EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

lunes, 3 de marzo de 2014

CUARESMA: SERMO NONUS

Sobre el verso noveno: "Porque tú eres, Señor, mi esperanza. Hiciste del Altísimo tu refugio".


Capítulo 1

    Escuchemos hoy también, hermanos, algo sobre la promesa del Padre, la expectación de los hijos, el término de nuestra peregrinación, el precio de nuestros trabajos, el fruto de la cautividad. Dura es, por cierto, esta cautividad. No la normal que sufrimos por el  hecho de ser hombres, sino esa otra que nosotros mismos hemos elegido: mortificar nuestras propias voluntades y empeñarnos en perder hasta la propia vida en este mundo, entre los grilletes de rígidas observancias, en esta cárcel de dura penitencia. Esclavitud miserable de verdad si se abraza por coacción y no libremente. Pero como ofrecéis a Dios un sacrificio voluntario y violentamos voluntariamente la voluntad, es que existe por medio una razón: la razón suprema por excelencia. ¿Puede pesarnos lo que hagamos por él, aunque nos resulte difícil y trabajoso?
  A veces, la misma contrariedad del esfuerzo provoca compasión; pero, mirando a sus motivaciones, suscita una felicitación, mucho más si todas las buenas obras se realizan no sólo por Dios, sino gracias a Dios. Porque es Dios quien activa en vosotros ese querer y ese actuar que sobrepasan la buena voluntad. Él es el autor y el remunerador de la obra, él es la recompensa total. Así, ese Bien sumo, cuya simplicidad es tan perfecta en sí misma, viene a ser en nosotros la causa de todos los bienes, la eficiente y la final. Felices, amadísimos, porque, bajo el peso de todos estos trabajos, no ya os mantenéis firmes, sino que lo superáis todo gracias al que os amó. ¿No es también por él? Evidente. Ya lo dice el Apóstol: Si los sufrimientos de Cristo rebosan en vosotros, gracias al Mesías rebosa en proporción vuestro ánimo.

Capítulo 2

     Por Dios es una expresión muy común y trivial. Pero, cuando no se usa superficialmente, es muy profunda. Brota con frecuencia de la boca de los hombres, aun cuando consta que su corazón está muy lejos de esas palabras. Todos piden limosna por Dios, todos suplican auxilio por Dios. Pero es muy corriente pedir por Dios lo que Dios no quiere, porque no se desea por Dios, sino precisamente contra Dios. Sin embargo, es una expresión viva y eficaz cuando, como debe ser, brota desbordante de una profunda piedad y de la más pura intención del espíritu; no maquinalmente, por rutina o por simple convencionalismo para convencer a otro. El mundo pasa, y su codicia también. Y se comprobará la inutilidad e inestabilidad de su firmeza cuando desaparezca el afán por cuya causa se ha desvivido. Pues, al evaporarse su mismo estímulo, desaparece con él todo cuanto en él se apoyaba. Por eso, el que cultiva los bajos instintos, de ellos cosechará corrupción, porque toda carne es heno, y su belleza como flor campestre; se agosta la hierba y se marchita la flor. Únicamente el ser por esencia es causa que nunca falla y no flor del campo, sino Palabra de Dios que dura por siempre. El mismo lo dice: El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

