EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

sábado, 4 de enero de 2020

CUATRO DEUDAS


1.Hermanos, estáis en el camino que conduce a la vida; en el camino directo y despejado que lleva a la ciudad santa de Jerusalén, la libre, la de arriba, nuestra madre. Sí, el ascenso es arduo pues es un camino de alta montaña, pero es el más corto y ello templa y ahorra mucho esfuerzo. Vosotros camináis y corréis por ese camino con admirable facilidad y radiante felicidad; vais libres, ágiles y sin macutos a la espalda. Pero no todos vais así; algunos arrastran su equipaje en carros tirados por cuatro caballos, e intentan escalar girando en torno a la montaña; y casi siempre caen al precipicio o no llegan a la cumbre.
Dichosos vosotros que habéis abandonado vuestras personas y posesiones, sin quedaros con nada; camináis por la cresta misma de la sierra hacia aquel que avanza por el occidente y su nombre es el Señor. Pero aquellos que salieron de Egipto y suspiran apasionados por las pequeñeces de Egipto, no encuentran el camino de la ciudad habitada. Agobiados del terrible fardo de sus propias voluntades, caen oprimidos por el peso o junto a él, y casi nunca llegan al destino de su carrera.
2.Hay algo en vuestras vidas -y lo digo alabando al que nos concede gratuitamente todo esto- que no sea una imagen de la vida apostólica?Ellos lo dejaron todo y, reunidos en la escuela del Salvador y bajo su presencia, sacaron agua con gozo de la fuente del Salvador y bebieron el agua fresca de la vida en su misma fuente. Dichosos los ojos que lo vieron. ¿Pero no habéis hecho vosotros algo semejante?Y esto a pesar de no sentirle presente, sino ausente, ni movidos por sus propias palabras, sino por las de sus mensajeros.
Sed celosos de este privilegio: ellos creyeron porque le vieron y escucharon sus palabras; vosotros, en cambio, por lo que oís a través de sus mensajeros. Manteneos así, carísimos, fieles al Señor; ellos perseveraron en el camino real a pesar del hambre y la sed, el frío y la desnudez, las fatigas, ayunos, vigilias y demás exigencias de la justicia; lo mismo vosotros: aunque no tengáis sus méritos, creed que sois semejantes en cierto modo a ellos por ciertas observancias. Y un día podréis decir al Señor vuestro Dios cuando lleguéis ante su trono: Estamos gozosos por los días en que nos afligiste, por los años en que sufrimos desdichas.
Os aseguro que estáis en la verdad, en el camino verdadero y santo que conduce al Santo de los santos. Mentiría -y lo digo para satisfacción vuestra- si negara que de mis manos pecadoras han volado a los gozos celestiales almas de monjes, novicios y conversos, libres y liberados de la cárcel mortal. Si queréis pruebas, sabed que yo he comprobado signos evidentes.
3.No tengo, pues, temor alguno de vosotros ni sobre vosotros, por los ataques de Satanás y sus ministros: estoy convencido de que su poderío ha quedado destrozado y aniquilado por las llagas del Redentor. Con su espíritu de fortaleza el más fuerte derrotó al fuerte, y destrozó las puertas de bronce y los cerrojos de hierro. Pero sí que temo las trampas y astucias que urde contra vosotros. Por su capacidad natural y la experiencia de tantos milenios conoce perfectamente la fragilidad natural del hombre.
