EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

domingo, 22 de diciembre de 2019

CUATRO CLASES DE HOMBRES QUE POSEEN EL REINO DE DIOS



Ha puesto su morada en la paz. Existe una paz ficticia, como la de Judá; y otra desordenada, como la de Adán y Eva. En ninguna de ellas está Dios. Unicamente en la paz cristiana, esa que el Señor deja y da a sus discípulos, es donde él reposa. Los predicadores santos la ofrecen a todos los hombres: unos la rechazan y otros la adoptan. Nosotros nos sacudimos el polvo de los pies sobre los que odian la paz, y queremos unirnos con los que aman esta paz.
Entre éstos algunos reciben la paz, otros la conservan y otros la construyen. Podemos llamarlos: apaciguados, pacientes y pacíficos. Dichos nombres les corresponden según los distintos grados de paz que han conseguido. Los apaciguados poseen la tierra de su cuerpo, pues son mansos. Los pacientes poseen su alma porque se les dice: Con la paciencia poseeréis vuestras almas. Y los pacíficos poseen su propia alma y la de aquellos en quienes fomentan la paz. Por eso se les llama con toda razón hijos de Dios.
Apaciguados son los que reciben la paz, y de ellos dice la Escritura: Si hay allí un hijo de paz, descansará sobre él vuestra paz. Pero de hecho son apocados y el viento de los escándalos les arrebata fácilmente esa paz que reciben. Los pacientes conservan la paz que reciben, y no la pierden por muchas injurias que les hagan. Por ser más robustos se les ordena: Amad la paz y la santidad de vida, sin lo cual nadie verá al Señor. Y los pacíficos fomentan la paz en sí mismos y en los demás, e incluso aman a quienes intentan arrebatarla; cumplen aquello de la Escritura: Con los que odiaban la paz yo estaba pacífico. En éstos descansa y pone su morada el Señor. A éstos ama Dios como a hijos suyos, y con estas piedras vivas construye su templo de la Sabiduría. Y para que no las derribe de ese edificio ningún choque, el mismo Dios que lo habita y lo construye las talla por los cuatro costados: arriba y abajo, por la derecha y por la izquierda. Por arriba, haciendo que sometan humilde y sabiamente su voluntad a la divina; por abajo, sometiendo su carne y dirigiéndola con moderación; por la derecha, solidarizándose con los buenos como se lo merecen; y por la izquierda, soportando con valentía a los malos.

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