EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

viernes, 10 de enero de 2020

LOS CUATRO GRADOS DE LA VOLUNTAD BUENA




  1. La Palabra de Dios debe producir dos frutos: sanar las almas viciosas y alentar a las buenas. Al decir viciosas no me refiero a todas las que tienen vicios, sino a las que consienten voluntariamente en él y no resisten lo que pueden. A estas les dice la Verdad en el Evangelio: Ponte de acuerdo con tu adversario mientras vais de camino, etc. No dice con el vicio sino con “tu adversario”. Este adversario es la Palabra de Dios, enemigo implacable de los vicios. Llegar a un acuerdo con él significa confesar lo mismo que el Profeta: Tengo siempre presente mi pecado.
    Para mi las almas buenas no son únicamente las perfectas, sino también las incipientes; tienen vicios, pero luchan y no consienten en ellos. Caen muchas veces por debilidad e ignorancia, como lo dice la Escritura: El justo cae siete veces; pero se levanta de nuevo porque tiene una voluntad buena.
    Aquí está la raíz de un alma buena. Puede poseer muchos otros bienes innatos, como un buen carácter, una memoria feliz, una inteligencia despierta y otros semejantes; pero únicamente la voluntad buena hace buena el alma; y si la voluntad es viciosa, también lo es el alma. Pero afirma muy bien Job que el hombre no permanece nunca en una misma situación: lo mismo retrocede que avanza. Por eso deb progresar en esta voluntad que es aquel camino del Profeta: He aquí el camino, seguidlo. Y en un salmo leemos: Dichosos los que encuentran en ti su fuerza y se deciden de corazón a subir en este valle de lágrimas. El corazón quiere decir la voluntad.
  2. La primera etapa de este camino es una voluntad recta, la segunda una voluntad vigorosa, la tercera una voluntad ferviente y la cuarta una voluntad plena. En el primer grado el alma consiente con su inteligencia a la ley de Dios, pero la carne se rebela y no es capaz de realizar el bien que quiere, sino que hace por su debilidad el mal que detesta. A pesar de ello la voluntad permanece recta; porque de acuerdo con su opositor aborrece en sí misma lo que él reprueba.
    En el segundo no sólo no hace el mal que aborrece, sino que -con dificultad pero con fortaleza-realiza el bien que desea. Y dice como el Profeta: por ser fiel a tus palabras me he mantenido en los caminos duros. En el tercero corre por los caminos de los mandatos de Dios con el corazón dilatado y disfruta en ellos más que con todas las riquezas. Tiene la piel bañada con el óleo de la gracia espiritual y sabe que Dios ama al que da con alegría; por eso se entrega con gozo radiante a cualquier obra buena y grita con el profeta David: Corro por el camino de los mandamientos porque me has ensanchado el corazón.
    En el cuarto grado se encuentran los ángeles, que tienen idéntica facilidad para querer el bien y realizarlo perfectamente. El alma quiere aspirar a ello, pero no puede alcanzarlo mientras vive en el cuerpo, porque éste le sirve de lastre.
    El que no tiene una voluntad recta, es porque se lo impide la intención carnal. Si la tiene recta, pero no vigorosa, se debe a las malas costumbres. Si la tiene ferviente, pero no total, es porque vive aún en el cuerpo. Cuando la voluntad es viciosa se debe orar así: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. La tierra aquí es él mismo y el cielo el que tiene una voluntad recta, porque tanto dista el cielo de la tierra como la voluntad recta de la viciosa.
    La misma oración debe hacer quien tiene una voluntad recta pero débil, viéndose a si mismo como tierra y al de voluntad vigorosa como cielo. Y lo mismo hay que decir de las otras, para que el alma avance sin cesar. Porque si se condena al que se obstina en una voluntad viciosa, también es reprensible al que no se esfuerza por superarse en los otros grados.

RESUMEN

En nuestro avance espiritual primero es necesario tener plena conciencia de nuestra situación alejada de la virtud. Después debemos tener presente que existen cuatro grados: una voluntad recta, l una voluntad vigorosa, una voluntad ferviente y una voluntad plena. En el primero se es incapaz de evitar hacer el mal. En el segund, no sólo evitamos el mal sino que hacemos el bien. En el tercero buscamos el bien con el corazón lleno de alegría. En el cuarto nos estorba hasta la propia realidad física. En cualquiera de las etapas a nuestra situación actual le llamamos “tierra” y a la situación que aspiramos le llamamos “cielo”.

