EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA TRIPLE VETUSTEZ Y LA TRIPLE NOVEDAD



1. Lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevemos también la imagen del celeste. Existen dos hombres: el antiguo y el nuevo; el antiguo es Adán, y Cristo el nuevo. Aquel el terreno y éste el celeste. La imagen del primero es la vetustez, y la de éste la novedad. Pero tanto la vejez como la novedad es triple. La vejez reside en el corazón, en la boca y en el cuerpo; con ellos pecamos de tres maneras: de pensamiento, palabra y obra. En el corazón anidan los deseos carnales y mundanos, es decir el atractivo de la carne y del mundo. También en la boca existe una doble vejez: la arrogancia y la calumnia. Y lo mismo en el cuerpo: las torpezas y los crímenes. Todo esto integra la imagen del hombre antiguo, y debe ser renovado en nosotros. 
 Si no hubiese vejez en el corazón no diría el Apóstol: Renovaos en vuestra actitud mental y revestíos de ese hombre nuevo, creado a imagen de Dios, con la rectitud y la santidad de la verdad. Y si no existiera vejez en la boca tampoco diría la Escritura: Desaparezca de vuestra boca todo lo antiguo. No salgan de vuestra boca malas palabras; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno; así hará bien a los que lo oyen. Y de la vetustez corporal nos dice también: Igual que antes caedistéis vuestro cuerpo como esclavo a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total...Y añade insistiendo en su renovación: Entregad ahora vuestros miembros a la honradez, para vuestra consagración.

2. Renuévese, pues, nuestro corazón rechazando los deseos carnales y mundanos, para que lo llene el amor de Dios y el anhelo de la patria celeste. Desaparezcan de nuestra boca la arrogancia y la calumnia, y ocupen su lugar la confesión sincera de nuestros pecados y una gran estima del prójimo. Y a cambio de las torpezas y los crímenes, que envejecen al cuerpo, abracemos la integridad y el dominio propio, expulsando los vicios con las virtudes contrarias.
 Esta renovación la realiza Cristo, que habita en nosotros por la fe. Escuchémosle: Todo lo hago nuevo. Y por eso dice a su esposa en el Cartar: Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo. Así pues, cuando vive en el corazón es sabiduría, en la boca es verdad, y en el cuerpo es justicia. 

RESUMEN

Hombre viejo:

 Corazón: deseos carnales y mundanos
 Boca: arrogancia y calumnia
 Cuerpo: torpezas y crímenes

Hombre nuevo: 

 Corazón: amor de Dios y anhelo de la patria celeste
 Boca: confesión sincera y estima del prójimo
 Cuerpo: integridad y dominio propio

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