiona todo en la identidad, pues todos participan de él. 
 En esta tercera etapa sacan ya agua de las fuentes del Salvador, y con los ojos desnudos, por decirlo de algún modo, contemplan la esencia divina, libres del engaño de toda imagen o representación corporal. Al final llegó el gozo, y un gozo interminable. 
4. Miserables de nosotros, expulsados de aquel dichoso país y rebajados-por no decir hundidos-en esta vanidad. Como dice el Profeta: los hijos de Sión, insignes y revestidos de oro puro, se han convertido en cacharros de loza. Los hijos de Sión: es decir, los de aquella ciudad contemplativa que el Señor construyó para que la vieran en toda su gloria. Los hijos de la Jerusalén celeste, la libre y madre nuestra. Eramos insignes por la dignidad natural y revestidos de oro puro por la imagen divina. ¿Cómo nos hemos convertido en cacharros de loza, ys hemos degradado en cuerpos frágiles y de barro?
 Los ángeles, hermanos carísimos, ofrecen a Dios la justicia, la paz a los demás,  el gozo interior a ellos mismos. Imítales, hombre, y no te apropies en primer lugar lo tuyo, despreciando la justicia que debes a Dios y la paz que te reclama el prójimo. 
 La justicia es la virtud que da a cada uno lo que es suyo. Y tú no sólo debes justicia al Creador, sino muchas y grandes justicias. Porque el Señor es justo y ama las justicias. Tu justicia es como las montañas de Dios. Sí, como las montañas pues te ha inyectado verdaderas montañas de misericordia. 
5. En primer lugar, te creó junto con todas las otras criaturas y en medio de ellas, y te confirmó una gran dignidad. A todas ellas se lo mandó y quedaron creadas. Después de esto te redimió esa divina majestad, inflamada con amor vehementísimo hacia ti. ¿Lo hizo con una simple palabra? No, se entregó durante treinta y tres años a tu salvación en este mundo, fue clavado en una cruz, entregado a muerte y colmado de desprecios. Tu Dios se hizo hermano tuyo, no de los ángeles: No es a los ángeles a los que tiende la mano, sino a los hijos de Abrahán. Tienes en común con los ángeles el haber sido creado; pero ser hermano del Señor es peculiar tuyo.
 Y todavía nos concedió algo más particular: con su propio dedo nos sacó del camino ancho y fácil que conduce a la muerte y nos puso en compañía de los justos y en la asamblea. ¿Qué más pudo hacer y no lo hizo? Ante un cúmulo tan grande de beneficios, otorgado por un bienhechor tan insigne y admirable, ¿no se ablandará hasta el mismo corazón de piedra? Cuanto eres y puedes se lo debes al que te ha creado, redimido y llamado. 
6. Mas después de practicar la justicia, vive en la pz. Mientras habitamos en esta morada de arcilla y en la frágil condición humana, jamás nos veremos libre de los escándalos. Por eso, si recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, himíllate y pídele perdón; y si tú tienes alguna queja de él, perdónale al instante y todos los miembros estarán en paz. Con estas disposiciones de caridad y humildad, jamás existirá la discordia entre nosotros. Aprended de mí, dice el Señor, que soy manso y humilde de corazón. La mansedumbre pertenece a la caridad, pues la caridad es paciente y afable; y la humildad sabemos muy bien qué significa. 
 Los que así avanzan alcanzan el gozo en el Espíritu Santo. Esto que digo sólo lo conoce el experto y lo ignora el inexperto, pues el hombre animal no percibe las realidades del Espíritu de Dios. ¿Acaso durante la oración no nos conmovemos hasta el fondo del corazón al evocar el gozo de la Jerusalén celeste, nuestra madre, y un río de lágrimas baña el rostro de los que meditan en ello? ¡Si eso fuese continuo! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me peque la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén como fuente de mis alegrías. Sí, aquí está la fuente de la alegría y allí la cumbre. 
7. Señor Jesús, ¿cuándo me desatarás el sayal y me inundarás de alegría, para que te cante con toda el alma y no sienta la tristeza? Elinicio de este gozo que aquí sentimos alguna vez es una simple gota, una gotita de ese río cuya corriente alegra la ciudad de Dios. ¿Cuándo nos llegará el día de sumergirnos hasta el fondo de estos gozos eternos en el océano de la divinidad, cuyas olas se suceden sin interrupción?¿Cuando llegaré a ver el rostro de Dios? ¿Cuándo pasaré por ese admirable santuario hasta la casa de Dios? ¿Cuando veremos en la ciudad del Señor de los ejércitos todo lo que oímos?
 Hermanos, perseveremos fielmente en estas tres cosas y recordemos sin cesar aquella frase: Amigo, ¿a qué has venido? No hemos venido para matar a traición al Rey, sino para servir al que es bendito para siempre. 
RESUMEN
La vida entregada a los vicios de la carne sólo conduce a la muerte física y espiritual. El gozo es el producto de una  vida espiritual. Esos vicios no nos conducen a la Jerusalén celestial donde reina la paz con un gozo interminable. Abandonando la Jerusalén celestial hemos convertido el oro en barro. La justicia de Dios nos ofrece, sin embargo,  montañas de misericordia y en lo que debemos basarnos no es en los vicios sino en la oración, la caridad y la humildad.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LOS REMEDIOS DEL ALMA

