EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

lunes, 7 de octubre de 2013

CUATRO GRADOS DEL AMOR

Hay dos amores fundamentales: el carnal y el espiritual. De ellos proceden estas cuatro maneras distintas de de amar: amar carnalmente el espíritu, amar espiritualmente la carne y amar espiritualmente el espíritu. Se puede precisar una especie de camino y escala del inferior al superior. Al principio los hombres sólo saben amar carnalmente la carne. Y por ello, para que lleguen incluso a amar espiritualmente a Dios, él se hizo carne, conversó y convivió con los hombres y se hizo amar carnalmente de ellos. 
 Cuando quiso entregar la vida por sus amigos ya amaban su espíritu, aunque todavía de una manera carnal. Y en ese sentido se manifestó Pedro al anunciarles su pasión: "¡No se te ocurra eso. Ten compasión de ti mismo!". Mas una vez que comprendieron que el misterio de la redención se realizaría por esa pasión, amaron espiritualmente su carne en la pasión. Y finalmente, al resucitar y ascender aman espiritualmente su espíritu y cantan llenos de júbilo: Antes conocíamos a Cristo según la carne, pero ahora ya no lo conocemos así.. 
 Algo semejante nos ocurre a nosotros. Amamos carnalmente nuestra carne cuando seguimos sus deseos. Amamos carnalmente el espíritu si lo afligimos en la oración, llorando, suspirando y gimiendo. Amamos espiritualmente la carne si la sometemos al espíritu, la ejercitamos en las buenas obras y la vigilamos con discreción. Y amamos espiritualmente el espíritu cuando por caridad posponemos nuestras ocupaciones espirituales al bien del prójimo. 

RESUMEN Y COMENTARIO
 Empezamos por amar nuestra carne, seguimos por amarla espiritualmente y, en fases finales amamos el espíritu, incluso haciendo concesiones a las aficiones carnales. Es el mismo camino de Nuestro Señor Jesucristo, que se hizo carne para enseñarnos el camino del amor que va de lo intranscendente a lo transcendente: de lo cotidiano a lo universal, de lo carnal a lo espiritual. 
Grado I: amar carnalmente nuestra carne.
Grado II: amar carnalmente el espíritu. 
Grado III: amar espiritualmente la carne.
Grado IV: amar espiritualmente el espíritu.

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