EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

sábado, 7 de julio de 2018

LAS CUATRO FUENTES QUE MANAN DEL PARAÍSO TERRENAL


 El alma fiel tiene su paraíso, pero espiritual y no terreno; y por eso mismo mucho más deleitable y escondido que el primero. Aquí el alma goza más que con todas las riquezas. De este paraíso brotan cuatro fuentes: la verdad, la caridad, la fuerza y la sabiduría. Estas fuentes ofrecen un agua medicinal al alma enferma. Las enfermedades que aquejan al alma son cuatro vicios: el temor, la concupiscencia, la maldad propia y la ignorancia. Cuando la vence el temor cae forzada en el vicio; el ímpetu de la concupiscencia la empuja al mal, la maldad propia la lleva voluntariamente al vicio, y la seducción del error la hace deslizarse en el mal. 
 A las almas aquejadas y angustiadas por estas enfermedades el Profeta les da este consuelo: Sacaréis agua con gozo de las fuentes del Salvador. Contra la pusilanimidad, consecuencia del vicio del temor, el agua de los acuxilios que se toma en la fuente de la fortaleza. Contra la concupiscencia del placer terreno, el agua de los deseos en la fuente de la caridad. Contra la malicia de la maldad voluntaria, el agua de los juicios en la fuente de la verdad. Contra el error de la ignorancia, el agua de los consejos en la fuente de la sabiduría.
 Y todo esto se hará con gozo, pues lo que antes gemía bajo el peso de los vicios ahora se goza con la adquisición de las virtudes. En las aguas de los consejos consigue la prudencia, en el agua de los auxilios la fortaaleza, en el agua de los deseos la templanza, y en el agua de los juicios la justicia. Y de este modo, en la contrariedad vence la pusilanimidad con la fortaleza, en la prosperidad refrena la ligereza con la templanza, en la actividad excluye la maldad con la justicia, y en los momentos de duda la prudencia instruye su ignorancia. 
 Reanimada con estas aguas y ataviada con semejantes virtudes, dilátese y comprenda con todos los consagrados lo que es anchura y largura, altura y profundidad. Estas cuatro dimensiones de Dios se pueden abrazar con dos brazos: el amor y temor verdaderos. El temor abraza la altura y profundidad, es decir, el poder y la sabiduría; y el amor la anchura y largura, la caridad y la verdad. Si se teme a Cios es porque todo lo puede con su poder, y ese temor es auténtico si se cree que nada está oculto a su sabiduría. Si se ama a Dios es porque es el Amor, y ese amor es sincero porque es la verdad o la eternidad.
RESUMEN
Enfermedades: temor, concupiscencia, maldad propia, ignorancia.
Consuelos de las aguas del Paraíso: fortaleza (contra la pusilanimidad), caridad (contra la concupiscencia), verdad (contra la malicia), sabiduría (contra la ignorancia).
Hay dos brazos: temor y amor.
Dimensiones de Dios: alura, largura, anchura y profundidad.
El temor abraza el poder y la sabiduría. Altura y profundidad de Dios. 
El amor la caridad y la verdad. Anchura y largura. 

viernes, 11 de mayo de 2018

LA DOBLE MUERTE Y RESURRECCIÓN


 Si habéis resucitado con Cristo, buscad lo de arriba. Existen dos muertes y otras dos resurrecciones. La primera muerte es la del alma, y la segunda la del cuerpo. La muerte del alma consiste en separarse de Dios, y la corporal en su separación del alma. Esta última es obra del pecado, y la anterior es la pena del pecado.
 Siguiendo el esquema, la primera resurrección es del alma, y la segunda la del cuerpo. La resurrección del alma es fruto de la venida humilde y oculta de Cristo; la del cuerpo se realizará con la venida gloriosa y manifiesta de Cristo.
 Pero el alma invisible ha sido creada a imagen de Dios, como lo dice la Escritura: Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza. Y lo creó recto. Por eso también el hombre exterior -el cuerpo- aparece recto en su forma, posee la vida y sentidos, para que a través del hombre exterior e visible conozcamos al interior e invisible, que también es recto en su voluntad, vive por su conocimiento y tiene la sensibilidad del amor. Y así como el cuerpo u hombre exterior recibirá en la resurrección vida y capacidad de sentir, también el alma u hombre interior recibirá en la resurrección vida y sensibilidad, es decir, conocimiento y amor. 
 La Verdad nos atestigua que el conocimiento es auténtica vida: Esta es la vida eterna, conocerte a ti como único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo. Y que el amor es la sensibilidad del alma lo podemos deducir así: el hombre exterior no hace distinciones en su vida, porque vive del mismo modo en todo el cuerpo; pero por su facultad de sentir se diferencia en cinco aspectos bien conocidos, que son la vista, el gusto, el oído, el olfato y el tacto. Siente de una manera muy distinta en el ojo que en el oído y en los demás sentidos. Pues el hombre interior tampoco hace distinciones en su capacidad de conocer, sino en la de amar. 
 Y así como el exterior se divide en cinco sentidos, también el interior se siente afectadopor cinco atributos invisibles de Dios, que son la verdad, la justicia, la sabiduría, la caridad y la eternidad. Su sensibilidad siente de un modo muy concreto la verdad, que ama porque le da libertad; la justicia también le atrae, y la ama por la igualdad que engendra; a la sabiduría la ama por su suavidad; a la caridad por su fuerza y a la eternidad porque le infunde seguridad. 

RESUMEN

Hay un hombre exterior con sus cinco sentidos: oído, vista, tacto, olfato, gusto. Son formas de conocer
Hay un hombre interior (alma) con cinco atributos, que son formas de amar.
-La verdad. Ocasiona libertad.
-La justicia: engendra igualdad.
-La sabiduría. Produce suavidad.
-La caridad: nos da fuerza.
-La eternidad: nos infunde seguridad. 
Hay dos resurrecciones:
-La del hombre exterior que se producirá al final de los tiempos.
-La del hombre interior que se produce de una forma oculta y humilde en cada uno de nosotros. 

jueves, 19 de abril de 2018

CÓMO ORAR A DIOS


 1. Como un enfermo ante el médico, así debe actuar el pecador con su Creador. Sí, el pecador debe orar a Dios como el enfermo al médico. Hay dos obstáculos para la oración del pecador: la falta de luz o el exceso. Está a oscuras quien no ve ni reconoce sus pecados. Y está ofuscado por exceso de luz, quien ve tanto pecado que desespera del perdón. Ninguno de ellos puede orar. ¿Qué hacer entonces? Atenuar la luz para que el pecador vea y confiese sus pecados, y así podrá orar y suplicar el perdón. 
 La primera oración debe hacerla con sentimientos de pudor. Esto implica que el pecador no se atreve a acercarse directamente a Dios y busca un santo varón, un pobre de espíritu que sea como la orla del manto del Señor, y por ella le sea posible el acceso a él. El modelo de esta oración nos lo ofrece aquella mujer del Evangelio que sufría flujos de sangre y por el deseo de curarse se acercó pensando en su interior: Con sólo tocar la orla de su manto me curaré. 
 La segunda manera de orar se caracteriza por la pureza de afectos: el pecador se acerca directamente a Dios y es él mismo quien se confiesa. De esta oración nos dio ejemplo aquella pecadora que regó los pies del Señor con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos. De ella dijo el Señor: Se les perdonan sus muchos pecados porque ha amado mucho.
 La tercera oración se expresa con un afecto más dilatado. Se ora por sí mismo, y también por los demás. Así oraron los Apóstoles intercediendo en favor de la mujer cananea que suplicaga la curación de su hija: Atiéndela, que viene detrás gritando.
 La cuarta oración se expresa con afectos de fervor que brotan de la pureza de corazón, libre de temor y en total espíritu de gratitud. Esta fue la oración del Señor al resucitar del sepulcro a Lázaro, muerto hcía cuatro días: Te doy gracias Padre, porque siempre me escuchas. Y esa misma oración nos recomienda hacer frecuentemente el Apóstol: Orad constantemente; dad gracias en toda circunstancia. 
 A estas cuatro maneras de oración que hemos indicado: la pudorosa, la pura, la universal y la ferviente, el Apóstol les da otros nombres y nos estimula a practicarlas con estas palabras: Lo primero que recomiendo es que se tengan súplicas y oraciones, peticiones y acciones de gracias. Las súplicas se hacen con sentimientos de pudor, las oraciones con un afecto puro, las peticiones con un corazón generoso, y la acción de gracias por el impulso del fervor. 
2. Después de indicar diversos modos de oración, añadamos algo sobre la pureza con que debemos orar. En este aspecto creo que se requieren tres condiciones que deben impregnar profundamente la intención del que ora. El orante, en efecto, debe tener en cuenta qué pide, a quién se lo pide y quién lo pide.
 El objeto de la petición implica dos cosas: pedir lo que Dios aprueba y desearlo con todo el ardor del espíritu Y en ese sentido no es conforme a la voluntad de Dios pedir que muera el enemigo, sea herido o humillado, pues él mismo nos da este precepto: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, y rezad por los que os persiguen y calumnian. Ama a tu prójimo como a ti mismo. En cambio, cuando se pide el perdón de los pecados, la gracia del Espíritu Santo, la virtud o la sabiduría, la fe, la verdad, justicia, humildad, paciencia, mansedumbre u otros carismas espirituales, y sólo se desea eso con todo el ardor del corazón, esa oración es conforme a Dios y merece ser atendida. De semejantes estilos de oración dice el Señor por Isaías: Antes que me llamen yo les responderé; aún estarán hablando y les habré escuchado.
 Existen otras cosas que nos hacen falta y que Dios las concede si se las pedimos; y pueden ser conformes o no al querer divino, según el fin al que se ordenan. Me refiero a la salud corporal, el dinero y la abundancia de bienes terrenos; proceden de Dios, pero no hay que darles demasiada importancia ni poseerlas con ansiedad. 
 El que pide debe considerar en Dios estos dos aspectos: su bondad y su majestad. Por su bondad quiere dar gratuitamente, y por su majestad puede conceder cuanto se le pida. Y también el mismo que suplica debe insistir en estos dos puntos: esté convaencido de que no recibirá nada por sus propios méritos, y confíe recibir de la misericordia divina todo cuanto pide. 
 Cuando se dan estas tres condiciones y tal como las hemos explicado, entonces se puede hablar de un corazón puro. Y quien ora con esta pureza e intención de corazón crea que será escuchado. Lo atestigua el apóstol Pedro: Dios no hace distinciones, sino que acepta al que le es fiel y obra rectamente. 