1. Nuestra salvación reside en dos cosas: la justificación y la glorificación. La primera es el comienzo y la segunda su plenitud. Aquella exige trabajo, ésta cosecha los frutos de este trabajo. La justificación se realiza ahora por la fe, la glorificación tendrá lugar en la visión. El entendimiento apenas puede imaginar cuál será la glorificación de los ssantos en la vida futura. La Escritura nos dice de ella: Ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguna ha imaginado lo que Dios ha preparado para los que le aman. 
 Prescindamos de momento tratar de ella, porque supera nuestra capacidad, y hablemos sobre la justificación que vivimos ahora, diciendo lo que nos parece necesario para la edificación de nuestros hermanos. Como dice el Apóstol, es el camino que conduce a la glorificación: A los que predestinó, los llamó, los justificó; y a los que justificó los enalteció. Es imposible llegar a esa exaltación si no le precede la justificación, pues ésta es el mérito y aquella el premio. Y así, al anunciar a sus discípulos el reino de Dios, Cristo les propone en primer lugar la justicia: Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
2. Tengamos en cuenta que, así como en el reino de la bienaventuranza el Señor se manifestará a sus elegidos por su presencia para ser glorificados, también ahora se les manifestará en su peregrinación para justificarlos. De esta suerte, los que van a ser glorificados por la visión serán antes justificados por la fe. Y los que desean ser justificados deben abstenerse de  tres cosas. Ante todo de las malas obras; después de los deseos carnales; y en tercer lugar de los asuntos del mundo. Y por otra parte, deben ejercitarse en esas tres cosas que el Señor predicó en la montaña: la limosna, el ayuno y la oración. He aquí, pues cómo se realiza la justificación: absteniéndose de los vicios prohibidos y entregándose con fidelidad al bien que está prescrito. Contra las malas acciones practíquense las obras de misericordia, contra los deseos carnales salga a su paso el ayuno, y las ocupaciones del mundo cedan su lugar al culto.
RESUMEN
Nuestra salvación exige dos cosas: la Justificación (que es el mérito) y la glorificación (que es el premio).
Para la Justificación: los que van a ser "justificados" requieres tres cosas y remedios, pero antes de todo la llamada de Dios y deben practicar la justicia.
Primera:  Abstenerse de las malas obras. Para ello se abstendrán de los vicios prohibidos y se entregarán al bien de la ley natural que es la ley de Dios.
Segunda: Abstenerse de los deseos carnales. Ante eso usaremos el ayuno.
Tercera: Abstenerse de los asuntos del mundo. Deben ceder su lugar al culto. 

domingo, 29 de mayo de 2016

LA MISERIA HUMANA


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La comunicación del espíritu


