EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

jueves, 13 de febrero de 2014

CUARESMA: DE LA ORACIÓN Y DEL AYUNO


De la oración y del ayuno

Habiendo llegado el tiempo del ayuno quadragesimal que os amonesto, que recibáis con toda devoción, juzgo que será razón explicar de algún modo, igual sea el fruto del ayuno, y de qué manera convenga ayunar. En cuanto a lo primero, Hermanos mios, absteniéndonos por medio del ayuno de las cosas lícitas, alcanzamos perdón de las ilícitas, que habíamos cometido antes. ¿Y qué es esto, sino redimir con un breve ayuno el tormento de los ayunos eternos? Poque por el pecado merecimos el infierno, donde ningún manjar hay, ningún consuelo, término alguno: donde el Rico Avariento pide una sola gota de agua, y no hay quien se la dé. Dichoso pues, y saludable el ayuno, con el cual se redimen tales ayunos, y se excusan tales tormentos, puesto que por él se redimen los pecados, que los habían merecido. Mas no solo el ayuno alcanza perdón de la culpa, sino que también merece la gracia: no sólo borra los pecados pasados que cometimos, sino que preserva de los venideros, que podríamos cometer.
2.Diré también una cosa, que facilmene percibiréis, pues la habréis experimentado, si yo no me engaño, en vosotros mismos muchas veces. El ayuno da a la oración devoción, y confianza. Y mira cómo mutuamente se ayudan estas dos virtudes entre si, como está escrito: Si un hermano ayuda a su hermano, ambos recibirán consuelo. La oración alcanza virtud para ayunar, y el ayuno merece la gloria de orar. El ayuno esfuerza a la oración, y la oración santifica el ayuno y la presencia a Dios. ¿Qué nos aprovechará el ayuno, si se quedare en la tierra, lo que Dios no permitirá? Levántese pues a lo alto el ayuno, sirviéndose de la oración como de un ala; a esta añadamos otra, porque acaso una sola no será bastante. La oración del Justo, dice la Escritura, penetra los Cielos. Tenga pues nuestro ayuno, para que fácilmente penetre los Cielos, dos alas, que son la oración, y la justicia. ¿Qué es la justicia, sino una virtud que da a cada uno lo que es suyo? En tus acciones pues deberás, no solo atender a Dios, sino también a los demás; pues eres deudor de sus prelados, y de tus hermanos. Ni quiere Dios que estimemos en poco, a los que él mismo de ningún modo estima en poco. Porque, no sin causa dice el Apóstol: Tened cuidado de obrar lo bueno no solo delante de Dios, sino delante de los hombres también. Tal vez decías ante ti mismo: bástame a mi, que Dios apruebe lo que hago, ¿qué cuidado me da a mi del juicio humano? Pero está cierto,  que de ningún modo le agrada todo lo que hicieres con escándalo de tus hijos, y contra la voluntad de aquel, a quien debías obedecer como vicario suyo. Santificad, dice el ayuno, convocad la junta. ¿Qué es convocar la junta? Conservar la unión, amar la paz, amar la unidad con sus hermanos. Aquel soberbio fariseo ayunó y santificó el ayuno, puesto que ayunó dos veces a la semana, y dio gracias a Dios: pero no convocó la junta, diciendo: Yo no soy como los demás hombres: y por eso estrivando solamente en un ala, no llegó al Cielo su ayuno. Vosotros, carísimos, lavad vuestras manos en la sangre del pecador, y procurad por todos los modos, que tenga vuestro ayuno dos alas, que son la santidad y la paz, sin las cuales nadie verá a Dios. Santificad el ayuno, de suerte que una intención pura, y la devota oración lo ofrezcan a la divina Majestad: Convocad la junta: de modo que vuestros ayunos se conformen, y ajusten a la unidad: Alabad al Señor en el tímpano y en el coro: para que sea concorde a la mortificación del cuerpo.
3.Mas habiendo hablado del ayuno y de la justicia, razón será que digamos algo acerca de la oración. Cuanto más eficaz es, si se hace como se debe, tanto más astutamente suele el enemigo impedirla. Algunas veces se pierde el fruto de la oración por el abatimiento del espíritu, y un temor inmoderado. Lo que sucede, cuando el hombre de tal suerte piensa en su propia indignidad, que no vuelve los ojos a la benignidad de Dios; ni acierta a considerar, que Un abismo llama y trae a otro abismo; esto es, el abismo luminoso al tenebroso, el abismo de la divina misericordia al abismo de nuestra miseria. Profundo es el corazón del hombre e inescrutable: pero aunque es grande mi iniquidad, Señor, mucho mayor es vuestra piedad. Por eso cuando mi alma es turbada en mi mismo, me acuerdo de la incertidumbre de vuestra misericordia, y en ella respiro, y cuando entrare en mis impotencias, no quiero acordarme solamente de vuestra justicia.
4.Así como hay peligro, si la oración es demasiado tímida, así por el contrario, no es menor, sino mayor el peligro, si acaso fuere temeraria. De los que oran así escucha lo que dice el Señor al Profeta: Clama, le dice, no ceses: haz resonar tu voz como una trompeta. Como una trompeta dice, porque con un espíritu vehemente deben ser reprendidos los temerarios. Me buscan a mi, los que todavia no se han hallado así mismos. Ni digo yo esto, para quitar la confianza a los pecadores de orar, sino que quiero, que oren como gente que ha abandonado la ley de su Dios, y no ha obrado según la justicia. Oren por el perdón de sus pecados, en un ánimo contrito y en espíritu de humildad, como aquel publicano, que decía: O Dios, sed propicio a mi pecador. Yo llamo temeridad, cuando el hombre, en cuya conciencia todavía reina el pecado o el vicio, se deja llevar de pensamientos remontados, y que exceden sus fuerzas, poco cuidadoso del peligro de su alma. El tercer peligro es, que la oración sea tibia y no proceda de un afecto fervoroso. La oración tímida no penetra los Cielos, porque el excesivo temor  la detiene, y hace que no solo no suba a lo alto, sino que ni pase adelante. La oración tibia en la misma subida desfallece, porque no tiene calor ni vigor para subir. La oración temeraria sube a lo alto, más luego resurge para abajo, porque halla quien la resiste, y no solo no alcanza gracia, sino que incurre en ofensa. Mas la oración fiel, humilde y fervorosa sin duda penetra los Cielos, de los cuales nunca volverá vacía.

RESUMEN
Fruto del ayuno y modos de ayunar. Unión del ayuno y de la oración. La oración y la justicia son las alas del ayuno. Entiende el Santo frecuentemente en la justicia la piedad y pureza de las costumbres, según lo manifiesta también la Escritura. Dos alas del ayuno son también la honestidad de vida y la paz. En tres defectos pueden incurrir los que oran:
 1.El demasiado temor
 2.La temeridad
 3. La tibieza
 Tres condiciones de la oración: debe ser fiel, humilde y fervorosa.

1 comentario:

  1. Alguien pone en practica una mínima parte de lo que aconseja en este último párrafo? Si las cosas se hicieran tal como lo dice está epístola, sería otra la realidad en la vida.

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