sábado, 4 de enero de 2020

CUATRO DEUDAS


1.Hermanos, estáis en el camino que conduce a la vida; en el camino directo y despejado que lleva a la ciudad santa de Jerusalén, la libre, la de arriba, nuestra madre. Sí, el ascenso es arduo pues es un camino de alta montaña, pero es el más corto y ello templa y ahorra mucho esfuerzo. Vosotros camináis y corréis por ese camino con admirable facilidad y radiante felicidad; vais libres, ágiles y sin macutos a la espalda. Pero no todos vais así; algunos arrastran su equipaje en carros tirados por cuatro caballos, e intentan escalar girando en torno a la montaña; y casi siempre caen al precipicio o no llegan a la cumbre.
Dichosos vosotros que habéis abandonado vuestras personas y posesiones, sin quedaros con nada; camináis por la cresta misma de la sierra hacia aquel que avanza por el occidente y su nombre es el Señor. Pero aquellos que salieron de Egipto y suspiran apasionados por las pequeñeces de Egipto, no encuentran el camino de la ciudad habitada. Agobiados del terrible fardo de sus propias voluntades, caen oprimidos por el peso o junto a él, y casi nunca llegan al destino de su carrera.
2.Hay algo en vuestras vidas -y lo digo alabando al que nos concede gratuitamente todo esto- que no sea una imagen de la vida apostólica?Ellos lo dejaron todo y, reunidos en la escuela del Salvador y bajo su presencia, sacaron agua con gozo de la fuente del Salvador y bebieron el agua fresca de la vida en su misma fuente. Dichosos los ojos que lo vieron. ¿Pero no habéis hecho vosotros algo semejante?Y esto a pesar de no sentirle presente, sino ausente, ni movidos por sus propias palabras, sino por las de sus mensajeros.
Sed celosos de este privilegio: ellos creyeron porque le vieron y escucharon sus palabras; vosotros, en cambio, por lo que oís a través de sus mensajeros. Manteneos así, carísimos, fieles al Señor; ellos perseveraron en el camino real a pesar del hambre y la sed, el frío y la desnudez, las fatigas, ayunos, vigilias y demás exigencias de la justicia; lo mismo vosotros: aunque no tengáis sus méritos, creed que sois semejantes en cierto modo a ellos por ciertas observancias. Y un día podréis decir al Señor vuestro Dios cuando lleguéis ante su trono: Estamos gozosos por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas.
Os aseguro que estáis en la verdad, en el camino verdadero y santo que conduce al Santo de los santos. Mentiría -y lo digo para satisfacción vuestra- si negara que de mis manos pecadoras han volado a los gozos celestiales almas de monjes, novicios y conversos, libres y liberados de la cárcel mortal. Si queréis pruebas, sabed que yo he comprobado signos evidentes.
3.No tengo, pues, temor alguno de vosotros ni sobre vosotros, por los ataques de Satanás y sus ministros: estoy convencido de que su poderío ha quedado destrozado y aniquilado por las llagas del Redentor. Con su espíritu de fortaleza el más fuerte derrotó al fuerte, y destrozó las puertas de bronce y los cerrojos de hierro. Pero sí que temo las trampas y astucias que urde contra vosotros. Por su capacidad natural y la experiencia de tantos milenios conoce perfectamente la fragilidad natural del hombre.
Por eso ese homicida insaciable no envió a nuestros primeros padres osos, leones u otra especie de animales salvajes, sino a la huidiza y astuta serpiente: con la flexibilidad de su cuerpo lo mismo se cubre la cabeza con la cola, que ésta con aquella. Dice la Escritura que la serpiente era el más astuto -no el más fuerte-de todos los animales de la tierra. Y por eso lanzó una pregunta para sondear la mente de la mujer; sabía muy bien que no debía utilizar la fuerza, sino la astucia. Escuchadle: ¿con que Dios os ha dicho que no comáis del árbol de la ciencia del bien y del mal?Y le respondió ella: porque tal vez moriremos. El Señor había sido más categórico: El día que comáis de él moriréis; pero ella lo da como posible: tal vez muramos si comemos de él. Y fíjate en la sagacidad y malicia de la serpiente: ¡Nada de morir!Dios lo afirma, la mujer lo pone en duda, y Satán lo niega. De ahí viene mi temor: si la serpiente sedujo a Eva por la astucia,también vuestros sentidos pueden perder la castidad que tenéis en Cristo Jesús.
4.Imaginad que a alguno de vosotros le sugiere ese pensamiento: “¿conqué os mandó Dios cumplir estas reglas?”Y adaptándose a la vitalidad espiritual de cada uno, al tibio le inspira flojedad y al fervoroso una vida más exigente. Pero siempre con el único deseo y finalidad de apartarlos de la compañía de los justos y de la comunidad. El espíritu que así te aconseja es el espíritu de la de mentira, un espíritu muy fuerte y celoso de la dignidad que posees. El sabio conoce todo esto y afirma: Si el espíritu que tiene el poder se levanta contra ti, tú no dejes tu puesto.
Es imposible que el espíritu de la verdad, que te ha traído aquí, te quiera hacer marchar. En su boca no existe el sí y el no; sino unicamente el sí. Lo atestigua la autoridad indiscutible del Apóstol: Nadie puede decir “anatema Jesús” impulsado por el Espíritu de Dios. Jesús significa Salvador o salvación, y anatema, separación. Por lo mismo quien te sugiere alejarte de la salvación no es el Espíritu de Dios, ni viene de Dios; el Espíritu Santo sólo sabe reunir y no separar: él reúne sin cesar en su tierra a los dispersos de Israel.
5.¿Entonces qué? ¿Busca alguien otra vida más austera? Os aseguro que ésta es la más rigurosa, y si eres sincero verás que corresponde plenamente y en la medida de lo posible a aquella primitiva escuela del Salvador. ¿O es que planeas descender a una vida más confortable?¡Si comprendieras cuántas deudas y acreedores tienes!Verás que lo que haces no es nada, y que es ridículo compararlo con tus deudas.
¿Quieres saber cuánto debes y a quienes?En primer lugar a Cristo Jesús le debes toda tu vida, porque él entregó su vida por la tuya y soportó atroces dolores para librarte de los eternos. ¿Se te hará a ti algo dudo y cruel si recuerdas que él era de condición divina, que vive eternamente, que fue engendrado entre esplendores sagrados antes que el lucero matinal y que es el reflejo y la impronta de Dios? Y vino a tu cárcel, a tu barrio y se hundió hasta el cuello -como suele decirse-en el cieno profundo.
Todo te parecerá suave si reúnes las amarguras de tu Señor y recuerdas, en primer lugar, sus necesidades de la infancia; después, sus esfuerzos en la predicación, sus cansancios en las caminatas, sus tentaciones en los ayunos, sus vigilias en oración, sus lágrimas de conmiseración y las asechanzas cuando hablaba; y finalmente, los peligros por los falsos hermanos, las afrentas, salivazos, bofetadas, azotes, burlas, desprecios, insultos, clavos y otras cosas semejantes. Todo lo que hizo y sufrió en este mundo durante treinta y tres años para nuestra salvación.
¡Qué misericordia tan inmerecida!¡Qué amor tan gratuito y fiel!¡Qué compasión tan increíble!¡Qué dulzura tan admirable!¡Qué mansedumbre tan invicta!¡El Rey de la gloria muere en cruz por el siervo más despreciable, por un simple gusano!¿Quién ha oído tal cosa o quién ha visto algo semejante? Con dificultad se deja uno matar por un justo. Y él murió por los enemigos y los injustos; se desterró del cielo para llevarnos a nosotros allí; es el amigo tierno, el consejero prudente, el apoyo seguro.
6.¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?Aunque disfrutara de la vida de todos los hombres, y viviera todos los siglos de la historia, y realizara todas las actividades de los hombres de ayer, de hoy y del futuro, todo eso no tiene comparación con ese cuerpo. Atrae las miradas y suscita la admiración de las criaturas más excelsas por su concepción del Espíritu, por su nacimiento de una Virgen, por la pureza perfecta de su vida, la riqueza de su doctrina, el asombro de sus milagros y los misterios que ha revelado.
Ahí lo tienes: como el cielo está muy por encima de la tierra, así su vida supera a la nuestra; y la entregó, a pesar de ello, en favor de nosotros. La nada no puede compararse con lo que es: tampoco nuestra vida tiene proporción alguna con la suya, ya que la suya es la más sublime y la nuestra pura miseria. Y no creas que me entrego a exageraciones oratorias: aquí la lengua humana enmudece y el espíritu es incapaz de intuir el secreto de una gracia como ésta.
Así pues, aunque le entregue cuanto soy y puedo, todo eso sólo sería como una estrella ante el sol, como una gota en el río, una piedra junto al alcázar, o un grano de polvo ante una montaña. Sólo poseo dos cosas muy pequeñas e insignificantes: el cuerpo y el alma; o más bien lo único de que dispongo es la voluntad. ¿Y me negaré a entregarla a cambio de la suya que, siendo tan grande, previno con tal cúmulo de favores a un ser tan insignificante, y para recuperarme íntegramente se entregó sin reserva alguna?Si me lo reservo, ¿con qué semblante, con qué ojos, espíritu y conciencia acudiré a la misericordia entrañable de nuestro Dios? ¿Osaré perforar ese muro inexpugnable que protege a Israel, o apropiarme como rescate las gotas y los ríos de sangre que brotan de las cinco partes de su cuerpo? ¡Generación perversa e hijos degenerados!¿Qué haréis en el día de la ruina que se avecina? ¿A quién acudiréis en busca de auxilio?
7.¿Pero soy únicamente deudor de ése a quien sólo puedo dar tan poca cosa?Mis pecados pasados reclaman que consagre toda mi vida a hacer frutos dignos de penitencia, y repase todos mis años en la amargura de mi alma. ¿Quién es capaz de hacerlo?Mis pecados superan las arenas del mar; son incontables y no merezco mirar al cielo por el cúmulo de mi maldad; provoqué tu ira haciendo el mal entre tus ojos. El mal me envolvió por todas partes, mis culpas me abruman y no veo nada.
¿Cómo voy a enumerar lo que no tiene medida?¿Y qué satisfacción daré cuando se me exija devolver hasta el último céntimo?¿Quién conoce sus pecados?Escuchad a esa flauta celeste que es Ambrosio: “Abundan más las personas que conservan intacta su inocencia, que las que hacen la debida penitencia”. A pesar de ello, por mucho que se arrepienta, se aflija y mortifique es por tu nombre, Señor, y no por los méritos de la penitencia por lo que perdonas mi pecado; pues como dice un justo, es muy grave. Aunque dediques exclusivamente a esto tu vida entera, tu saber, lo que tienes y puedes, ¿crees que te valdría de algo? Acabas de dar tu vida a Cristo a cambio de la suya, y ahora el recuerdo de tus pecados pasados te la vuelve a reclamar. ¿Acaso quieres conseguir dos yernos de una hija, como dice el proverbio?
8.Pero voy a presentarte otro tercer acreedor, que te exige toda tu vida con pleno derecho y rigor. Supongo que deseas pertenecer a aquella ciudad de la que se dice: ¡Qué maravillas cuentan de ti, ciudad de Dios! En ti reside esa gloria que ni ojo vio ni oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado: el reino perpetuo, vivir siempre en una infinita eternidad. Supongo que deseas unirte a los ángeles de Dios en el cielo, ser heredero de Dios y coheredero con Cristo, cantar eternamente el aleluya en las plazas de la Sión celestial, y contemplar cómo entrega Cristo el reino al Padre y a Dios, que es todo para todos; y finalmente, ser semejante a Dios y verle tal cual es.
Creo asimismo que te abrase el deseo de ver cómo caen las sombras y despunta la aurora ante el resplandor de aquel día grandioso, que disipa la niebla del mundo. Un derroche de calor y de luz; el sol quedará inmóvil, las tinieblas disipadas, las marismas saneadas y eliminados todos sus miasmas. ¿No vale la pena adquirir todo esto entregándote tú mismo sin reservas y todo lo que puedas reunir?Mas una vez que lo realices, no pienses que los sufrimientos de este mundo y de tu cuerpo merecen la gloria que se nos manifestará. No seas tan necio y temerario que intentes ofrecer a cuenta de ello lo poco que tienes: ya se lo han disputado la vida de Cristo y la penitencia de tu pecado.
9.¿Y que me dirás si te presento un cuarto acreedor que reivindica su derecho de primacía sobre los tres anteriores?Aquí mismo tienes al que hizo el cielo y la tierra: él es tu Creador, tú su criatura; tú el siervo, él el Señor; él el alfarero, tú la arcilla. Cuanto eres se lo debes a él, que te lo ha dado. A ese Señor que te creó y te colmó de beneficios, te regala la maravilla de los astros, el aire fresco, la madre tierra y los frutos en sazón. Debes servirle con todo el corazón y todas las fuerzas, para evitar que te mire indignado, te desprecie y te aniquile para siempre y por los siglos de los siglos. No te creo tan insensato que te atrevas a mencionar ni a contar tus propias monedas.
Dime, pues, a quién de los cuatro piensas devolver lo que debes: con todos tienes una deuda tan inmensa que cualquiera de ellos podría estrangularte. ¡Señor, me oprimen: sal fiador por mi!A ti te confío lo poco que tengo: págales tu a todos y líbrame de todas las deudas, pues eres Dios y yo hombre, y puedes hacer lo que nos resulta imposible a los humanos. Yo hice lo que pude: Señor, dispénsame, por favor; tus propios ojos han visto qué imperfecto soy.
¿Será posible que alguien siga murmurando y diga: Trabajamos y ayunamos demasiado, o nuestras vigilias son demasiado largas, al ver que no puede pagar ni la milésima parte de sus deudas? Aquí tenéis, hermanos, vuestra auténtica cuaresma: no la exterior, sino la interior; no la corteza, sino la sustancia del sacramento. De hecho, si a cada uno de estos cuatro acreedores le debéis con toda justicia la perfección total del decálogo, es evidente que multiplicando cuatro por diez nos resulta la cuaresma, o sea la observancia que debemos prolongar toda la vida. El que os ha reunido en este santo lugar, conserve vuestra vida en la obra santa; y así, cuando se manifieste el que es vuestra vida, también vosotros os manifestéis gloriosos con él. Amén.

RESUMEN
El camino correcto es dificultoso, en principio, pero lleno de recompensas. Debemos desprendernos, para caminar con prontitud, de cargas materiales y espirituales. De cualquier forma es el único sendero y nuestra respuesta a las cuatro grandes deudas de nuestra existencia. La primera deuda es regalarnos nuestra vida espiritual, siguiendo el sacrificio y ejemplo de Cristo. La segunda el perdón de nuestros pecados. La tercera la observación futura de las maravillas de Dios. La cuarta es tu propia existencia y la de las cosas que percibes a tu alrededor. Esas cuatro deudas nos animan a seguir el camino marcado por las enseñanzas y los apóstoles. Estamos seguros de que este es el único camino para nuestra evolución espiritual.

domingo, 22 de diciembre de 2019

CUATRO CLASES DE HOMBRES QUE POSEEN EL REINO DE DIOS



Ha puesto su morada en la paz. Existe una paz ficticia, como la de Judá; y otra desordenada, como la de Adán y Eva. En ninguna de ellas está Dios. Unicamente en la paz cristiana, esa que el Señor deja y da a sus discípulos, es donde él reposa. Los predicadores santos la ofrecen a todos los hombres: unos la rechazan y otros la adoptan. Nosotros nos sacudimos el polvo de los pies sobre los que odian la paz, y queremos unirnos con los que aman esta paz.
Entre éstos algunos reciben la paz, otros la conservan y otros la construyen. Podemos llamarlos: apaciguados, pacientes y pacíficos. Dichos nombres les corresponden según los distintos grados de paz que han conseguido. Los apaciguados poseen la tierra de su cuerpo, pues son mansos. Los pacientes poseen su alma porque se les dice: Con la paciencia poseeréis vuestras almas. Y los pacíficos poseen su propia alma y la de aquellos en quienes fomentan la paz. Por eso se les llama con toda razón hijos de Dios.
Apaciguados son los que reciben la paz, y de ellos dice la Escritura: Si hay allí un hijo de paz, descansará sobre él vuestra paz. Pero de hecho son apocados y el viento de los escándalos les arrebata fácilmente esa paz que reciben. Los pacientes conservan la paz que reciben, y no la pierden por muchas injurias que les hagan. Por ser más robustos se les ordena: Amad la paz y la santidad de vida, sin lo cual nadie verá al Señor. Y los pacíficos fomentan la paz en sí mismos y en los demás, e incluso aman a quienes intentan arrebatarla; cumplen aquello de la Escritura: Con los que odiaban la paz yo estaba pacífico. En éstos descansa y pone su morada el Señor. A éstos ama Dios como a hijos suyos, y con estas piedras vivas construye su templo de la Sabiduría. Y para que no las derribe de ese edificio ningún choque, el mismo Dios que lo habita y lo construye las talla por los cuatro costados: arriba y abajo, por la derecha y por la izquierda. Por arriba, haciendo que sometan humilde y sabiamente su voluntad a la divina; por abajo, sometiendo su carne y dirigiéndola con moderación; por la derecha, solidarizándose con los buenos como se lo merecen; y por la izquierda, soportando con valentía a los malos.

sábado, 21 de diciembre de 2019

SENTIDO FIGURADO DE LOS DOS PIES DEL SEÑOR Y SIMBOLISMO DE LOS TRES PERFUMES





1.Dos son los pies de Dios: la misericordia y el juicio. Con ellos se acerca y visita continuamente a las almas espirituales, saltando como un héroe en su carrera en busca de aquellos que merecen esta promesa: Habitaré y caminaré con ellos. Estos son los pies que unge en primer lugar el alma pecadora con el perfume de la compunción. Esto hizo María, la pecadora: ungir los pies del Señor. Y no creamos que es un perfume vulgar, pues dice la Escritura que la casa se llenó de la fragancia del perfume. Más aún, su aroma lega hasta el cielo, pues la Verdad en persona nos dice que hay una gran alegría por un solo pecador que hace penitencia.
Sin embargo, por muy valioso que parezca este perfume, resulta muy ordinario y de poco precio comparado con aquel otro que se llama de la devoción, y se elabora recordando los beneficios divinos. Con éste se unge la cabeza del Señor cuando das gracias a Dios por sus dones, porque la cabeza de Cristo es Dios. Siempre que recordamos con alabanzas sus beneficios ungimos la divinidad en Cristo, y al fijarnos en nuestros pecados, más bien que en sus dones, debemos pensar en su humanidad y no en su divinidad.
2.De hecho, al sumir nuestra carne sabemos que se apropió estos dos pies -la misericordia y el juicio-para que el pecador que no tenía acceso a la cabeza o divinidad, pudiera acercarse a sus pies o humanidad. Y ese pie de la misericordia pertenece sin duda alguna al hombre asumido por Cristo, pues de otro modo Pablo no hubiera dicho: Fue probado en todo igual que nosotros, menos en el pecado: para ser misericordioso. Y lo mismo digamos del juicio: pertenece a su humanidad, como lo dice el hombre-Dios hablando de sí mismo: Y le dio poder para juzgar, porque es el Hijo del hombre.
El pecador ya no vacila acercarse a estos dos pies del hombre de dolores y acostumbrado a sufrimientos, y confiesa tranquilamente: ahora nos acercamos confiados al tribunal de la gracia. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades. La pecadora se aproxima a ungir los pies, y el alma justa derrama su perfume sobre la cabeza. Sin embargo, el perfume de la cabeza debemos considerarlo mucho más inapreciable que el derramado en los pies, porque las sustancias con que éste se confecciona son mucho más apreciadas que las del otro. Unas las podemos encontrar con toda facilidad y sin esfuerzo en nuestro país, ya que todos somos pecadores. Las otras, en cambio, son muy difíciles de hallar y vienen importadas de muy lejos, del paraíso de Dios. Los regalos excelentes y los dones perfectos vienen de ambas, del Padre de los astros. ¿Y puede concebirse algo mejor que este perfume, que al verlo como se derramaba, hasta los mismos apóstoles murmuraron: A qué viene este derroche?Podía haberse vendido y dado a los pobres.
3.También ahora ocurre lo mismo: vemos que algunos se entregan exclusivamente a Dios y viven con tal fervor y gratitud, que podemos afirmar que derraman su perfume sobre la cabeza de Cristo; y perseveran fieles en este santo reposo, en la acción de gracias y en el gozo de la contemplación divina. Pero no faltan quienes interpretan esto como un despilfarro, y se quejan -a su juicio con justa murmuración-de que podrían ser útiles a otros muchos y viven tranquilamente sólo para sí mismos. Y no es que envidien su santidad, sino que les interesa más la caridad.
Muchas veces el mismo Dios-Amor sale en defensa de esta alma que ve tan feliz en sus actividades espirituales; sobre todo si observa que todavía es mujer por su apocamiento y fragilidad, y que no ha llegado al estado de hombre adulto. Esto lo discierne mucho mejor el que penetra los corazones, que los hombres, que sólo ven la cara y juzgan por apariencias. Creen éstos que es tan fácil vivir con Dios como realizar un servicio útil, obedecer humildemente como presidir con provecho, dejarse gobernar sin quejas como regir de una manera irreprochable, someterse con gusto como mandar con discreción, convivir con los buenos como con los malos y, sobre todo, ser pacífico entre los hijos de la paz como ser manso entre los que la odian.
Jesús conoce muy bien quiénes son capaces y quiénes no de entregarse a semejantes actividades, y comprende que esa alma tan delicada y tierna no está preparada para tales menesteres. Y por eso se enfrenta enérgicamente contra los que no piensan así y califican de estéril su reposo, llevados de un celo bueno, pero mal entendido ¿Por qué molestáis a esa mujer? Es cierto que lo ideal es eso que vosotros esperáis de ella, pero también es muy bueno lo que está haciendo conmigo. Mientras no sea capaz de algo mejor, dejadla hacer lo que puede. Yo sé que es todavía una mujer. Ya llegará el día en que la diestra del Altísimo la cambiará en varón. A mi no se me ocultará esto cuando suceda, porque soy yo quien la transformo con mi palabra y quien la mantengo así. Entonces la maldad del varón será mejor que la actual bondad de la mjer.
También yo espero que es lo mejor, pero mientras tanto no desprecio esto otro que también es bueno. Y no tengo por despilfarro este perfume que derrama, porque es signo de la entrega de esta mujer y auncio previo de mi sepultura. Más aún, su aroma se esperce de tal manera por todas partes, que donde quiera se proclame este Evangelio se dirá también en su honor lo que ella ha hecho.
4Pasemos ya al tercer perfume. La comparación de los dos anteriores nos hace ver claramente que el segundo es mejor y mucho más excelente que el primero. Lo que nos parece muy extraño es que exista un tercero que supere a estos dos; y sin embargo, la esposa dice con orgullo que sus pechos exhalan el mejor de todos los perfumes. Y para ser el mejor debe superar a otros muy buenos, como estos aventajan a los simplemente buenos.
Recordemos que el segundo perfume, con el que se unge la cabeza, es de tal calidad que no se le puede comparar ni anteponer ninguna riqueza. A pesar de ello yo no tildo de mentirosa a la esposa, pues tiene por esposo a la verdad en persona y es él quien le inspira esto, el infinitamente infalible y veraz. Además, si contradice a la verdad le sería inútil desear y suspirar por los íntimos abrazos de la verdad. ¿Es posible la amistad entre la verdad y la mentira? Todo lo contrario: la verdad aniquila a todos los mentirosos.
5.Si abrimos el Evanelio, tal vez encontremos una imagen de este perfume. Hela aquí: María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. ¿No percibes ya a simple vista el gran valor de este perfume material, cuyos aromas no pueden adquirir una o dos mujeres?El primer perfume lo consiguió una sola mujer, y lo mismo el segundo. En cambio, para este otro son tres las que se unen para adquirirlo y prepararlo, y las tres juntas compran lo que no puede cada una de por sí. Y de este modo van a embalsamar a Jesús. No dice los pies o la cabeza, sino que van a embalsamar a Jesús, es decir, a todo el cuerpo.
Advierte también que Cristo no quiere que se pierda un perfume tan extraordinario; no encuentran el cuerpo y lo vuelven a traer, con la misión de ofrecer al vivo eso que habían preparado para el muerto. Y así lo hicieron, aumenando inmediatamente la alegría de la resurrección y arrancando la tristeza del corazón de los discípulos, que eran sin lugar a dudas los miembros vivos de Cristo. Cristo amaba mucho más a estos miembros que aquel otro cuerpo crucificado, y por eso lo entregó a la cruz.
Es evidente, pues, que este último perfume supera a aquellos otros dos tanto cuanto superó el amor de Cristo por este cuerpo suyo -la Iglesia- al que se lo reserva, al amor que manifestó al otro cuerpo que no quiso fuera ungido y lo entregó para rescatar al primero.