¡Qué grande es nuestra miseria y cuán compleja nuestra indigencia! ¡Necesitamos hasta de las palabras! Lo cual incluye una doble muestra: la realidad normal de necesitarlas para comunicarnos unos con otros, y lo más asombrosa de necesitarlas para con nosotros mismos. Nadie conoce la intimidad del hombre excepto el espíritu del hombre que está dentro de él. Se ha abierto un gran abismo entre nosotros, y sólo por medio de las palabras se puede realizar el intercambio de ccorazones comunicándonos los pensamientos. ¿Quién ignora que las palabras se han inventado para cubrir esta necesidad? 
 Hasta para hablarnos a nosotros mismos necesitamos la palabra. ¿No está sometida sólo a Dios, alma mía? Eso se pregunta el Profeta y añade: De él viene  mi salvación. ¿Y quién no siente la frecuente necesidad  de interpelar su alma, dirigirse a su razón y evocar sus afectos? ¿Quién no necesita a menudo reconciliarse consigo mismo a base de palabras, increparse con amenazas, requerirse con advertencias y apremiarse con acusaciones? Incluso nos conviene acudir al raciocinio para convencernos, y decirnos por ejemplo: De él viene mi salvación. O consolarnos alguna vez con frases como ésta: ¿por qué te acongojas, alma mía; por qué te me turbas? O estimularse a sí mismo  decir: Alaba, alma mía, al  Señor. O amonestarse atentamente de vez en cuando sobare lo que conviene hacer, de este modo: Bendice ,alma  mía, al Señor y no olvides sus beneficios.
 Mi corazón me ha abandonado y necesito hablarme a mi mismo, o más bien hablarme como a un otro. Y esto, de momento con tanta más frecuencia cuanto menos vivo dentro de mi corazón, dentro de mí y unido a mí mismo. Cuando formemos todos juntos el hombre perfecto, tampoco necesitaremos usar la palabra unos con otros. Entonces las lenguas cesarán y será inútil todo intérprete, porqaue el único Mediador suprimirá todas las distancias con el amor, y seremos todos una realidad en aquellos que son verdadera y eternamente uno: Dios Padre y Jesucristo el Señor. 

RESUMEN
 La palabra nos sirve para comunicarnos entre nosotros y también para hacerlo con los demás. Nuestro Espíritu es el que verdaderamente nos conoce y somos tan miserables que necesitamos de la palabra para comunicarnos con nosotros mismos. Algún  día seremos puro espíritu y ni las palabras serán necesarias.
 

domingo, 22 de mayo de 2016

LA TRIPLE MUERTE DE LOS SANTOS



1. La muerte de los santos vale mucho a los ojos del Señor, unas veces por su vida, otras por el motivo de su muerte y otras por ambas cosas juntas. La vida de los confesores que mueren en el Señor, hace valiosa su muerte. Y en los mártires, que mueren por el Señor, unas veces sólo les da valor el motivo de su muerte, y otras la causa y la vida juntamente. Sin duda alguna, es maravillosa una muerte avalada por toda una vida; todavía más la provocada por una causa suprema; y por encima de todo, la muerte que corona la vida y la causa de su sacrificio.
2. Vale mucho a los ojos del Señor la muerte de sus santos. Tres cosas hacen santo a un hombre: la sobriedad de la vida, la rectitud de sus acciones y el fervor de espíritu. Una conducta sobria nos pide vivir en continencia, disponibles hacia los demás y obedientes; o en otras palabras, castos, caritativos y humildes. No olvidemos que la castidad es fruto de la continencia, la caridad de la disponibilidad, y la humildad de la obediencia. Y esa virtud hace que el alma se someta plenamente a Dios y viva segura a la sombra de sus alas. 
 Y el espíritu es ferviente si nuestra fe nos da la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno. Y creemos que su poder conforta nuestra debilidad, su sabiduría suple nuestra ignorancia, y su bondad disuelve nuestra maldad.
 He aquí tres cosas que hacen admirable la muerte de los santos: su liberación de toda inquietud, el gozo de la nueva realidad y la certeza de la eternidad.  

RESUMEN
Tres cosas hacen santo a un hombre:
1. La sobriedad de su vida. Exige ser castos, caritativos y humildes.
2. La rectitud de sus acciones: tanto por lo que hacemos en la vida como por el motivo de la muerte.
3. El fervor del espíritu: la experiencia de un Dios infinitamente poderoso, sabio y bueno que nos hace anhelar una nueva realidad y la certeza de la eternidad. 

