EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

martes, 22 de octubre de 2013

TRIPLE CAÍDA DEL HOMBRE Y SU TRIPLE RETORNO


1. Para volver a Dios existe un camino en sentido inverso a la caída del hombre. Cuando Adán vivía en el paraíso lo primero que perdió fue la presencia de Dios. Afirma San Agustín que el tentador nunca habría expulsado del paraíso al hombre, si antes no se hubiera introducido en su alma un movimiento de orgullo. La Escritura es categórica: Delante de la ruina va un corazón soberbio. En segundo lugar perdió la justicia, obedeciendo a la voz de su mujer antes que a Dios. Sabemos que la justicia es la virtud que da a cada uno lo suyo. En tercer lugar perdió la rectitud de juicio: reprendido de su pecado, atribuyó astutamente su culpa al Creador a través de su mujer y dijo: La mujer que tú me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol y lo comí.
 Para volver de su actual destierro, el hombre debe recorrer los mismos grados de virtud de que antes se privó y mereció ser expulsado del paraíso. En primer lugar debe practicar el juicio, después realizar la justicia, y finalmente intensificar la presencia. El juicio nos lo debemos a nosotros mismos, para purgarnos y acusarnos; la justicia se la debemos al prójimo, y a Dios la atención.
2. El profeta Miqueas nos muestra este camino de retorno con estas palabras: Hombre, te voy a decir lo que está bien y lo que el Señor desea de ti: que defiendas el derecho y ames la misericordia, y que vivas solícito con tu Dios. El Apóstol afirma que Cristo enseñó este mismo sendero: La gracia de Dios nuestro Salvador se hizo visible a todos los hombres; nos enseñó a rechazar la vida impía y los deseos mundanos, y a vivir en este mundo son sobriedad, rectitud y piedad. Con sobriedad por lo que se refiere a nosotros, con rectitud para con el prójimo, y con piedad para con Dios. Sigue explicando con más claridad la atención a Dios: Aguardando la dicha que esperamos, la venida gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro.
 Este mismo itinerario y plan de vida lo podemos encontrar en otros muchos textos de la Sagrada Escritura. Como por ejemplo: Dichoso el hombre que permanece en la Sabiduría y medita en la justicia; el que presta atención a la presencia de Dios. Permanece en la sabiduría y es sabio el que se juzga ahora sin cesar, para librarse del juicio eterno de Dios. Como dice el Apóstol: Si nos juzgáramos debidamente nosotros, no seríamos juzgados. Aunque si el Señor nos juzga es para corregirnos, para que no salgamos condenados con este mundo. Es un verdadero sabio, pero no con la sabiduría de este mundo, sino con aquella que procede de las realidades ocultas. La obra admirable de Dios hace que los elegidos sean ahora tallados a base de golpes y tribulaciones, para ser colocados después en el templo del verdadero Saloimón sin el más mínimo ruido de martillos.

RESUMEN Y COMENTARIO

Encontrar a Dios es realizar un camino de retorno, abandonando la soberbia. La historia bíblica de Adán y Eva refleja, perfectamente, este camino con sus dos sentidos. Aquellos primeros padres, y después todo el género humano, optaron por el camino de la autosuficiencia y el olvido de Dios. Debemos volver, entonces, a la naturaleza primigenia de nuestro Creador. Para ello viviremos con sobriedad en cuanto a nosotros mismos, rectitud en cuanto a nuestra relación con los demás y piedad cuando nos dirigimos a Dios. Ejercitar esos principios es la verdadera sabiduría. De alguna forma misteriosa, apartarnos de esos senderos nos somete a golpes y tribulaciones sin número. El cincel del escultor construye, así, poco a poco, casi sin ruido, el verdadero templo de Salomón.

Elementos del triple retorno:

-Juicio (hacia nosotros mismos). La respuesta es la sobriedad
-Justicia amorosa y compasiva hacia todo ser creado. Rectitud con ellos.
-Piedad. Vivir la presencia de Dios

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