Por eso ese homicida insaciable no envió a nuestros primeros padres osos, leones u otra especie de animales salvajes, sino a la huidiza y astuta serpiente: con la flexibilidad de su cuerpo lo mismo se cubre la cabeza con la cola, que ésta con aquella. Dice la Escritura que la serpiente era el más astuto -no el más fuerte-de todos los animales de la tierra. Y por eso lanzó una pregunta para sondear la mente de la mujer; sabía muy bien que no debía utilizar la fuerza, sino la astucia. Escuchadle: ¿con que Dios os ha dicho que no comáis del árbol de la ciencia del bien y del mal?Y le respondió ella: porque tal vez moriremos. El Señor había sido más categórico: El día que comáis de él moriréis; pero ella lo da como posible: tal vez muramos si comemos de él. Y fíjate en la sagacidad y malicia de la serpiente: ¡Nada de morir!Dios lo afirma, la mujer lo pone en duda, y Satán lo niega. De ahí viene mi temor: si la serpiente sedujo a Eva por la astucia,también vuestros sentidos pueden perder la castidad que tenéis en Cristo Jesús.
4.Imaginad que a alguno de vosotros le sugiere ese pensamiento: “¿conqué os mandó Dios cumplir estas reglas?”Y adaptándose a la vitalidad espiritual de cada uno, al tibio le inspira flojedad y al fervoroso una vida más exigente. Pero siempre con el único deseo y finalidad de apartarlos de la compañía de los justos y de la comunidad. El espíritu que así te aconseja es el espíritu de la de mentira, un espíritu muy fuerte y celoso de la dignidad que posees. El sabio conoce todo esto y afirma: Si el espíritu que tiene el poder se levanta contra ti, tú no dejes tu puesto.
Es imposible que el espíritu de la verdad, que te ha traído aquí, te quiera hacer marchar. En su boca no existe el sí y el no; sino unicamente el sí. Lo atestigua la autoridad indiscutible del Apóstol: Nadie puede decir “anatema Jesús” impulsado por el Espíritu de Dios. Jesús significa Salvador o salvación, y anatema, separación. Por lo mismo quien te sugiere alejarte de la salvación no es el Espíritu de Dios, ni viene de Dios; el Espíritu Santo sólo sabe reunir y no separar: él reúne sin cesar en su tierra a los dispersos de Israel.
5.¿Entonces qué? ¿Busca alguien otra vida más austera? Os aseguro que ésta es la más rigurosa, y si eres sincero verás que corresponde plenamente y en la medida de lo posible a aquella primitiva escuela del Salvador. ¿O es que planeas descender a una vida más confortable?¡Si comprendieras cuántas deudas y acreedores tienes!Verás que lo que haces no es nada, y que es ridículo compararlo con tus deudas.
¿Quieres saber cuánto debes y a quienes?En primer lugar a Cristo Jesús le debes toda tu vida, porque él entregó su vida por la tuya y soportó atroces dolores para librarte de los eternos. ¿Se te hará a ti algo dudo y cruel si recuerdas que él era de condición divina, que vive eternamente, que fue engendrado entre esplendores sagrados antes que el lucero matinal y que es el reflejo y la impronta de Dios? Y vino a tu cárcel, a tu barrio y se hundió hasta el cuello -como suele decirse-en el cieno profundo.
Todo te parecerá suave si reúnes las amarguras de tu Señor y recuerdas, en primer lugar, sus necesidades de la infancia; después, sus esfuerzos en la predicación, sus cansancios en las caminatas, sus tentaciones en los ayunos, sus vigilias en oración, sus lágrimas de conmiseración y las asechanzas cuando hablaba; y finalmente, los peligros por los falsos hermanos, las afrentas, salivazos, bofetadas, azotes, burlas, desprecios, insultos, clavos y otras cosas semejantes. Todo lo que hizo y sufrió en este mundo durante treinta y tres años para nuestra salvación.
¡Qué misericordia tan inmerecida!¡Qué amor tan gratuito y fiel!¡Qué compasión tan increíble!¡Qué dulzura tan admirable!¡Qué mansedumbre tan invicta!¡El Rey de la gloria muere en cruz por el siervo más despreciable, por un simple gusano!¿Quién ha oído tal cosa o quién ha visto algo semejante? Con dificultad se deja uno matar por un justo. Y él murió por los enemigos y los injustos; se desterró del cielo para llevarnos a nosotros allí; es el amigo tierno, el consejero prudente, el apoyo seguro.
6.¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?Aunque disfrutara de la vida de todos los hombres, y viviera todos los siglos de la historia, y realizara todas las actividades de los hombres de ayer, de hoy y del futuro, todo eso no tiene comparación con ese cuerpo. Atrae las miradas y suscita la admiración de las criaturas más excelsas por su concepción del Espíritu, por su nacimiento de una Virgen, por la pureza perfecta de su vida, la riqueza de su doctrina, el asombro de sus milagros y los misterios que ha revelado.
Ahí lo tienes: como el cielo está muy por encima de la tierra, así su vida supera a la nuestra; y la entregó, a pesar de ello, en favor de nosotros. La nada no puede compararse con lo que es: tampoco nuestra vida tiene proporción alguna con la suya, ya que la suya es la más sublime y la nuestra pura miseria. Y no creas que me entrego a exageraciones oratorias: aquí la lengua humana enmudece y el espíritu es incapaz de intuir el secreto de una gracia como ésta.
Así pues, aunque le entregue cuanto soy y puedo, todo eso sólo sería como una estrella ante el sol, como una gota en el río, una piedra junto al alcázar, o un grano de polvo ante una montaña. Sólo poseo dos cosas muy pequeñas e insignificantes: el cuerpo y el alma; o más bien lo único de que dispongo es la voluntad. ¿Y me negaré a entregarla a cambio de la suya que, siendo tan grande, previno con tal cúmulo de favores a un ser tan insignificante, y para recuperarme íntegramente se entregó sin reserva alguna?Si me lo reservo, ¿con qué semblante, con qué ojos, espíritu y conciencia acudiré a la misericordia entrañable de nuestro Dios? ¿Osaré perforar ese muro inexpugnable que protege a Israel, o apropiarme como rescate las gotas y los ríos de sangre que brotan de las cinco partes de su cuerpo? ¡Generación perversa e hijos degenerados!¿Qué haréis en el día de la ruina que se avecina? ¿A quién acudiréis en busca de auxilio?
7.¿Pero soy únicamente deudor de ése a quien sólo puedo dar tan poca cosa?Mis pecados pasados reclaman que consagre toda mi vida a hacer frutos dignos de penitencia, y repase todos mis años en la amargura de mi alma. ¿Quién es capaz de hacerlo?Mis pecados superan las arenas del mar; son incontables y no merezco mirar al cielo por el cúmulo de mi maldad; provoqué tu ira haciendo el mal entre tus ojos. El mal me envolvió por todas partes, mis culpas me abruman y no veo nada.
¿Cómo voy a enumerar lo que no tiene medida?¿Y qué satisfacción daré cuando se me exija devolver hasta el último céntimo?¿Quién conoce sus pecados?Escuchad a esa flauta celeste que es Ambrosio: “Abundan más las personas que conservan intacta su inocencia, que las que hacen la debida penitencia”. A pesar de ello, por mucho que se arrepienta, se aflija y mortifique es por tu nombre, Señor, y no por los méritos de la penitencia por lo que perdonas mi pecado; pues como dice un justo, es muy grave. Aunque dediques exclusivamente a esto tu vida entera, tu saber, lo que tienes y puedes, ¿crees que te valdría de algo? Acabas de dar tu vida a Cristo a cambio de la suya, y ahora el recuerdo de tus pecados pasados te la vuelve a reclamar. ¿Acaso quieres conseguir dos yernos de una hija, como dice el proverbio?