 

domingo, 8 de mayo de 2016

LA ESCUELA DEL AMOR


Estamos en la escuela de Cristo, y en ella recibimos una doble instrucción. Unas cosas nos las enseña directamente el único y verdadero Maestro, y otras a través de sus ministros. Estos nos educan en el temor, aquél en el amor. Por eso, al faltar el vino ordenó llenar de agua las tinajas y aún hoy, cuando escasea el amor, los ministros de Cristo llenan con el agua del temor esas otras tinajas que son las inteligencias. 
 Y está muy bien aplicada el agua como símbolo del temor, porque así como el agua apaga el fuego, también el temor apaga la pasión; y lo mismo que el agua lava las manchas del cuerpo, el temor limpia las del alma. Llenemos, pues, con esta agua las tinajas, es decir, nuestro espíritu, porque quien teme no comete negligencias. Y está realmente lleno el que no admite la más mínima indolencia.
 Pero el agua pesa, es decir, el temor lleva consigo la pena; por ello debemos acercarnos al que convierte el agua en vino, al que cambia el temor del castigo en temor puro, y así podremos escuchar su enseñanza sobre el amor. Vadla aquí: Esto os mando, que os améis unos a otros. Cual si dijera: "Os doy muchas normas a través de mis ministros, pero yo os encomiento ésta de manera especial". Y en otro momento añade: En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros. En consecuencia, amémonos mutuamente y demostraremos que somos discípulos de la Verdad. 
 Este amor nos exige una triple atención, pues Dios es amor. Entreguémonos a él con todo empeño, para que nazca, crezca y se conserve. Nace cuando das de comer o beber al enemigo, porque así amontonarás carbones ardiendo sobre su cabeza. Los carbones ardiendo son las obras de caridad, que se arrojan sobre el diablo, cabecilla de todos los malvados. Y al desaparecer él, Dios, que es amor, nace en ellos como cabeza. 
 Crece cuando atiendes al que sufre necesidad, te ofreces al que te quiere contratar, y te desahogas con tu amigo. Se conserva si consientes al deseo de tus amigos, conversando con ellos o ayudándoles incluso en cosas innecesarias. Y se conserva y aumenta con un rostro amable, una palabra suave, una acción entusiasta. El rotro y las palabras muestran el amor, y lo confirman las obras buenas y llenas de gozo, porque obras son amores. 
RESUMEN
Cristo nos enseña con el amor. El amor es como el vino. Debemos favorecer que nazca, que crezca y se conserve. Nace cuando ayudas incluso a los que son tus enemigos. Crece cuando atiendes al que lo necesita. Se conserva cuando transmitimos amabilidad y entusiasmo. 
Cuando falta el amor, los ministros de Cristo recurren al temor. Es como el milagro de las tinajas donde el agua se mezcla con el vino. Pero ese agua ocasiona pena, aunque limpia las manchas y evita errores.
 Debemos intentar que nuestro amor tenga cada vez mayor proporción de vino y menos de agua. 

sábado, 30 de abril de 2016

TRES CONSIDERACIONES SOBRE LA ENCARNACIÓN

El misterio de la encarnación nos ofrece tres consideraciones: un ejemplo de humildad, una prueba de amor y un sacramento de redención. El ejemplo de humildad aparece en los sollozos del niño, en la cueva donde se cobija, en el pesebre donde reposa y en los pañales que lo envuelven. La prueba de amor es su muerte santa, pues nadie tiene amor mayor que quien da la vida por sus amigos. Y el sacramento de redención manifiesta el triple poder de Dios: hacer algo de la nada, renueva lo anticuado, y convierte lo temporal en eterno.

