EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

lunes, 1 de septiembre de 2014

SERMÓN XIX: CÓMO AMAN A CRISTO CADA UNO DE LOS ÓRDENES ANGÉLICOS


SERMÓN XIX SOBRE EL CANTAR DE LOS CANTARES: CÓMO AMAN A CRISTO CADA UNO DE LOS ÓRDENES ANGÉLICOS.

I. CON QUE COHERENCIA SE DICE: POR ESO SE ENAMORAN DE TI LAS DONCELLAS.
II. RAZÓN POR LA QUE CADA UNO DE LOS ÓRDENES ANGÉLICOS AMAN A CRISTO EL SEÑOR.
III. POR QUÉ LE AMAN TAMBIÉN LAS DONCELLAS; Y AMONESTACIÓN A LOS NOVICIOS QUE NO SE ACOMODAN A LA VIDA COMÚN

I. 1. La esposa pronuncia aún palabras amorosas, prosigue cantando las alabanzas del esposo y desafía su gracia, demostrándole que los dones ya recibidos no han quedado estériles en ella. Escucha lo que a continuación le dice: Por eso se enamoran de ti las doncellas. Como si dijera: "No en vano, esposo mío, se vacío tu nombre de su perfume, derramándose sobre mis pechos; pues por eso se han enamorado de ti las doncellas". ¿Por qué? Por la fragancia de tu nombre, por el perfume con que has ungido los pechos. Eso ha despertado su amor al esposo, por eso se han enamorado.
 En cuanto recibió la esposa la infusión de esa gracia, inmediatamente percibieron su fragancia las que antes eran incapaces de vivir lejos de su madre; y embelesadas por su dulzura, exclaman: El amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. La esposa, encomiando la entrega de estas doncellas dice: "Ahí tienes, esposo mío, el fruto de la efusión de tu nombre; eso es lo que les ha cautivado. Cuando te has derramado, han percibido lo que no podían apreciar cuando estaba intacto; por eso se enamoraron de ti". Esta efusión hizo a tu nombre cautivador y por lo mismo amable, mas sólo para las doncellas. Las más maduras gozan de él en su integridad y no necesitan que se derramen.
II. 2. La criatura angélica, por la penetración irrefutable de su espíritu, contempla el vasto abismo de los designios de Dios, y feliz con el inefable deleite de su suprema equidad, encuentra su gloria en ejecutarlos y manifestarlos mediante su ministerio: por eso ama justamente a Cristo el Señor. ¿Qué son todos sino espíritus en servicio activo, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salvación? Así los arcángeles -para atribuirles lo que les diferencia de los simples ángeles- creo que gozan maravillosamente,  porque son acogidos a una mayor intimidad para participar de los designios de la divina Sabiduría, y los ejecutan con máxima discreción en su lugar y a su debido tiempo. Por esta razón ellos también aman a Cristo el Señor.
 Los otros bienaventurados -llamados Virtudes, quizá porque escudriñan con gozosa curiosidad las causas eternamente ocultas del poder y de los prodigios de Dios, admirando su divina disposición, y muestran libremente cuando quieren signos maravillosos con todos los elementos del mundo-, no sin razón viven inflamados en el amor del Señor todopoderoso y de Cristo, poder e Dios. No en vano la máxima dulzura y gracia es contemplar en la Sabiduría misma los misterios secretos y recónditos de la verdad. Para ellos no es menor motivo e honor y gloria, que haya quedado la creación en sus manos, para que los efectos e las causas ocultas a los hombres, se contemplen y admiren en el Verbo de Dios.
3. Por su parte, los espíritus denominados Potestades, se extasían contemplando y ensalzando el divino poder de nuestro Crucificado, que abarca de extremo a extremo todas las cosas. Han recibido además el poder de arrojar y domeñar la astucia de los demonios, enemigos de los hombres, en beneficio de los herederos de la salvación. ¿No es ésta una razón más que justa para amar al Señor Jesús?
 Sobre ellos están los Principados, que contemplan a Cristo desde más hondas profundidades, descubren claramente que es principio de todo, engendrado antes que toda criatura; por ello reciben tal primacía que su poder se extiende sobre toda la tierra. Ocupan, por así decirlo, la cumbre más elevada de la creación y desde allí pueden cambiar a su arbitrio los reinos y principados, y toda clase de dignidades; y según los méritos de cada uno relegar a los últimos puestos a quienes ocupaban los primeros, o subir a los primeros puestos a quienes eran los últimos, derribando del trono a los poderosos para exaltar a los humildes. Aquí encontramos el motivo de su amor.