miércoles, 18 de diciembre de 2019

LA LECHE Y LA MIEL




  1. Miel y leche debajo de su lengua. Sí, no pueden faltar; porque lo que está en su lengua hiere al oído. Las sentencias del sabio son como aguijones o como clavos bien clavados en el techo. Otros, en cambio, tienen palabras más delicadas que el aceite; pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza. Prefiero que me corrija y me reprenda el justo, porque lo hace con misericordia, antes que ese otro ungüento, lleno de engaño, perfume mi cabeza. Y dice con mucho acierto que las palabras del consejero adulador, o consejero falso, no son suaves, sino delicadas, porque la suavidad que poseen no es auténtica y sólida, sino superficial y postiza. En realidad son puñales. ¿Y qué hay debajo de la lengua? Nos lo dice el profeta: fatiga y dolor.
    Pues todo es miel y leche debajo de la lengua de aquel que, en frase de ese mismo Profeta, finge al decir que es muy costoso cumplir los preceptos. ¿Te asombras de que la verdad finja algo? Puedes asombrarte, pero no es lícito dudarlo. Si necesitas otro testigo, observa en el Evangelio cómo fingió ir más adelante. ¿No puede tratarnos como de hombre a hombre? El conoce nuestra masa: impaciente para el trabajo, incapaz de esperar y muy frágil para ambas cosas. Por eso proveyó en su bondad que que la piedad tenga una promesa para esta vida y para la futura, y no quiso imponer un verdadero sacrificio en la observancia de los preceptos, sino solamente su apariencia. Escucha cómo declara él mismo que el esfuerzo es ficticio: Cargad mi yugo y encontraréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. ¿No vamos a calificar de ficticio ese esfuerzo, cuando en realidad no existe el trabajo, sino el descanso?
  2. En consecuencia, en su lengua hay esfuerzo y debajo de ella miel. ¿Y qué hay encima de ella? Cosas inefables que el hombre es incapaz de repetir. Qué miserables son los que sólo se fijan en lo que dice su lengua y no perciben lo que está escondido debajo de ella, ni lo que se haya sobre ella! Es un lenguaje insoportable, dicen ellos. Sí, es muy duro; pero no es menos dura la palabra que da vida. Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mi, no puede ser discípulo mío. Si uno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre y hasta a sí mismo, no es digno de mi. ¿Se puede decir algo más duro? No te engañes. Parece una piedra, pero es un pan. Su corteza es dura, pero su interior es pura delicia. El Señor tu Dios quiere probarte. Esta apariencia de esfuerzo tiende a ejercitar la fe y examinar el amor.
    Pero admitamos que es una piedra. ¿No crees tu eso mismo que admiten los demonios: Si eres Hijo de Dios ordena que estas piedras se conviertan en panes?Todos sabemos quién dijo esto. Está convencido de que ese hombre a quien acepta como Hijo de Dios, es capaz de convertir las piedras en panes con una sola palabra, es decir, con lo más fácil que existe. Hasta del mismo enemigo podemos aprender. Digamos, pues, nosotros al Hijo de Dios: “Ordena que estas piedras se conviertan en panes”. Porque el que vino a salvar a los hombres y no a los demonios, con la misma arma con que refutó a sus enemigos instruyó a los pequeñuelos. Pues no dijo lo que esperaba el adversario, sino lo que a nosotros nos convenía escuchar, y de ese modo la piedra de aquel no se convertiría en pan, sino la nuestra. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.
  3. ¿Por qué murmuras tú de esto, enemigo de la verdad? Tú mismo reconoces, y no puedes negarlo, que el Hijo de Dios es capaz de decir a las piedras que se conviertan en panes. Si otro me dice, hablando en general, que la palabra de Dios es vida y de ella vive mi espíritu, ¿por qé cuchicheas sobe alguna de ellas y me dices: este lenguaje es insoportable? Cuanto dijo el Hijo de Dios se ha convertido en manjar de vida, y me vienes tú, que no eres Hijo de Dios, con que son piedras? Cuando digas que el pan se ha convertido en piedra, yo jamás te creeré, porque de la manera más arrogante has pretendido ser igual a Dios. Ya que no eres hijo de Dios, es inútil que digas a los panes que se conviertan en piedras. Ni te molestas en darnos tu piedra en vez de pan, un alacrán en lugar de un huevo, o una culebra en vez de un pescado.
    ¡Ay de aquellos que al pan lo llaman piedra y a la piedra pan, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, y creen que el yugo de Cristo es pesado y que las espinas esconden delicias!Yo no quiro tales delicias y prefiero probar y comprobar qué dulce es el Señor. Hay alquien que intentó experimentarlo – y no en vano- y nos lo recomienda con estas palabras: ¡Qué dulces son a mi paladar tus promesas! ¡Qué bondad tan grande, Señor, escondes para tus fieles!
    ¿Dónde piensa que está escondida? Debajo de la lengua y de su cabeza, pues él mismo nos dice: Su izquierda reposa bajo mi cabeza y con la derecha me abraza. Es cierto que las promesas de ahora están llenas de dulzura y de una inmensa dulzura, una abundancia incalculable y extraordinaria. Pero la plenitud sólo está prometida a la vida futura. Cumpliste, dice el salmista, con los que esperan en ti, a la vista de todos. ¿Qué cumplió? Esta palabra no está en la lengua, sino sobre ella. Por eso ningún oído oyó, ni lengua alguna pronunció lo que Dios tiene reservado para los que le aman. Y esa plenitud no se hará a escondidas, sino a la vista de todos. Y dice con toda exactitud, no que lo cumplirá, sino que ya lo ha realizado con los que confían en él, porque ya estamos salvados por la esperanza.