RESUMEN

Obstáculos para la oración:

1. Falta de luz: quien no reconoce sus pecados.
2. Exceso de luz: quien cae en la desesperación.

Modos de oración:

1. Pudorosa: busca acercarse a través de una persona piadosa. Son las súplicas. 
2. Pura: se acerca directamente a orar. Son las oraciones. 
3. Universal: se ora por sí mismo y por los demás. Son las peticiones. 
4. Ferviente: brota directamente del corazón. Es la acción de gracias. 

Se requieren tres condiciones:

1. Qué pide: nunca el mal ajeno, sino poseer virtudes. Las cosas     materiales no son muy importantes. 
2. A quién lo pide: a un Dios dotado de bondad y majestad. Nos      escucha antes de hablar. 
3. Quién lo pide: alguien que nunca conseguirá nada por sus           propios méritos. 





sábado, 17 de marzo de 2018

LA TRIPLE SITUACIÓN DEL ALMA

1. El alma pasa por tres situaciones distintas: está en el cuerpo, sin el cuerpo, y nuevamente en el cuerpo. La primera se le concede para hacer penitencia, y las otras dos para recibir el descanso o la pena, según que haya practicado el bien o el mal mientras estaba en el cuerpo. 
 Para hacer penitencia se requieren tres cosas: tiempo, el cuerpo y el lugar. El Apóstol habla así sobre la necesidad del tiempo: He aquí el tiempo propicio, he aquí los días de la salvación. Y sobre el cuerpo dice también: Todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo, y cada uno recibirá lo suyo, bueno o malo, según se haya portado mientras tenía este cuerpo. En cuanto al lugar, se expresa así la Escritura: Si el que manda se enfurece contra ti, tú no dejes tu lugar. 
 El tiempo presenta tres dimensiones: el pasado, el presente y el futuro. El que se entrega verdaderamente a la penitencia no pierde ninguno de llos, porque el pasado que tenía perdido lo recupera repasando todos sus años en la margura de su alma; posee el presente por la práctica de las buenas obras; y el futuro perseverando en los buenos propósitos. El Apóstol habla así del pasado: Rescatemos el tiempo, pues corren días malos. Y nos exhorta también a llenar el presente: Mientras tenemos ocasión, trabajemos por el bien de todos, especialmente el de la familia de la fe. El Señor, por su parte, nos da este consejo sobre el futuro: Todos os odiarán por causa mía; pero quien resista hasta el final se salvará.
2.También el cuerpo es necesario para hacer penitencia; porque con él podemos soportar los males y practicar el bien: sufrir por los pecados cometidos y obrar para conseguir los premios de la vida eterna. ¿Cómo puede hacer frutos dignos de penitencia quien carece de cuerpo? Además conviene advertir que la penitencia que se realiza con el cuerpo es breve y suave. Breve porque se acaba con la muerte del cuerpo, y suave porque con la compañía del cuerpo se soporta más fácilmente. No hay duda que sería mucho más pesada si la sufriera sola el alma. Pero al compartir esa carga el cuerpo, cuanto más peso asume éste, más descargada se siente el alma. 
 Igualmente parece útil y necesario el lugar, que no es otro sino la Iglesia del tiempo presente. Quien descuida hacer verdadera penitencia en ella mientras vive en el cuerpo, se verá privado de los remedios de la salvación en el futuro.

RESUMEN
El cuerpo es el lugar adecuado para la evolución espiritual. Su temporalidad hace que el dolor sea pasajero, por lo que suaviza la penitencia. A su vez, la penitencia nos hace recobrar el pasado, vivir el presente y afrontar el futuro. Es una forma de detener el efímero paso del tiempo. 




sábado, 24 de febrero de 2018

LAS LÁMPARAS DE LAS VÍRGENES DEL EVANGELIO


Hermanos, evitemos vivir ahora engañados por el brillo inútil de nuestras vasijas, y no tener que lamentarnos más tarde de que se nos apagan los candiles. Yo creo que esos candiles que se apagaban nunca habían ardido de verdad. El texto dice así: El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que cogieron sus candiles. Dice "cogieron", y no encendieron. ¿Cómo van a encenderlos si se dejaron el aceite? Si faltaba el combustible, ¿cómo iba a existir el fuego?
 Sin embargo, me dirás, la castidad brilla por sí misma. De acuerdo: pero si la antorcha es mucho más brillante cuando arde que cuando está apagada, también es mucho más hermosa la estirpe casta y llena de amor. En las vírgenes necias brilla cierta gracia natural y un encanto innato, la moderación hacia el placer, la paciencia en la adversidad, la honestidad de vida, la prudencia en el hablar, la limosna y las demás obras buenas. Pero no resplandecían por la fuerza del fuego, sino por la trasparencia del cristal, comprendieron que sus lámparas se estaban apagando y que su claridad quedaría totalmente anulada por la luz eterna. 

Nota: 

"Sucederá entonces con el reino de los cielos como lo que sucedió en una boda: diez muchachas tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran despreocupadas y cinco previsoras. Las despreocupadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; en cambio, las previsoras llevaron sus botellas de aceite, además de sus lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les dio sueño a todas, y por fin se durmieron. Cerca de la medianoche, se oyó gritar: “¡Ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!” Todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas. Entonces las cinco despreocupadas dijeron a las cinco previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.” Pero las muchachas previsoras contestaron: “No, porque así no alcanzará ni para nosotras ni para ustedes. Más vale que vayan a donde lo venden, y compren para ustedes mismas.” Pero mientras aquellas cinco muchachas fueron a comprar aceite, llegó el novio, y las que habían sido previsoras entraron con él en la boda, y se cerró la puerta. Después llegaron las otras muchachas, diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!” Pero él les contestó: “Les aseguro que no las conozco.” "Manténganse ustedes despiertos —añadió Jesús—, porque no saben ni el día ni la hora.
Mateo 25:1-13 (DHH)

RESUMEN

 Las "vírgenes necias" no lo son tanto, pues comprenden cómo se apaga el fuego de la vida, la superficialidad del cristal y lo fundamental en el aceite. No actúan con previsión e inteligencia pero sí saben captar la propia fugacidad de la existencia.