 Pero también le aman las Dominaciones. ¿Por qué? Llevadas de una encomiable presunción, se ven impelidas a indagar con la mayor sutileza y profundidad en el dominio sublime e insuperable de Cristo, que invade con su poder y su presencia a toda creación, desde lo más sublime hasta lo más ínfimo. Un poder que subyuga el curso del tiempo a sus justísimos designios, e igualmente la dirección de los cuerpos y las tendencias de los espíritus, guardando entre todos la más bella armonía. Y hace esto con tal atención y vigilancia que ningún ser puede eludir jamás su debida finalidad en una sola letra, como se dice, o en un solo punto; y con un comportamiento tan natural que su conducta nunca se conturba por preocupación alguna.
 Contemplan al Señor de toda la creación gobernándola con tal tranquilidad, que se extasían  en la más absorta y dulce admiración. Arrebatados serenamente por la inmensa profundidad de la claridad divina, se abisman en el fondo más oculto de este asombroso equilibrio, con el que gozan de tal paz, y serenidad que, por respeto a su soberanía, todos los demás espíritus le sirven como si fuesen verdaderos ministros de estas verdaderas Dominaciones.
4. Dios tiene su sede sobre los Tronos. Pienso que estos espíritus, más que todos los enumerados, tienen motivos más justos y numerosos para amar. Si entrases en el palacio de cualquier rey humano, ¿no verías que entre todas las sillas, escaños y sedes sobresale más elevado el trono real? No es necesario preguntar dónde suele sentarse el rey; en seguida se descubre su sede, más encumbrada, más artística que todas las restantes. Con esta misma facilidad percibirás que, por un derroche de magnificencia, estos espíritus se destacan sobre los otros, porque la majestad divina los eligió para sentarse sobre ellos; pero se lo deben a su especial  admirable condescendencia.
 Si una sede es siempre símbolo de magisterio, creo que el único maestro que tenemos en el cielo y en la tierra, Cristo, sabiduría de Dios, abarca a todos los seres por su pureza, pero muy especialmente ilustra a éstos con su presencia. Ellos forman su sede por excelencia y desde ella comunica su sabiduría, como en solemne audiencia, al ángel y al hombre. Aquí conocen los Ángeles los mensajes divinos, y los Arcángeles los designios de Dios. Aquí aprenden todos los demás, Potestades, Principados o Dominaciones cómo deben cumplir su ministerio, cómo pueden sentirse orgullosos de su dignidad, y por encima de todo no abusar del poder recibido, refiriéndolo a su propia voluntad o a su propia gloria.
5. Pero ese gran ejército de los llamados Querubines, si atendemos a lo que significa su nombre, nada han recibido, ni indirectamente, de los restantes espíritus. El Señor Jesús en persona se digna introducirlos en toda la plenitud de la verdad, revelándoles profusamente todos los tesoros del saber y del conocer escondidos en Dios. E igualmente los que llevan el nombre de Serafines. También los atrajo hacia sí el mismo Dios Amor, los absorbió y los arrojó a la entraña ardiente de su santo amor. Se diría que forman un solo espíritu con Dios, como el fuego cuando inflama al aire le comunica todo su calor y lo reviste de su color: más que aire abrasado parece fuego.
 Los Querubines y Serafines, pues, gozan inefablemente contemplando a Dios: los primeros, su ciencia sin media; y los segundos, su amor inextinguible. Su respectiva supremacía sobre los demás es la razón de su nombre: Querubín significa plenitud de cienci Mua, y Serafín abrasador y abrasado.
6. Por tanto, los Ángeles aman a Dios por la suma equidad de sus juicios: los Arcángeles, por la soberana sabiduría de sus designios; las Virtudes, por la bondad de sus signos, mediante los cuales se digna atraer a la fe a los incrédulos; las Potestades le aman por la fuerza de su justísimo poder, con el cual acostumbra a rechazar y evitar a los buenos la crueldad de los malvados; los Principados, por la primordial vitalidad con que da el ser y el principio vital a toda criatura, superior o inferior, espiritual o corporal, alcanzando con vigor de extremo a extremo; las Dominaciones, por su serenísima voluntad con que lo ordena todo como ser poderoso, disponiéndolo amablemente con mayor fuerza, si cabe, conforme a s inmensa bondad e imperturbable serenidad. Le aman los Tronos por la liberalidad con que muestra su sabiduría comunicándose a sí mismo sin envidia, y por la unción con que instruye gratuitamente en todas las cosas. Por su parte, le  aman los Querubines porque el Señor es un Dios que sabe, y conociendo lo que cada ser necesita para su salvación, distribuye discreta y oportunamente sus dones a quienes se lo piden con veneración. Y le aman los Serafines porque es amor   y conociendo lo que cada ser necesita para su salvación, distribuye discreta y oportunamente sus dones a quienes se lo piden con veneración. Y le aman los Serafines porque es amor y no odia a ninguna de sus criaturas, pues quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad.
