EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

viernes, 10 de enero de 2020

LOS CUATRO GRADOS DE LA VOLUNTAD BUENA




  1. La Palabra de Dios debe producir dos frutos: sanar las almas viciosas y alentar a las buenas. Al decir viciosas no me refiero a todas las que tienen vicios, sino a las que consienten voluntariamente en él y no resisten lo que pueden. A estas les dice la Verdad en el Evangelio: Ponte de acuerdo con tu adversario mientras vais de camino, etc. No dice con el vicio sino con “tu adversario”. Este adversario es la Palabra de Dios, enemigo implacable de los vicios. Llegar a un acuerdo con él significa confesar lo mismo que el Profeta: Tengo siempre presente mi pecado.
    Para mi las almas buenas no son únicamente las perfectas, sino también las incipientes; tienen vicios, pero luchan y no consienten en ellos. Caen muchas veces por debilidad e ignorancia, como lo dice la Escritura: El justo cae siete veces; pero se levanta de nuevo porque tiene una voluntad buena.
    Aquí está la raíz de un alma buena. Puede poseer muchos otros bienes innatos, como un buen carácter, una memoria feliz, una inteligencia despierta y otros semejantes; pero únicamente la voluntad buena hace buena el alma; y si la voluntad es viciosa, también lo es el alma. Pero afirma muy bien Job que el hombre no permanece nunca en una misma situación: lo mismo retrocede que avanza. Por eso deb progresar en esta voluntad que es aquel camino del Profeta: He aquí el camino, seguidlo. Y en un salmo leemos: Dichosos los que encuentran en ti su fuerza y se deciden de corazón a subir en este valle de lágrimas. El corazón quiere decir la voluntad.
  2. La primera etapa de este camino es una voluntad recta, la segunda una voluntad vigorosa, la tercera una voluntad ferviente y la cuarta una voluntad plena. En el primer grado el alma consiente con su inteligencia a la ley de Dios, pero la carne se rebela y no es capaz de realizar el bien que quiere, sino que hace por su debilidad el mal que detesta. A pesar de ello la voluntad permanece recta; porque de acuerdo con su opositor aborrece en sí misma lo que él reprueba.
    En el segundo no sólo no hace el mal que aborrece, sino que -con dificultad pero con fortaleza-realiza el bien que desea. Y dice como el Profeta: por ser fiel a tus palabras me he mantenido en los caminos duros. En el tercero corre por los caminos de los mandatos de Dios con el corazón dilatado y disfruta en ellos más que con todas las riquezas. Tiene la piel bañada con el óleo de la gracia espiritual y sabe que Dios ama al que da con alegría; por eso se entrega con gozo radiante a cualquier obra buena y grita con el profeta David: Corro por el camino de los mandamientos porque me has ensanchado el corazón.
    En el cuarto grado se encuentran los ángeles, que tienen idéntica facilidad para querer el bien y realizarlo perfectamente. El alma quiere aspirar a ello, pero no puede alcanzarlo mientras vive en el cuerpo, porque éste le sirve de lastre.
    El que no tiene una voluntad recta, es porque se lo impide la intención carnal. Si la tiene recta, pero no vigorosa, se debe a las malas costumbres. Si la tiene ferviente, pero no total, es porque vive aún en el cuerpo. Cuando la voluntad es viciosa se debe orar así: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. La tierra aquí es él mismo y el cielo el que tiene una voluntad recta, porque tanto dista el cielo de la tierra como la voluntad recta de la viciosa.
    La misma oración debe hacer quien tiene una voluntad recta pero débil, viéndose a si mismo como tierra y al de voluntad vigorosa como cielo. Y lo mismo hay que decir de las otras, para que el alma avance sin cesar. Porque si se condena al que se obstina en una voluntad viciosa, también es reprensible al que no se esfuerza por superarse en los otros grados.

RESUMEN

En nuestro avance espiritual primero es necesario tener plena conciencia de nuestra situación alejada de la virtud. Después debemos tener presente que existen cuatro grados: una voluntad recta, l una voluntad vigorosa, una voluntad ferviente y una voluntad plena. En el primero se es incapaz de evitar hacer el mal. En el segund, no sólo evitamos el mal sino que hacemos el bien. En el tercero buscamos el bien con el corazón lleno de alegría. En el cuarto nos estorba hasta la propia realidad física. En cualquiera de las etapas a nuestra situación actual le llamamos “tierra” y a la situación que aspiramos le llamamos “cielo”.

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