lunes, 18 de marzo de 2019

LOS NOMBRES DE CRISTO


  1. Se le dará estos nombres: Admirable, Consejero, Dios, Fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. Es admirable en su nacimiento, consejero en su predicación, Dios en sus obras, fuerte en la pasión, Padre perpetuo en la resurrección, y Príncipe de la paz en la bienaventuranza eterna.
    Estos mismos títulos se le pueden aplicar con toda propiedad en la obra de nuestra salvación. Es admirable en la conversión de nuestra voluntad, que es un cambio exclusivo de la diestra del Altísimo. También podemos llamarle consejero en la revelación de su voluntad, cuando nos manifiesta qué deben hacer los conversos. Lo dijo muy bien Pablo recién convertido: Señor, ¿qué quieres que haga?
    Pero los convertidos deben afligirse de los pecados pasados, en cuyo perdón es Dios, porque sólo él puede perdonar los pecados. Por este motivo, cuando nuestro Salvador vivía aquí y perdonaba los pecados, los judíos le acusaban de blasfemo por asumir algo que era exclusivo de Dios. Y en cuarto lugar se le llama fuerte. Como afirma el Apóstol, todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido.
  2. Pero ¿quién soportaría esto si el mismo no nos ayudara? Lo dice David: Si el Señor no me hubiera ayudado, ya estaría yo habitando en el silencio. Cuando nos protege en las tribulaciones y rechaza y aparta de nosotros todas las potencias que llenan el aire, ¿qué otro título podemos darle sino el de fuerte? Con razón dice la Escritura: El Señor es fuerte y valeroso, el Señor es el héroe de la guerra. Y como nuestra conversión y toda nuestra vida debe tener una relación directa a Cristo y no entregarnos a ella por intereses temporales, sino con la única esperanza de los bienes futuros, por eso se le llama en quinto lugar Padre del mundo futuro, es decir, Padre que engendra de nuevo nuevos cuerpos.
    Es cierto que todos resucitaremos, pero no todos seremos transformados. Por eso, para distinguir la transformación de los justos de la resurrección de los malvados, se añade a continuación: Príncipe de la paz. Con ella se obtiene la perfección total y quedan saciados todos los deseos. Esa es la paz que canta jubiloso el Salmista: Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión; que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras.
    La armonía y la eficacia de estos seis nombres la sintetiza de manera sucinta y elegante el ángel, hablando a José: Y le pondrás el nombre de Jesús. Y añade el motivo de tal nombre: Porque él salvará a su pueblo de los pecados.
    RESUMEN
    Los diferentes nombres de Jesús son: Admirable, Consejero, Dios, Fuerte, Padre perpetuo y Príncipe de la Paz. Cada uno de ellos hace hincapié en un aspecto distinto pero en definitiva el nombre de Jesús es el que nos salvará de los pecados.(Sermón 53).

miércoles, 13 de marzo de 2019

LOS TRES BESOS


  1. Que me bese con el beso de su boca. Hay tres clases de besos: el primero es el de los pies, el segundo el de las manos, y el tercero el de la boca. Al convertirnos besamos los pies del Señor. Estos pies son dos: la misericordia y la verdad. Dios los imprime en el corazón de los que se convierten, y el pecador verdaderamente convertido abraza esos dos pies. Porque si recibe sólo la misericordia y no la verdad, caería en la presunción. Y si recibe la verdad y no la misericordia, perecería inevitablemente de desesperación. Pero para salvarse se postra humildemente a los dos pies, quiere condenar sus pecados con la verdad y esperar de la misericordia el perdón. Este es el primer beso.
    El segundo acaece cuando, tras el primer ósculo de la penitencia, nos levantamos para hacer buenas obras. Besamos las manos del Señor al ofrecerle nuestras buenas acciones, o cuando recibimos de él los dones de las virtudes.
    Y el tercer beso tiene lugar después de pasar el llanto de la penitencia y recibir el regalo de las virtudes: el alma invadida de un deseo celeste por la impaciencia de su amor, desea ser introducida en los goces secretos de la cámara interior, y con palabras entrecortadas de tiernos suspiros, canta con el ímpetu ferviente de su corazón: Señor, yo ansío tu rostro. Y tal es la fuerza de ese deseo, que el Esposo se hace presente: aquel a quien ella tanto ama, tanto le enardece y por quien tanto suspira.
    Así pues, el primer beso consiste en el perdón de los pecados y se llama propiciatorio; el segundo tiene lugar al recibir las virtudes, y se llama beso de recompensa; y el tercero acaece en la contemplación de lo celestial, y se llama contemplativo.
  2. No olvidemos que existen dos géneros de contemplación. Unos suben y caen, y otros son arrebatados y descienden. Suben aquellos de quienes dice la Escritura: Al descubrir a Dios, no le tributaron la alabanza y las gracias que Dios se merece. No se mostraron agradecidos porque se atribuyeron a sus propias fuerzas e ingenio lo que Dios les había revelado. Por eso les sobrevino la caída: Su razonar se dedicó a vaciedades. Pretendiendo ser sabios, resultaron unos necios.
    Los elegidos, en cambio, son arrebatados como Pablo y otros más; y descienden para comunicar a los pequeños, del mejor modo que pueden, lo que han visto en el éxtasis del espíritu. Pablo fue arrebatado y nos lo dice: Si perdimos el sentido, es por Dios. Y también nos confiesa cómo descendió: Y si somos razonables, es por vosotros. Este género de contemplación es al que aspira el alma perfecta para recibir los castos abrazos de su esposo cuando exclama: Que me bese con el beso de su boca. Como si dijera: “No pretendo valerme de mis fuerzas, ingenio o méritos para conseguir el gozo de mi Señor; sea él quien me bese con el beso de su boca, es decir, que lo haga él gratuitamente. No busco los frutos de la ciencia ni de la naturaleza, sino los de la gracia: Que me bese con el beso de su boca”.
    Con elegancia insuperable ha indicado la gracia del que actúa, la obra y el modo de realizarla. Al decir: que me bese, muestra la gracia del que actúa; al precisar: con el beso, indica la obra realizada, es decir, la contemplación; y al añadir: de su boca, explica con evidencia el modo de la obra, o cómo se efectúa la contemplación. Aquí la boca significa la palabra.
  3. La contemplación es fruto de la condescendencia del Verbo de Dios a la naturaleza humana por la gracia, y de la elevación de la naturaleza humana hasta el mismo Verbo por el amor divino. Nadie crea que es absurdo hacer semejantes distinciones en la contemplación del Verbo de Dios; es el Evangelio quien atestigua este orden en a encarnación del Verbo.
    Efectivamente, al saludar el Ángel a la Virgen, la primera en aparecer es la gracia: Salve, llena de gracia. Después indica de quién y cuán grande es esa gracia: El Señor está contigo. Añade la obra que realiza la gracia: Bendito el fruto de tu vientre. Ese fruto es, sin duda, la encarnación del Verbo. Y la manera de efectuarse esta obra tan insigne la tenemos en estas palabras: El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra.
    De estas obras del Verbo, que hemos espigado del Evangelio o entresacado del Cantar de los Cantares, consta que esta encarnación es fruto exclusivo de la abundancia de la gracia divina y que aquella contemplación no puede provenir jamás de la voluntad humana, sino que es puro don de Dios.
  4. Hay que advertir que esta contemplación se presenta bajo tres aspectos distintos, según las diversas etapas de tiempo. Primeramente se llama alimento, después bebida y en tercer lugar embriaguez. Por eso, el esposo invita a sus elegidos con estas palabras: Comed, amigos, bebed y embriagaos, carísimos. Mientras viven en esta carne corruptible, comen. Pero una vez liberados del cuerpo y trasladados al cielo, se dice que beben lo que antes comían. Contemplan cara a cara y sin esfuerzo lo que creían por la fe cuando peregrinaban en su cuerpo lejos del Señor, comiendo el pan con el sudor de su rostro. Lo mismo que nosotros tomamos con mayor facilidad la bebida que la comida, ya que comer supone alguna molestia y beber es mucho más cómodo.
    Cuando los santos han llegado a este estado, pueden beber, pero no embriagarse: se sienten frenados en la contemplación perfecta de la divinidad, pues aguardan la resurrección de sus cuerpos al final del mundo.. Cuando esto acaezca, el cuerpo se apegará de tal modo al alma y ésta a Dios, que en adelante nada será capaz de apartarla de la embriaguez interior de la contemplación. He aquí por qué al invitarles a comer se les llama amigos, es decir, amados; al invitarles a beber reciben el nombre de predilectos; y al invitarles a embriagarse, amadísimos.
  5. Tus pechos son mejores que el vino. La esposa tiene dos pechos: el del gozo y el de la compasión. El vino designa aquí la ciencia del mundo, de la que dice la Escritura: Su vino es ponzoña de monstruos y veneno mortal de víboras.
  6. Exhalan los más exquisitos perfumes, Al decir los más exquisitos perfumes insinúa que algunos perfumes son buenos, otros mejores, y a todos estos los superan los óptimos. Veamos, pues, cuáles son estas tres especies de perfumes. El primero se hace con el recuerdo de los pecados, al arrepentirnos de ellos y pedir perdón. Este perfume es bueno, pues Dios no desprecia el corazón quebrantado y humillado. Se derrama en los pies del Señor y allí mismo recibe la recompensa -el perdón de los pecados-de la boca misma del Señor: Se le perdonan sus muchos pecados porque ha amado mucho.
    El segundo perfume emana al recordar los beneficios de Dios. Este se derrama directamente sobre la cabeza del Señor, pues las virtudes sólo pueden referirse a Dios, del cual proceden. Es un perfume de más valor y de él se dice: ¿A qué viene ese derroche de perfume? Podía haberse vendido por más de trescientos denarios y habérselo dado a los pobres. Pero el Señor aprueba este derroche: Dejadla, ¿por qué la molestáis? A los pobres los tenéis siempre con vosotros; en cambio, a mi no me vais a tener siempre. Además de aprobarlo se lo recompensa: Os aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio se recordará también en su honor lo que ella ha hecho.
    El tercer perfume se confecciona con los aromas de más valor, como aquellos que llevaban las piadosas mujeres: Compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Pero este perfume no se derrama ni se derrocha, pues el Señor no quiso que se derramara sobre su cuerpo muerto, sino que lo lo guardaran para su cuerpo vivo, la Iglesia santa.
    Así pues, el primer perfume es el de la compunción, y lo consume el fuego de la contrición; el segundo es el de la devoción, y arde en el fuego de la caridad; y el tercero es el de la piedad, que no se consume, sino que se conserva íntegro.
    RESUMEN
    El primer beso ocurre en los pies y se llama propiciatorio. Supone conversión y penitencia. El segundo, en las manos, se llama de recompensa y supone recibir las virtudes. El tercero, el de la boca, se llama contemplativo. Se puede llegar a la contemplación y perderla por creer que es debida a nuestros méritos. Es un gesto gratuito que recibimos. Esta misma gratuidad queda patente en la encarnación del Verbo. La contemplación puede considerarse como un proceso de tres etapas similares a comer, beber y embriagarse. Esta última sólo puede ocurrir tras la muerte y la resurrección. La contemplación es muy superior a la ciencia del mundo. Igual que hay tres besos, hay tres perfumes distintos cada uno de mayor calidad que el anterior. Podemos llamarlos compunción, caridad y piedad.

sábado, 7 de julio de 2018

LAS CUATRO FUENTES QUE MANAN DEL PARAÍSO TERRENAL


 El alma fiel tiene su paraíso, pero espiritual y no terreno; y por eso mismo mucho más deleitable y escondido que el primero. Aquí el alma goza más que con todas las riquezas. De este paraíso brotan cuatro fuentes: la verdad, la caridad, la fuerza y la sabiduría. Estas fuentes ofrecen un agua medicinal al alma enferma. Las enfermedades que aquejan al alma son cuatro vicios: el temor, la concupiscencia, la maldad propia y la ignorancia. Cuando la vence el temor cae forzada en el vicio; el ímpetu de la concupiscencia la empuja al mal, la maldad propia la lleva voluntariamente al vicio, y la seducción del error la hace deslizarse en el mal. 
 A las almas aquejadas y angustiadas por estas enfermedades el Profeta les da este consuelo: Sacaréis agua con gozo de las fuentes del Salvador. Contra la pusilanimidad, consecuencia del vicio del temor, el agua de los acuxilios que se toma en la fuente de la fortaleza. Contra la concupiscencia del placer terreno, el agua de los deseos en la fuente de la caridad. Contra la malicia de la maldad voluntaria, el agua de los juicios en la fuente de la verdad. Contra el error de la ignorancia, el agua de los consejos en la fuente de la sabiduría.
 Y todo esto se hará con gozo, pues lo que antes gemía bajo el peso de los vicios ahora se goza con la adquisición de las virtudes. En las aguas de los consejos consigue la prudencia, en el agua de los auxilios la fortaaleza, en el agua de los deseos la templanza, y en el agua de los juicios la justicia. Y de este modo, en la contrariedad vence la pusilanimidad con la fortaleza, en la prosperidad refrena la ligereza con la templanza, en la actividad excluye la maldad con la justicia, y en los momentos de duda la prudencia instruye su ignorancia. 
 Reanimada con estas aguas y ataviada con semejantes virtudes, dilátese y comprenda con todos los consagrados lo que es anchura y largura, altura y profundidad. Estas cuatro dimensiones de Dios se pueden abrazar con dos brazos: el amor y temor verdaderos. El temor abraza la altura y profundidad, es decir, el poder y la sabiduría; y el amor la anchura y largura, la caridad y la verdad. Si se teme a Cios es porque todo lo puede con su poder, y ese temor es auténtico si se cree que nada está oculto a su sabiduría. Si se ama a Dios es porque es el Amor, y ese amor es sincero porque es la verdad o la eternidad.
RESUMEN
Enfermedades: temor, concupiscencia, maldad propia, ignorancia.
Consuelos de las aguas del Paraíso: fortaleza (contra la pusilanimidad), caridad (contra la concupiscencia), verdad (contra la malicia), sabiduría (contra la ignorancia).
Hay dos brazos: temor y amor.
Dimensiones de Dios: alura, largura, anchura y profundidad.
El temor abraza el poder y la sabiduría. Altura y profundidad de Dios. 
El amor la caridad y la verdad. Anchura y largura. 

viernes, 11 de mayo de 2018

LA DOBLE MUERTE Y RESURRECCIÓN


 Si habéis resucitado con Cristo, buscad lo de arriba. Existen dos muertes y otras dos resurrecciones. La primera muerte es la del alma, y la segunda la del cuerpo. La muerte del alma consiste en separarse de Dios, y la corporal en su separación del alma. Esta última es obra del pecado, y la anterior es la pena del pecado.
 Siguiendo el esquema, la primera resurrección es del alma, y la segunda la del cuerpo. La resurrección del alma es fruto de la venida humilde y oculta de Cristo; la del cuerpo se realizará con la venida gloriosa y manifiesta de Cristo.
 Pero el alma invisible ha sido creada a imagen de Dios, como lo dice la Escritura: Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza. Y lo creó recto. Por eso también el hombre exterior -el cuerpo- aparece recto en su forma, posee la vida y sentidos, para que a través del hombre exterior e visible conozcamos al interior e invisible, que también es recto en su voluntad, vive por su conocimiento y tiene la sensibilidad del amor. Y así como el cuerpo u hombre exterior recibirá en la resurrección vida y capacidad de sentir, también el alma u hombre interior recibirá en la resurrección vida y sensibilidad, es decir, conocimiento y amor. 
 La Verdad nos atestigua que el conocimiento es auténtica vida: Esta es la vida eterna, conocerte a ti como único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo. Y que el amor es la sensibilidad del alma lo podemos deducir así: el hombre exterior no hace distinciones en su vida, porque vive del mismo modo en todo el cuerpo; pero por su facultad de sentir se diferencia en cinco aspectos bien conocidos, que son la vista, el gusto, el oído, el olfato y el tacto. Siente de una manera muy distinta en el ojo que en el oído y en los demás sentidos. Pues el hombre interior tampoco hace distinciones en su capacidad de conocer, sino en la de amar. 
 Y así como el exterior se divide en cinco sentidos, también el interior se siente afectadopor cinco atributos invisibles de Dios, que son la verdad, la justicia, la sabiduría, la caridad y la eternidad. Su sensibilidad siente de un modo muy concreto la verdad, que ama porque le da libertad; la justicia también le atrae, y la ama por la igualdad que engendra; a la sabiduría la ama por su suavidad; a la caridad por su fuerza y a la eternidad porque le infunde seguridad. 

RESUMEN

Hay un hombre exterior con sus cinco sentidos: oído, vista, tacto, olfato, gusto. Son formas de conocer
Hay un hombre interior (alma) con cinco atributos, que son formas de amar.
-La verdad. Ocasiona libertad.
-La justicia: engendra igualdad.
-La sabiduría. Produce suavidad.
-La caridad: nos da fuerza.
-La eternidad: nos infunde seguridad. 
Hay dos resurrecciones:
-La del hombre exterior que se producirá al final de los tiempos.
-La del hombre interior que se produce de una forma oculta y humilde en cada uno de nosotros. 

jueves, 19 de abril de 2018

CÓMO ORAR A DIOS


 1. Como un enfermo ante el médico, así debe actuar el pecador con su Creador. Sí, el pecador debe orar a Dios como el enfermo al médico. Hay dos obstáculos para la oración del pecador: la falta de luz o el exceso. Está a oscuras quien no ve ni reconoce sus pecados. Y está ofuscado por exceso de luz, quien ve tanto pecado que desespera del perdón. Ninguno de ellos puede orar. ¿Qué hacer entonces? Atenuar la luz para que el pecador vea y confiese sus pecados, y así podrá orar y suplicar el perdón. 
 La primera oración debe hacerla con sentimientos de pudor. Esto implica que el pecador no se atreve a acercarse directamente a Dios y busca un santo varón, un pobre de espíritu que sea como la orla del manto del Señor, y por ella le sea posible el acceso a él. El modelo de esta oración nos lo ofrece aquella mujer del Evangelio que sufría flujos de sangre y por el deseo de curarse se acercó pensando en su interior: Con sólo tocar la orla de su manto me curaré. 
 La segunda manera de orar se caracteriza por la pureza de afectos: el pecador se acerca directamente a Dios y es él mismo quien se confiesa. De esta oración nos dio ejemplo aquella pecadora que regó los pies del Señor con sus lágrimas y los enjugó con sus cabellos. De ella dijo el Señor: Se les perdonan sus muchos pecados porque ha amado mucho.
 La tercera oración se expresa con un afecto más dilatado. Se ora por sí mismo, y también por los demás. Así oraron los Apóstoles intercediendo en favor de la mujer cananea que suplicaga la curación de su hija: Atiéndela, que viene detrás gritando.
 La cuarta oración se expresa con afectos de fervor que brotan de la pureza de corazón, libre de temor y en total espíritu de gratitud. Esta fue la oración del Señor al resucitar del sepulcro a Lázaro, muerto hcía cuatro días: Te doy gracias Padre, porque siempre me escuchas. Y esa misma oración nos recomienda hacer frecuentemente el Apóstol: Orad constantemente; dad gracias en toda circunstancia. 
 A estas cuatro maneras de oración que hemos indicado: la pudorosa, la pura, la universal y la ferviente, el Apóstol les da otros nombres y nos estimula a practicarlas con estas palabras: Lo primero que recomiendo es que se tengan súplicas y oraciones, peticiones y acciones de gracias. Las súplicas se hacen con sentimientos de pudor, las oraciones con un afecto puro, las peticiones con un corazón generoso, y la acción de gracias por el impulso del fervor. 
2. Después de indicar diversos modos de oración, añadamos algo sobre la pureza con que debemos orar. En este aspecto creo que se requieren tres condiciones que deben impregnar profundamente la intención del que ora. El orante, en efecto, debe tener en cuenta qué pide, a quién se lo pide y quién lo pide.
 El objeto de la petición implica dos cosas: pedir lo que Dios aprueba y desearlo con todo el ardor del espíritu Y en ese sentido no es conforme a la voluntad de Dios pedir que muera el enemigo, sea herido o humillado, pues él mismo nos da este precepto: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, y rezad por los que os persiguen y calumnian. Ama a tu prójimo como a ti mismo. En cambio, cuando se pide el perdón de los pecados, la gracia del Espíritu Santo, la virtud o la sabiduría, la fe, la verdad, justicia, humildad, paciencia, mansedumbre u otros carismas espirituales, y sólo se desea eso con todo el ardor del corazón, esa oración es conforme a Dios y merece ser atendida. De semejantes estilos de oración dice el Señor por Isaías: Antes que me llamen yo les responderé; aún estarán hablando y les habré escuchado.
 Existen otras cosas que nos hacen falta y que Dios las concede si se las pedimos; y pueden ser conformes o no al querer divino, según el fin al que se ordenan. Me refiero a la salud corporal, el dinero y la abundancia de bienes terrenos; proceden de Dios, pero no hay que darles demasiada importancia ni poseerlas con ansiedad. 
 El que pide debe considerar en Dios estos dos aspectos: su bondad y su majestad. Por su bondad quiere dar gratuitamente, y por su majestad puede conceder cuanto se le pida. Y también el mismo que suplica debe insistir en estos dos puntos: esté convaencido de que no recibirá nada por sus propios méritos, y confíe recibir de la misericordia divina todo cuanto pide. 
 Cuando se dan estas tres condiciones y tal como las hemos explicado, entonces se puede hablar de un corazón puro. Y quien ora con esta pureza e intención de corazón crea que será escuchado. Lo atestigua el apóstol Pedro: Dios no hace distinciones, sino que acepta al que le es fiel y obra rectamente. 

RESUMEN

Obstáculos para la oración:

1. Falta de luz: quien no reconoce sus pecados.
2. Exceso de luz: quien cae en la desesperación.

Modos de oración:

1. Pudorosa: busca acercarse a través de una persona piadosa. Son las súplicas. 
2. Pura: se acerca directamente a orar. Son las oraciones. 
3. Universal: se ora por sí mismo y por los demás. Son las peticiones. 
4. Ferviente: brota directamente del corazón. Es la acción de gracias. 

Se requieren tres condiciones:

1. Qué pide: nunca el mal ajeno, sino poseer virtudes. Las cosas     materiales no son muy importantes. 
2. A quién lo pide: a un Dios dotado de bondad y majestad. Nos      escucha antes de hablar. 
3. Quién lo pide: alguien que nunca conseguirá nada por sus           propios méritos. 





sábado, 17 de marzo de 2018

LA TRIPLE SITUACIÓN DEL ALMA

1. El alma pasa por tres situaciones distintas: está en el cuerpo, sin el cuerpo, y nuevamente en el cuerpo. La primera se le concede para hacer penitencia, y las otras dos para recibir el descanso o la pena, según que haya practicado el bien o el mal mientras estaba en el cuerpo. 
 Para hacer penitencia se requieren tres cosas: tiempo, el cuerpo y el lugar. El Apóstol habla así sobre la necesidad del tiempo: He aquí el tiempo propicio, he aquí los días de la salvación. Y sobre el cuerpo dice también: Todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo, y cada uno recibirá lo suyo, bueno o malo, según se haya portado mientras tenía este cuerpo. En cuanto al lugar, se expresa así la Escritura: Si el que manda se enfurece contra ti, tú no dejes tu lugar. 
 El tiempo presenta tres dimensiones: el pasado, el presente y el futuro. El que se entrega verdaderamente a la penitencia no pierde ninguno de llos, porque el pasado que tenía perdido lo recupera repasando todos sus años en la margura de su alma; posee el presente por la práctica de las buenas obras; y el futuro perseverando en los buenos propósitos. El Apóstol habla así del pasado: Rescatemos el tiempo, pues corren días malos. Y nos exhorta también a llenar el presente: Mientras tenemos ocasión, trabajemos por el bien de todos, especialmente el de la familia de la fe. El Señor, por su parte, nos da este consejo sobre el futuro: Todos os odiarán por causa mía; pero quien resista hasta el final se salvará.
2.También el cuerpo es necesario para hacer penitencia; porque con él podemos soportar los males y practicar el bien: sufrir por los pecados cometidos y obrar para conseguir los premios de la vida eterna. ¿Cómo puede hacer frutos dignos de penitencia quien carece de cuerpo? Además conviene advertir que la penitencia que se realiza con el cuerpo es breve y suave. Breve porque se acaba con la muerte del cuerpo, y suave porque con la compañía del cuerpo se soporta más fácilmente. No hay duda que sería mucho más pesada si la sufriera sola el alma. Pero al compartir esa carga el cuerpo, cuanto más peso asume éste, más descargada se siente el alma. 
 Igualmente parece útil y necesario el lugar, que no es otro sino la Iglesia del tiempo presente. Quien descuida hacer verdadera penitencia en ella mientras vive en el cuerpo, se verá privado de los remedios de la salvación en el futuro.

RESUMEN
El cuerpo es el lugar adecuado para la evolución espiritual. Su temporalidad hace que el dolor sea pasajero, por lo que suaviza la penitencia. A su vez, la penitencia nos hace recobrar el pasado, vivir el presente y afrontar el futuro. Es una forma de detener el efímero paso del tiempo. 




sábado, 24 de febrero de 2018

LAS LÁMPARAS DE LAS VÍRGENES DEL EVANGELIO


Hermanos, evitemos vivir ahora engañados por el brillo inútil de nuestras vasijas, y no tener que lamentarnos más tarde de que se nos apagan los candiles. Yo creo que esos candiles que se apagaban nunca habían ardido de verdad. El texto dice así: El reino de los cielos se parece a diez vírgenes que cogieron sus candiles. Dice "cogieron", y no encendieron. ¿Cómo van a encenderlos si se dejaron el aceite? Si faltaba el combustible, ¿cómo iba a existir el fuego?
 Sin embargo, me dirás, la castidad brilla por sí misma. De acuerdo: pero si la antorcha es mucho más brillante cuando arde que cuando está apagada, también es mucho más hermosa la estirpe casta y llena de amor. En las vírgenes necias brilla cierta gracia natural y un encanto innato, la moderación hacia el placer, la paciencia en la adversidad, la honestidad de vida, la prudencia en el hablar, la limosna y las demás obras buenas. Pero no resplandecían por la fuerza del fuego, sino por la trasparencia del cristal, comprendieron que sus lámparas se estaban apagando y que su claridad quedaría totalmente anulada por la luz eterna. 

Nota: 

"Sucederá entonces con el reino de los cielos como lo que sucedió en una boda: diez muchachas tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran despreocupadas y cinco previsoras. Las despreocupadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; en cambio, las previsoras llevaron sus botellas de aceite, además de sus lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les dio sueño a todas, y por fin se durmieron. Cerca de la medianoche, se oyó gritar: “¡Ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!” Todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas. Entonces las cinco despreocupadas dijeron a las cinco previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.” Pero las muchachas previsoras contestaron: “No, porque así no alcanzará ni para nosotras ni para ustedes. Más vale que vayan a donde lo venden, y compren para ustedes mismas.” Pero mientras aquellas cinco muchachas fueron a comprar aceite, llegó el novio, y las que habían sido previsoras entraron con él en la boda, y se cerró la puerta. Después llegaron las otras muchachas, diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!” Pero él les contestó: “Les aseguro que no las conozco.” "Manténganse ustedes despiertos —añadió Jesús—, porque no saben ni el día ni la hora.
Mateo 25:1-13 (DHH)

RESUMEN

 Las "vírgenes necias" no lo son tanto, pues comprenden cómo se apaga el fuego de la vida, la superficialidad del cristal y lo fundamental en el aceite. No actúan con previsión e inteligencia pero sí saben captar la propia fugacidad de la existencia. 

sábado, 30 de diciembre de 2017

LOS TRES BESOS


1.Que me bese con el beso de su boca. Hay tres clases de besos: el primero es el de los pies, el segundo el de las manos, y el tercero el de la boca. al convertirnos besamos los pies del Señor. Estos pies son dos: la misericordia y la verdad. Dios los imprime en el corazón de los que se convierten, y el pecador verdaderamente convertido abraza esos dos pies. Porque si recibe sólo la misericordia, y no la verdad, caería en la preesunción. Y si recibe la verdad y no la misericordia, perecería inevitablemente de desesperación. Pero para salvarse se postra humildemente en los dos pies, quiere condenar sus pecados con la verdad y esperar de la misericordia el perd´´on. Este es el primer beso. 
 El segundo acaece cuando, tras el primer ósculo de la penitencia, nos levantamos para hacer buenas obras. Besamos las manos del Señor al ofrecerle nuestras buenas acciones, o cuando recibimos de él los dones de las virtudes.
 Y el tercer beso tiene lugar después de pasar el llanto de la penitencia y recibir el regalo de las virtudes: el alma invadida de un deseo celeste por la impaciencia de su amor, desea ser introducida en los goces secretos de la cámara interior, y con palabras entrecortadas de tiernos suspiros, canta con el ímpetu ferviente de su corazón: Señor, yo ansío tu rostro. Y tal es la fuerza de ese deseo que el Esposo se hace presente: aquel a quien ella tanto ama, tanto le anardece y por quien tanto suspira. 
 Así pues, el  primer beso consiste en el perdón de los pecados y se llama propiciatorio; el segundo tiene lugar al recibir las virtudes, y se llama beso de recompensa; y el tercero acaece en la contemplación de lo celestial, y se llama contemplativo.
2. No olvidemos que existen dos géneros de contemplación. Unos suben y caen, y otros son arrebatados y descienden. Suben aquellos de quienes dice la Escritura: Al descubrir a Dios, no le tributaron la alabanza y las gracias que Dios se merece. No se mostraron agradecidos porque se atribuyeron a sus propias fuerzas e ingenio lo que Dios les había revelado. Por eso les sobrevino la caída. Su razonar se dedicó a vaciedades. Pretendiendo ser sabios, resultaron unos necios. 
 Los elegidos, en cambio, son arribatados como Pablo y otros más; y descienden para comunicar a los pequeños, del mejor modo que pueden, lo que han visto en el éxtasis del espíritu. Pablo fue aarrebatado y nos lo dice: Si perdimos el sentido es por Dios. Y También nos confiesa cómo descendió: y si somos razonables es por vosotros. Este género de contemplación es al que aspira el alma perfecta para recibir los castos abrazos de su esposo cuando exclama: Que me bese con el beso de su boca. Como si dijera: No pretendo valerme de mis fuerzas, ingenio o mérito para conseguir el gozo de mi Señor; sea él quien me bese con el beso de su boca, es decir, que lo haga él gratuitamente. No busco los frutos de la ciencia ni de la naturaleza, sino los de la gracia: Que me bese con el beso de su boca. 
 Con elegancia insuperable ha indicado la gracia del que actúa, la obra y el modo de realizarla. Al decir: que me bese, muestra la gracia del que actúa; al precisar: con el beso indica la obra realizada, es decir la contemplación; y al añadir: de su boca, explica con evidencia el modo de la obra o cómo se efectúa la contemplación. Aquí la boca significa la palabra.
3. La contemplación es fruto de la condescendencia del Verbo de Dios ala naturaleza humana por la racia, y de la elevación de la naturaleza humana hasta el mismo Verbo por el amor divino. Nadie crea que es absurdo hacer semejantes distinciones en la contemplación del verbo de Dios; es el Evangelio quien atestitua este orden en la encarnación del Verbo. 
 Efectivamente, al saludar el ánger a la Virgen, la primera en aparecer es la gracia: Salve, llena de gracia. Después indica de quién y cuán grande es esa gracia: El Señor está contigo. Añade la obra que realiza la gracia: Bendito el fruto de tu vientre. Este fruto es, sin duda. la encarnación del Verbo. Y la manera de efectuarse esta obra tan insigne la tenemos en estas palabras: ElEspíritu Santo bajará sobre ti  y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. 
 De estas obras del Verbo, que hemos espigado del Evangelio o o entresacado del Cantar de los Cantares, consta que esta encarnación es fruto exclusivo de la abundancia de la gracia divina y que aquella contemplación no puedeprovenir jamás de la voluntad humana, sino que es puro don de Dios.
4. Hay que advertir que esta contemplación se presenta bajo tres aspectos distintos, según las diversas etapas de tiempo. Primeramente se llama alimento, después bebida, y en tercer lugar embriaguez. Por eso el esposo invita a sus elegidos con estas palabras: Comed, amigos, bebed y embriagaos, carísimos. Mientras viven en esta carne corruptible comen. Pero una vez liberados del cuerpo y trasladados al cielo, se dice que beben lo que antes comían. Contemplan cara a cara y sin esfuerzo lo que creían por la fe cuando peregrinaban en su cuerpo lejos del Señor, comiendo el pan con el sudor de su rotro. Lo mismo que nosotros tomamos con mayor facilidad la bebida que la comida, ya que comer supone alguna molestia y beber es mucho más cómodo. 
 Cuando los santos han llegado a este estado, pueden beber, pero no embriagarse: se sienten frenados en la contemplación perfecta de la divinidad, pues aguardan la resurrección de sus cuerpos al final del mundo. Cuando esto acaezca, el cuerpo se apegará de tal modo al alma y ésta a Dios, que en adelante nada será capaz de apartarla de la embriaguez interior de la contemplación. He aquí por qué al invitarles a comer se les llama amigos; al invitarles a beber reciben el nombre de predilectos; y al invitarles a embriagarse, amadísimos. 
5. Tus pechos son mejores que el vino. La esposa tiene dos pechos, el del gozo y el de la compasión. El vino designa aqui la ciencia del mundo de la que dice la Escritura: su vino es ponzoña de monstruos y veneno mortal de víboras. 
6. Exhalan los más exquisitos perfumes. Al decir los más exquisitos perfumes, insinúa que algunos perfumes son buenos, otros mejores y a todos éstos los superan los óptimos. Veamos, pues, cuáles son estas tres especies de perfumes. El primero se hace con el recuerdo de los pecados, al arrepentirnos de ellos y pedir perdón. Este perfume es bueno para Dios, pues Dios no desprecia el corazón quebrantado y humillado. Se derrama en los pies del Señor y allí mismo recibe la recompensa -el perdón de los pecados-de la boca misma del Señor: Se le perdonan sus pecados porque ha amado mucho. 
 El segundo perfume emana al recordar los beneficios de Dios. Este se derrama directamente sobre la cabeza del Señor, pues las virtudes sólo pueden referirse a Dios del cual proceden. Es un perfume de más valor y de él se dice: ¿A qué viene ese derroche de perfume? Podía haberse vendido por más de doscientos denarios y habérselo dado a los pobres. Pero el Señor aprueba este derroche: Dejadla, ¿por qué la molestáis? A los pobres los tenéis siempre con vosotros, en cambio a mi no me vais a tener siempre. Y además de aprobarlo se lo recompensa: Os aseguro que en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio se recordará  también en su honor lo que hecha ha hecho. 
 El tercer perfume se confecciona con los aromas de más valor, como aquellos que llevaban las piadosas mujeres: Compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Pero este perfume no se derrama ni se derrocha pues el Señor no quiso que se derramara sobre su cuerpo muerto, sino que lo guardaran para su cuerpo vivo, la Iglesia santa.
 Así pues, el primer perfume es el de la compunción, y lo consume el fuego de la contrición. El segundo es el de la devoción y arde en el fuego de la caridad. Y el tercero es el de la piedad, que no se consume sino que se conserva íntegro. 

RESUMEN

El beso de los pies se llama propiciatorio y consiste en el perdón de los pecados. Un pie significa la misericordia y el otro la verdad.
El segundo es cuando besamos las manos. Es el beso de recompensa y tiene lugar al hacer buenas obras y recibir dones.
El tercero es en la boca y se llama contemplativo.  Los que consideren que lo consiguen por sus propios méritos caerán desde lo alto. Sólo los que entiendan que llegan allí por la palabra de Dios recibirán, verdaderamente, este tercer beso. 
La contemplación no se logra por nuestro propósito sino por el amor de Dios. 
La contemplación tiene tres fases: comida (se les llama amigos), bebidos (se les llama predilectos) y embriaguez (se les llama amadísimos).
Vino: la ciencia del mundo, alejada de Dios.
Los pechos de la esposa son mejores que ese vino. Uno es el gozo y el otro la compasión. 
También hay tres perfumes:
-El primero es el del arrepentimiento y se derrame en los pies del Señor. 
-El segundo es el de la devoción y se derrama sobre su cabeza como señal de alabanza
-El tercero es el de la piedad que debe conservarse íntegro para utilizarlo en la Iglesia de Cristo. Esel más valioso.