III. 7. Todos ellos, pues, le aman en la medida en que lo conocen. Pero como las doncellas le comprenden menos, también perciben menos y son incapaces de llegar a tanta sublimidad; por eso, siendo aún niñas en Cristo, serán alimentadas con leche y manteca. Tendrán que acercarse a los pechos de la esposa para amarle. Ella lleva bálsamo derramado y su aroma las incita a gustar y sentir qué bueno es el Señor. Y cuando advierten que arden de amor, se vuelve al esposo para decirle: Tu nombre es como bálsamo fragante; por eso te quieren tanto las doncellas. ¿Qué significa “tanto”? Mucho, con apasionamiento, con ardor.
 Esto os afecta quizá indirectamente a vosotros que acabáis de llegar al monasterio. Porque este lenguaje espiritual desaprueba vuestra vehemencia menos discreta, incluso vuestra obstinada intransigencia, que muchas veces intento reprimir. Os empeñáis en no contentaros con la vida común. No os bastan los ayunos señalados pr la regla, ni las solemnes vigilias, ni la observancia regular. Os parece excesivo el vestio y el alimento que os damos; preferís la singularidad a lo común. Si os confiasteis un día a nuestra solicitud, por qué volvéis a gobernaros a vosotros mismos?
 Tomáis de nuevo consejo no de mí, sino de vuestra propia voluntad, por la que tantas veces ofendisteis a Dios, según lo atestiguan vuestras conciencias. Ella os enseña a no ser indulgentes con vuestra naturaleza, a no doblegaros ante la sensatez, a prescindir del consejo y del ejemplo de los mayores, a no obedecerme a mí. ¿Es que ignoráis que obedecer vale más que un sacrificio? ¿No habéis leído en vuestra regla que aquello que se realiza sin el beneplácito o el consentimiento del padre espiritual será condenado como presunción y vanagloria e indigno de recompensa? ¿Tampoco habéis viso en el Evangelio el modelo de obediencia que el Niño Jesús propuso a los niños santos? Cuando se quedó en Jerusalén y respondió a sus padres que debía estar en la casa de su Padre, viendo que ellos no se lo consentían, no desdeñó seguirlos a Nazaret, el Maestro a sus discípulos, Dios a unos hombres, el Verbo y la Sabiduría de Dios a un artesano y a una mujer. ¿Añade algo más el sagrado relato? Sí: que siguió bajo su autoridad. ¿Hasta cuándo os vais a tener por sabios? Dios se entrega y se somete a unos seres mortales ¿y vosotros seguís aún por vuestros caminos? Habéis recibido el buen espíritu, pero no os servís bien de él.
 Temo que en s lugar acojáis a otro que os haga caer bajo apariencias de bien, y después de haber comenzado siguiendo al espíritu, terminéis en la carne. ¿No sabéis que el espíritu de Satanás se disfraza de mensajero de luz? Dios es Sabiduría, y quiere que le amemos con dulzura y sabiduría. Por eso dice el Apóstol: Ofrecedle un culto auténtico. De lo contrario, se burlará fácilmente de vuestro celo el espíritu el error, si despreciáis la prudencia. Ese astuto enemigo no conoce otro procedimiento más eficaz para arrancar del corazón el amor, sino conseguir, si puede, que vivamos sin prudencia y sin discernimiento. Por eso pienso ofreceros algunas consideraciones que deben tener en cuenta los que aman a Dios. Pero como este sermón está pidiendo su terminación, intentaré exponerlas mañana, si Dios me da vida y tiempo para prepararlo, como ahora he tenido para hablaros. Además, tras el descanso nocturno nos hallaremos más despejados; y sobre todo, después de la oración –así lo esperamos-nos reuniremos con más interés para escuchar el sermón sobre el amor. Con la ayuda del Señor Jesús, Cristo, a quien sea el honor y la gloria por siempre eternamente. Amén.
RESUMEN Y COMENTARIO
 La gracia derramada de nuestro Señor, vertida sobre el género humano, hace que nos acerquemos a la majestad del Santo Nombre y busquemos la unión mística con Cristo.
 Ese mismo amor y atracción es compartido por los seres angélicos que colaboran en la labor de la redención, y salvación, de la humanidad, al mismo tiempo que son conocedores de secretos para nosotros intangibles e impensables.
 Las potestades pueden con la astucia de los demonios. Los principados pueden cambiar la organización de los diversos reinos. Las dominaciones controlan  y contemplan todo lo creado. Querubines y Serafines atesoran otras grandes virtudes.
En todo el orden angélico predomina la obediencia. El Señor Jesucristo, en su niñez, dió muestras de obediencia. Debemos considerar a la obediencia como una joya espiritual y uno de los mayores sacrificios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario