EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

domingo, 20 de marzo de 2016

LOS TRES BROTES


1. Tus brotes son un paraíso. Así habla la Jerusalén celestial congratulándose con la que peregrina en la tierra. Tenemos tres brotes distintos. El primero son los casados que hacen penitencia en el mundo; el segundo los que viven en el claustro con espíritu de conversión y de continencia; y el tercero los prelados, cuya misión es predicar y orar por el pueblo de Dios.
 Del primer brote, la penitencia, dicen los ángeles -esos ángeles que sienten tanta alegría por un solo pecador que se convierte: ¿Quién es esa que sube por el desierto como columna de humo, como nube de incienso y de mirra y perfumes de mercaderes? Nos dicen que el alma penitente sube por el desierto, es decir, por una tierra intransitable y reseca, porque recuerda sus pecados. Y sube como columna de humo, confesando humildemente esos pecados. Esta confesión se compara con razón a la columna de humo, porque emana de las múltiples especies de pecados, como el humo sale del incensario por distintos orificios. También podemos subrayar que el humo nunca tiene fulgor, pero sí suele despedir olor. Y ese humo de la confesión despide cierto aroma de piedad: así lo insinúa el texto siguiente: Es una nube aromática de mirra e incienso y perfumes de mercaderes. 
 La confesión debe ir siempre acompañada de mirra e incienso, símbolos de la mortificación  corporal y de la oración del corazón. La una sin la otra aprovechan muy poco o nada. Quien castiga la carne olvidando la oración es un orgulloso, y se le dice: ¿Como yo carne de toros o bebo sangre de cabritos? Y al contrario, el que ora y no se cuida de dominar su carne tendrá que oír: ¿Por qué me invocáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo? O aquello otro: Si uno cierra los oídos a la ley, hasta su oración será aborrecible. Es, pues, evidente que ambas se complementan, ya que si van separadas se las rechaza.
2. El texto sigue así: Y todos los perfumes de los mercaderes. Al recuerdo y confesión de los pecados, y a la mortificación y oración debe añadirse el fruto de la limosna. Esta es con razón como el polvo, porque se realiza con los bienes terrenos; y es un polvo perfumado porque de ella emana un aroma muy delicado. He aquí por qué el ángel dice a Cornelio, que hacia muchas limosnas: Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta Dios y las tiene presentes. Si las limosnas no exhalaran un aroma agradable no llegarían en modo alguno hasta Dios. 
 O tal vez se diga: todos los perfumes de los mercaderes, para indicar que no sólo los pecados más graves, sino también los leves deben ser triturados en la confesión y lavados con la compunción. Y baste esto sobre el primer brote. 
3.El segundo es la vida de continencia, tal como se practica en el claustro o en la soledad. Aquí no se menciona el desierto, el humo o la penitencia, sino el resplandor de la luz y de la virtud. Las voces angélicas lo ensalzan así: ¿Quién es esa que se asoma como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, terrible como escuadrón a banderas desplegadas? Estas palabras nos indican sus tres virtudes pecualiares: la humildad, la castidad y la caridad.
 La aurora, en efecto, es el fin de la noche y el comienzo del día. La noche indica la vida del pecador, y la luz, la del justo. La aurora que disipa las tinieblas y anuncia el día significa muy bien la humildad, porque si aquella separa el día de la noche, ésta hace lo mismo entre el justo y el pecador. En realidad es a partir de aquí, de la humildad, de donde se comienza a ser justo y a progresar en la justicia. Por eso se le llama también "alaba que se levanta" porque todo el edificio de las virtudes arranca de la humildad, como de su verdadero cimiento. Y en consecuencia, al querer indicar su humildad se dice: como alba que se levanta.
 La expresión siguiente: hermosa como la luna, pone de relieve la castidad. Se dice que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol, y que cuanto más enfrente está del sol, mayor es la superficie que se ilumina con su resplandor. Lo mismo sucede en las comunidades religiosas o en cualquier alma fiel: si se acerca por la contemplación a las miradas del Sol verdadero, pronto recibirá de esa visión el reflejo de su belleza y la gracia de su castidad. Con este resplandor crecerá y progresará hasta conseguir la perfección, y se podrá decir con toda la verdad lo que sigue:
4. Límpida como el sol. ¿Por qué como el sol? ¿Tal vez porque los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre? ¿Pero de dónde brillarán allí como el sol, sino del resplandor del vestido nupcial? Ese vestido debían recibir los que aún vivían en la tierra y se les dijo: Vosotros permaneced en la ciudad hasta que de lo alto os revistan de fuerza. Quien se cubra con este vestido nupcial -símbolo de la caridad-y lo tenga perfectamente organizado en su vida, será para sus enemigos tan terribles como un ejército en orden de batalla. A los demonios no les importa que tenga otras muchas virtudes, si carece de la caridad. Pero cuando observan su caridad y la ven dispuesta para el combate, se lanzan desesperados a la fuga.
 También puede aplicarse la imagen límpida como el sol a la perseverancia, propia de los elegidos. Y la expresión siguiente: terrible como un ejército en orden de batalla, puede significar la discreción, madre de las virtudes, que aterra y pone en fuga a los demonios y alcanza y conserva las virtudes. Podemos imaginar y decir otras muchas cosas sobre este segundo brote. Baste esto poco que hemos dicho. 
5. El tercer brote se aplica a los predicadores santos, cuya vida y doctrina suscitan ese grito de admiración: ¿quién es ese que sube del desierto, rebosante de delicias y apoyada en su amado? Del primer brote se decía: ¿Quién es esta que sube por el desierto?Y aquí se dice: que sube del desierto. Allí los penitentes sienten cómo se les clavan las espinas al caminar, y los doctores, en cambio, han pisoteado ya con su grandeza de espíritu lo que pudieron sacar del mundo. Por eso el texto dice: del desierto.
 Pero debemos averiguar cuáles son esas delicias de que está rebosante, y quién es ese amado o por qué se dice que se apoya en él. No podemos menospreciar lo que los ciudadanos celestiales llaman delicias. Porque sin duda alguna son delicias para la mente y no para el vientre, para el alma y no para el cuerpo, para el espíritu y no para la carne, para la razón y no para la sensualidad, para el hombre interior y no para el exterior. En una palabra, son la efusión desbordante de la gracia espiritual. 
 Dichosa el alma a quien se infunde esa gracia y a quien le preparan con las bendiciones de la suprema dulzura, para ser templo de Dios y oráculo del Espíritu Santo A esa alma nunca le faltarán las riquezas de la salvación, que son la sabiduría y la ciencia, y lo qaue constituye el mejor tesoro de esa salvación, el temor del Señor. Cuando se vea llena y rebosante de esas delicias, aclame al Señor en la asamblea del pueblo y alábelo en el consejo de los ancianos. Lo que oyó al oído en la alcoba pregónelo desde las azoteas, y así rebosará de delicias. Rebosar quiere decir entregarse a la Palabra y a la enseñanza, iluminar con el ejemplo de la vida y ejercer con perseverancia el ministerio espiritual.
6. Pero es necesario que en todo esto no busque su propia gloria, sino la de su Creador. Porque él es su amado y de él dice la Escritura: Yo para mi amado y mi amado para mí. Y el Padre añade: Este es mi Hijo amado, oídle. En él hay que apoyarse, es decir, atribuir todas las obras al auxilio de su gracia, porque él es el origen, la causa eficaz y la meta de todo. Este mismo amado que instruye al hombre nos hará comprender por qué debemos apoyarnos en él. Recordad qué dijo a sus discípulos cuando los llenaba de sus dones: Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; si un sarmiento no está unido a la vid, no puede dar fruto; así tampoco vosotros, si no estáis unidos a mi. Y aquello otro: Sin mi no podéis hacer nada. Es decir, "si queréis estar llenos de delicias, apoyaos en mi".
 Pero veamos cómo se apoyan y rebosan estos hombres. Escojamos a uno de ellos, al predicador más famoso. Vamos, tú, Pablo, desborda tus delicias. Cuando predicabas el Evangelio desde Jerusalén y sus alredeadores hasta Iliria; cuando ofrecías gratuitamente la buena noticia; cuando distribuías, cual fiel administrador, los tesoros celestes y el misterio de la fe a griegos y extranjeros, a instruidos e ignorantes; cuando manifestabas abiertamente en tu cuerpo el suplicio de la cruz; entre los numerosos y admirables prodigios que realizaste y nos es imposible enumerar, te atreviste a decir con plena seguridad y sin arrogancia, apues te tenías por el más insignificante de los apóstoles: La gracia de Dios no ha sido estéril en mi, sino que he trabajado más que todos ellos. 
 Qué delicias tan magníficas, por no decir tan deliciosas. Pero no las pierdas, y para ello apóyate en tu amado y di: Pero no soy yo, sino la gracia de Dios conmigo. Y ahora vuelve a desbordarte, porque realmente esas lelicias son exquisitas. Repitemos: Soy capaz de todo, y vuelve a apoyarte bien: Con aquel que me robustece. Y al final concluye: Quien presume, que presuma del Señor, es decir, el que desborda de delicias apóyese en su amado. 
7. Con la ayuda del Señor he dicho esto sobre los tres brotes y su aplicación a las tres clases de hombres que viven ahora en la Iglesia, y que el profeta Ezequiel identifica con Noé, Daniel y Job. Lo que no obstga que las podamos encontrar en cada hombre que tiende a la perfección. En éstos el primer brote es la penitencia, el segundo la honestidad, y la enseñanza el tercero. Primeramente se convierten y hacen penitencia; después practican la justicia con su vida honesta; y en tercer lugar, y tras un largo progreso, comunican con su palabra la honestidad de la vida.
 Pero el vicio acecha siempre a la virtud y está muy ceraca de ella para cazar en sus trampas a los qaue se desvían. Por eso conviene que la penitencia esté liberada de todo pudor, y no se ruborice confesar los pecados cometidos; la honestidad evite toda simulación, y la autoridad rechace el orgullo. Porque cuanto mayores son las gracias mayores son los riesgos. 
RESUMEN
El profeta Ezequiel identifica tres tipos de hombres que viven en la Iglesia. Podemos denominarlos como tres brotes e identificarlos cada uno con un personaje bíblico. 
-Primer Brote: lo identificamos con Noé. Los casados que hacen penitencia en el mundo.
La penitencia es como humo que sale por múltiples orificios. Debe ir acompañada la oración del cambio de actitud y hechos palpables. Una sin otra carecen de sentido. Cambiar de actitud sin orar es pura soberbia. La oración sin hechos es un acto absurdo. Igualmente debe ir acompañada de la limosna. 
-Segundo Brote: lo identificamos con el profeta Daniel. Se caracteriza por la luz y la virtud; es la vida de continencia basada en la humildad y la castidad. Podemos comparar a la humildad como la línea que separa la noche y el día. Sobre ella se sustentan las demás virtudes. La castidad es como la luz que producida por el sol, es reflejada por la luna. Está lleno de caridad, perseverancia y discreción. 
-Tercer Brote: lo identificamos con Job. Son los predicadores que ya han atravesado las penalidades del desierto y nos transmiten su mensaje. Pero han de hacerlo olvidando toda vanagloria, sintiéndose unidos al Señor y que todo lo hacen por y par Él.
-Pero en realidad las tres fases pueden darse en cada uno de nosotros. La penitencia continua, liberada de todo pudor nos ayudará para no caer fácilmente en la prepotencia. 

BIBLIOGRAFÍA

Obras Completas de San Bernardo. Tomo VI. Sermones varios. Madrid 1988. Editorial Católica. Biblioteca de Autores Cristianos.