8.Pero voy a presentarte otro tercer acreedor, que te exige toda tu vida con pleno derecho y rigor. Supongo que deseas pertenecer a aquella ciudad de la que se dice: ¡Qué maravillas cuentan de ti, ciudad de Dios! En ti reside esa gloria que ni ojo vio ni oído oyó, ni hombre alguno ha imaginado: el reino perpetuo, vivir siempre en una infinita eternidad. Supongo que deseas unirte a los ángeles de Dios en el cielo, ser heredero de Dios y coheredero con Cristo, cantar eternamente el aleluya en las plazas de la Sión celestial, y contemplar cómo entrega Cristo el reino al Padre y a Dios, que es todo para todos; y finalmente, ser semejante a Dios y verle tal cual es.
Creo asimismo que te abrase el deseo de ver cómo caen las sombras y despunta la aurora ante el resplandor de aquel día grandioso, que disipa la niebla del mundo. Un derroche de calor y de luz; el sol quedará inmóvil, las tinieblas disipadas, las marismas saneadas y eliminados todos sus miasmas. ¿No vale la pena adquirir todo esto entregándote tú mismo sin reservas y todo lo que puedas reunir?Mas una vez que lo realices, no pienses que los sufrimientos de este mundo y de tu cuerpo merecen la gloria que se nos manifestará. No seas tan necio y temerario que intentes ofrecer a cuenta de ello lo poco que tienes: ya se lo han disputado la vida de Cristo y la penitencia de tu pecado.
9.¿Y que me dirás si te presento un cuarto acreedor que reivindica su derecho de primacía sobre los tres anteriores?Aquí mismo tienes al que hizo el cielo y la tierra: él es tu Creador, tú su criatura; tú el siervo, él el Señor; él el alfarero, tú la arcilla. Cuanto eres se lo debes a él, que te lo ha dado. A ese Señor que te creó y te colmó de beneficios, te regala la maravilla de los astros, el aire fresco, la madre tierra y los frutos en sazón. Debes servirle con todo el corazón y todas las fuerzas, para evitar que te mire indignado, te desprecie y te aniquile para siempre y por los siglos de los siglos. No te creo tan insensato que te atrevas a mencionar ni a contar tus propias monedas.
Dime, pues, a quién de los cuatro piensas devolver lo que debes: con todos tienes una deuda tan inmensa que cualquiera de ellos podría estrangularte. ¡Señor, me oprimen: sal fiador por mi!A ti te confío lo poco que tengo: págales tu a todos y líbrame de todas las deudas, pues eres Dios y yo hombre, y puedes hacer lo que nos resulta imposible a los humanos. Yo hice lo que pude: Señor, dispénsame, por favor; tus propios ojos han visto qué imperfecto soy.
¿Será posible que alguien siga murmurando y diga: Trabajamos y ayunamos demasiado, o nuestras vigilias son demasiado largas, al ver que no puede pagar ni la milésima parte de sus deudas? Aquí tenéis, hermanos, vuestra auténtica cuaresma: no la exterior, sino la interior; no la corteza, sino la sustancia del sacramento. De hecho, si a cada uno de estos cuatro acreedores le debéis con toda justicia la perfección total del decálogo, es evidente que multiplicando cuatro por diez nos resulta la cuaresma, o sea la observancia que debemos prolongar toda la vida. El que os ha reunido en este santo lugar, conserve vuestra vida en la obra santa; y así, cuando se manifieste el que es vuestra vida, también vosotros os manifestéis gloriosos con él. Amén.

RESUMEN
El camino correcto es dificultoso, en principio, pero lleno de recompensas. Debemos desprendernos, para caminar con prontitud, de cargas materiales y espirituales. De cualquier forma es el único sendero y nuestra respuesta a las cuatro grandes deudas de nuestra existencia. La primera deuda es regalarnos nuestra vida espiritual, siguiendo el sacrificio y ejemplo de Cristo. La segunda el perdón de nuestros pecados. La tercera la observación futura de las maravillas de Dios. La cuarta es tu propia existencia y la de las cosas que percibes a tu alrededor. Esas cuatro deudas nos animan a seguir el camino marcado por las enseñanzas y los apóstoles. Estamos seguros de que este es el único camino para nuestra evolución espiritual.

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