domingo, 20 de marzo de 2016

LOS TRES BROTES


1. Tus brotes son un paraíso. Así habla la Jerusalén celestial congratulándose con la que peregrina en la tierra. Tenemos tres brotes distintos. El primero son los casados que hacen penitencia en el mundo; el segundo los que viven en el claustro con espíritu de conversión y de continencia; y el tercero los prelados, cuya misión es predicar y orar por el pueblo de Dios.
 Del primer brote, la penitencia, dicen los ángeles -esos ángeles que sienten tanta alegría por un solo pecador que se convierte: ¿Quién es esa que sube por el desierto como columna de humo, como nube de incienso y de mirra y perfumes de mercaderes? Nos dicen que el alma penitente sube por el desierto, es decir, por una tierra intransitable y reseca, porque recuerda sus pecados. Y sube como columna de humo, confesando humildemente esos pecados. Esta confesión se compara con razón a la columna de humo, porque emana de las múltiples especies de pecados, como el humo sale del incensario por distintos orificios. También podemos subrayar que el humo nunca tiene fulgor, pero sí suele despedir olor. Y ese humo de la confesión despide cierto aroma de piedad: así lo insinúa el texto siguiente: Es una nube aromática de mirra e incienso y perfumes de mercaderes. 
 La confesión debe ir siempre acompañada de mirra e incienso, símbolos de la mortificación  corporal y de la oración del corazón. La una sin la otra aprovechan muy poco o nada. Quien castiga la carne olvidando la oración es un orgulloso, y se le dice: ¿Como yo carne de toros o bebo sangre de cabritos? Y al contrario, el que ora y no se cuida de dominar su carne tendrá que oír: ¿Por qué me invocáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? O aquello otro: Si uno cierra los oídos a la ley, hasta su oración será aborrecible. Es, pues, evidente que ambas se complementan, ya que si van separadas se las rechaza.
2. El texto sigue así: Y todos los perfumes de los mercaderes. Al recuerdo y confesión de los pecados, y a la mortificación y oración debe añadirse el fruto de la limosna. Esta es con razón como el polvo, porque se realiza con los bienes terrenos; y es un polvo perfumado porque de ella emana un aroma muy delicado. He aquí por qué el ángel dice a Cornelio, que hacia muchas limosnas: Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta Dios y las tiene presentes. Si las limosnas no exhalaran un aroma agradable no llegarían en modo alguno hasta Dios. 
 O tal vez se diga: todos los perfumes de los mercaderes, para indicar que no sólo los pecados más graves, sino también los leves deben ser triturados en la confesión y lavados con la compunción. Y baste esto sobre el primer brote. 
3.El segundo es la vida de continencia, tal como se practica en el claustro o en la soledad. Aquí no se menciona el desierto, el humo o la penitencia, sino el resplandor de la luz y de la virtud. Las voces angélicas lo ensalzan así: ¿Quién es esa que se asoma como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, terrible como escuadrón a banderas desplegadas? Estas palabras nos indican sus tres virtudes pecualiares: la humildad, la castidad y la caridad.
 La aurora, en efecto, es el fin de la noche y el comienzo del día. La noche indica la vida del pecador, y la luz, la del justo. La aurora que disipa las tinieblas y anuncia el día significa muy bien la humildad, porque si aquella separa el día de la noche, ésta hace lo mismo entre el justo y el pecador. En realidad es a partir de aquí, de la humildad, de donde se comienza a ser justo y a progresar en la justicia. Por eso se le llama también "alaba que se levanta" porque todo el edificio de las virtudes arranca de la humildad, como de su verdadero cimiento. Y en consecuencia, al querer indicar su humildad se dice: como alba que se levanta.
 La expresión siguiente: hermosa como la luna, pone de relieve la castidad. Se dice que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol, y que cuanto más enfrente está del sol, mayor es la superficie que se ilumina con su resplandor. Lo mismo sucede en las comunidades religiosas o en cualquier alma fiel: si se acerca por la contemplación a las miradas del Sol verdadero, pronto recibirá de esa visión el reflejo de su belleza y la gracia de su castidad. Con este resplandor crecerá y progresará hasta conseguir la perfección, y se podrá decir con toda la verdad lo que sigue:
4. Límpida como el sol. ¿Por qué como el sol? ¿Tal vez porque los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre? ¿Pero de dónde brillarán allí como el sol, sino del resplandor del vestido nupcial? Ese vestido debían recibir los que aún vivían en la tierra y se les dijo: Vosotros permaneced en la ciudad hasta que de lo alto os revistan de fuerza. Quien se cubra con este vestido nupcial -símbolo de la caridad-y lo tenga perfectamente organizado en su vida, será para sus enemigos tan terribles como un ejército en orden de batalla. A los demonios no les importa que tenga otras muchas virtudes, si carece de la caridad. Pero cuando observan su caridad y la ven dispuesta para el combate, se lanzan desesperados a la fuga.
 También puede aplicarse la imagen límpida como el sol a la perseverancia, propia de los elegidos. Y la expresión siguiente: terrible como un ejército en orden de batalla, puede significar la discreción, madre de las virtudes, que aterra y pone en fuga a los demonios y alcanza y conserva las virtudes. Podemos imaginar y decir otras muchas cosas sobre este segundo brote. Baste esto poco que hemos dicho. 
5. El tercer brote se aplica a los predicadores santos, cuya vida y doctrina suscitan ese grito de admiración: ¿quién es ese que sube del desierto, rebosante de delicias y apoyada en su amado? Del primer brote se decía: ¿Quién es esta que sube por el desierto?Y aquí se dice: que sube del desierto. Allí los penitentes sienten cómo se les clavan las espinas al caminar, y los doctores, en cambio, han pisoteado ya con su grandeza de espíritu lo que pudieron sacar del mundo. Por eso el texto dice: del desierto.
 Pero debemos averiguar cuáles son esas delicias de que está rebosante, y quién es ese amado o por qué se dice que se apoya en él. No podemos menospreciar lo que los ciudadanos celestiales llaman delicias. Porque sin duda alguna son delicias para la mente y no para el vientre, para el alma y no para el cuerpo, para el espíritu y no para la carne, para la razón y no para la sensualidad, para el hombre interior y no para el exterior. En una palabra, son la efusión desbordante de la gracia espiritual. 
 Dichosa el alma a quien se infunde esa gracia y a quien le preparan con las bendiciones de la suprema dulzura, para ser templo de Dios y oráculo del Espíritu Santo A esa alma nunca le faltarán las riquezas de la salvación, que son la sabiduría y la ciencia, y lo qaue constituye el mejor tesoro de esa salvación, el temor del Señor. Cuando se vea llena y rebosante de esas delicias, aclame al Señor en la asamblea del pueblo y alábelo en el consejo de los ancianos. Lo que oyó al oído en la alcoba pregónelo desde las azoteas, y así rebosará de delicias. Rebosar quiere decir entregarse a la Palabra y a la enseñanza, iluminar con el ejemplo de la vida y ejercer con perseverancia el ministerio espiritual.
6. Pero es necesario que en todo esto no busque su propia gloria, sino la de su Creador. Porque él es su amado y de él dice la Escritura: Yo para mi amado y mi amado para mí. Y el Padre añade: Este es mi Hijo amado, oídle. En él hay que apoyarse, es decir, atribuir todas las obras al auxilio de su gracia, porque él es el origen, la causa eficaz y la meta de todo. Este mismo amado que instruye al hombre nos hará comprender por qué debemos apoyarnos en él. Recordad qué dijo a sus discípulos cuando los llenaba de sus dones: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; si un sarmiento no está unido a la vid, no puede dar fruto; así tampoco vosotros, si no estáis unidos a mi. Y aquello otro: Sin mi no podéis hacer nada. Es decir, "si queréis estar llenos de delicias, apoyaos en mi".
 Pero veamos cómo se apoyan y rebosan estos hombres. Escojamos a uno de ellos, al predicador más famoso. Vamos, tú, Pablo, desborda tus delicias. Cuando predicabas el Evangelio desde Jerusalén y sus alredeadores hasta Iliria; cuando ofrecías gratuitamente la buena noticia; cuando distribuías, cual fiel administrador, los tesoros celestes y el misterio de la fe a griegos y extranjeros, a instruidos e ignorantes; cuando manifestabas abiertamente en tu cuerpo el suplicio de la cruz; entre los numerosos y admirables prodigios que realizaste y nos es imposible enumerar, te atreviste a decir con plena seguridad y sin arrogancia, apues te tenías por el más insignificante de los apóstoles: La gracia de Dios no ha sido estéril en mi, sino que he trabajado más que todos ellos. 
 Qué delicias tan magníficas, por no decir tan deliciosas. Pero no las pierdas, y para ello apóyate en tu amado y di: Pero no soy yo, sino la gracia de Dios conmigo. Y ahora vuelve a desbordarte, porque realmente esas lelicias son exquisitas. Repitemos: Soy capaz de todo, y vuelve a apoyarte bien: Con aquel que me robustece. Y al final concluye: Quien presume, que presuma del Señor, es decir, el que desborda de delicias apóyese en su amado. 
7. Con la ayuda del Señor he dicho esto sobre los tres brotes y su aplicación a las tres clases de hombres que viven ahora en la Iglesia, y que el profeta Ezequiel identifica con Noé, Daniel y Job. Lo que no obstga que las podamos encontrar en cada hombre que tiende a la perfección. En éstos el primer brote es la penitencia, el segundo la honestidad, y la enseñanza el tercero. Primeramente se convierten y hacen penitencia; después practican la justicia con su vida honesta; y en tercer lugar, y tras un largo progreso, comunican con su palabra la honestidad de la vida.
 Pero el vicio acecha siempre a la virtud y está muy ceraca de ella para cazar en sus trampas a los qaue se desvían. Por eso conviene que la penitencia esté liberada de todo pudor, y no se ruborice confesar los pecados cometidos; la honestidad evite toda simulación, y la autoridad rechace el orgullo. Porque cuanto mayores son las gracias mayores son los riesgos. 
RESUMEN
El profeta Ezequiel identifica tres tipos de hombres que viven en la Iglesia. Podemos denominarlos como tres brotes e identificarlos cada uno con un personaje bíblico. 
-Primer Brote: lo identificamos con Noé. Los casados que hacen penitencia en el mundo.
La penitencia es como humo que sale por múltiples orificios. Debe ir acompañada la oración del cambio de actitud y hechos palpables. Una sin otra carecen de sentido. Cambiar de actitud sin orar es pura soberbia. La oración sin hechos es un acto absurdo. Igualmente debe ir acompañada de la limosna. 
-Segundo Brote: lo identificamos con el profeta Daniel. Se caracteriza por la luz y la virtud; es la vida de continencia basada en la humildad y la castidad. Podemos comparar a la humildad como la línea que separa la noche y el día. Sobre ella se sustentan las demás virtudes. La castidad es como la luz que producida por el sol, es reflejada por la luna. Está lleno de caridad, perseverancia y discreción. 
-Tercer Brote: lo identificamos con Job. Son los predicadores que ya han atravesado las penalidades del desierto y nos transmiten su mensaje. Pero han de hacerlo olvidando toda vanagloria, sintiéndose unidos al Señor y que todo lo hacen por y par Él.
-Pero en realidad las tres fases pueden darse en cada uno de nosotros. La penitencia continua, liberada de todo pudor nos ayudará para no caer fácilmente en la prepotencia. 

BIBLIOGRAFÍA

Obras Completas de San Bernardo. Tomo VI. Sermones varios. Madrid 1988. Editorial Católica. Biblioteca de Autores Cristianos.

domingo, 21 de febrero de 2016

TRES SECRETOS


Purifícame, Señor, de mis pecados secretos y perdona a tu siervo los ajenos. Estos pecados secretos son tres: el acto ilícito, la intención falsa y el afecto impuro. La obra mala mancha la memoria; la intención falsa, la razón o la mente; y el afecto impuro, la voluntad. La memoria se purifica con la confesión, la mente con la lectura, y el afecto o voluntad con la oración. 
  Estarás limpio de los ajenos si no insultas, si no te alejas, si no consientes y si no disimulas. La justicia exige no consentir y resistir con firmeza; la fortaleza, no abandonarte y tolerar con paciencia los defectos del prójimo; la templanza, no insultarle y compadecerse de él con mansedumbre; y la prudencia nos pide no disimular, sino procurar con todo empeño que desaparezca el mal. 

RESUMEN
Acto ilícito............Mancha la memoria................Confesión

Intención falsa......Afecta a la razón.....................Lectura

Afecto impuro......Afecta a la voluntad................Oración