Capítulo 3

     Fuisteis inteligentes, amadísimos, eligiendo con gran acierto manteneros en la senda establecida, atentos a la voz de su boca para sembrar donde no puede perderse el más insignificante grano de vuestra semilla. Pues quien siembre mezquinamente, no dejará de cosechar, pero segará mezquinamente. El que cosecha recibe su recompensa. Y ya sabemos quién prometió que no quedará sin paga de justo ni siquiera el que dé un vaso de agua fresca al sediento. Si la misma medida que uséis la usarán con vosotros, ¿será igual la recompensa de quien no sólo dio un vaso de agua fresca, sino que, derramando su sangre, bebió el cáliz de la salvación que le presentaron? No se trata de un vaso de agua, sino del cáliz rebosante y embriagador, lleno de vino puro drogado. Sólo mi Señor Jesús, el único totalmente limpio, tuvo un vino puro y puede sacar pureza de lo impuro.
   Sólo él tuvo vino puro, y por su divinidad es sabiduría que lo atraviesa y lo penetra todo y nada inmundo le contamina. Porque en su humanidad no cometió pecado ni encontraran mentira en su boca. Sólo él fue el único que sufrió la muerte sin contraerla por su propia naturaleza, sino por la opción de su libertad; no lo hizo por interés propio, pues no necesita nuestros bienes, ni para recompensar un favor con otro favor. El dio la vida por sus amigos sólo para rescatarlos, para transformar en amigos a los enemigos.
   Cuando aún éramos pecadores, nos reconcilió por la sangre de su Hijo. O mejor, murió por los amigos no porque le amaron, sino porque él ya los amaba. En esto consiste la gracia: no en que nosotros amáramos a Dios, sino en que él las amó mucho antes. ¿Quieres saber con cuánta antelación? Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por medio del Mesías nos ha bendecido desde el cielo con toda bendición del Espíritu. Porque nos eligió con él antes de crear el mundo. Y añade poco después: Agraciándonos por medio de su Hijo querido. ¿Cómo no iba a queremos en él, si él nos eligió? ¿Cómo no vamos a contar con su gracia, si la hemos recibido en él? Para esto murió a su tiempo por los culpables; pero, debido a la predestinación, murió por sus hermanos y amigos.

Capítulo 4

    En cualquier caso, el vino puro es suyo y de él solo. Ninguna otra persona se atreverá a negar que no se le pueden aplicar a ella estas palabras del Profeta: Tu vino está aguado. Primero, porque nadie se ve limpio de impureza; nadie puede presumir de que su corazón es totalmente puro. Segundo, porque todos debemos pagar necesariamente el tributo de la muerte. Tercero, porque entregar la vida por Cristo es un atajo para llegar a la vida eterna. ¡Ay de nosotros si nos avergonzáramos de dar este testimonio! Cuarto, porque a un amor tan grande  como  el que nos ha mostrado y dispensado por pura gracia, sólo podemos corresponder con un amor desigual y lánguido.
  Sin embargo, no desprecia esa mezcla sin mixtura. Por eso, el Apóstol afirma confiadamente que va completando en su carne mortal lo que falta a los sufrimientos de Cristo. Aunque a los llamados se les dé dará a todos por igual el mismo denario de la vida eterna, hay diferencia entre el resplandor del sol, el de la luna y el de las estrellas; y sucede igual en la resurrección de los muertos. La casa es la misma, pero tiene diversos aposentos con respecto a la eternidad y su bienestar. De modo que al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba. Más con respecto a la superioridad y a la diferencia de los méritos, dependerá de lo que cada cual haya trabajado y no se perderá absolutamente nada de cuanto se haya sembrado en Cristo.

Capítulo 5

     Os he dicho esto, hermanos, para que valoréis la gracia de esa afirmación tan espiritual que hoy nos corresponde contemplar: Porque tú eres, Señor, mi esperanza. En todo lo que debemos hacer, en todo lo que debemos evitar, en todo lo que debemos sufrir y en todo lo que debemos decidir, tú eres, Señor, mi esperanza. Esta es mi única razón para confiar en todas las promesas y la única base de toda mi expectación. Otro recurrirá a sus méritos, se jactará de haber cargado con el peso del día y del calor, dirá que ayuna dos veces por semana y hasta se gloriará de no ser como los demás. Mas para mi lo bueno es estar junto a Dios, hacer del Señor mi esperanza.
   Esperen otros en otras cosas; quizá alguien confíe en el saber de las ciencias, o en la sagacidad mundana, o en cualquier otra vanidad; yo tengo por pérdida y basura todas estas cosas, porque tu eres, Señor, mi esperanza. Quien lo prefiera, que ponga su confianza en riquezas tan inciertas; pero yo no espero ni siquiera mi ración de pan sino de ti, fiándome de tu palabra, por la que todo lo he abandonado. Buscad primero que reine su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. Porque a ti se encomienda el pobre, tu eres el socorro del huérfano. Si me halagan con premios, esperaré conseguirlos de ti. Si un ejército acampa contra mí, si se enfurece el mundo, si brama el maligno, si la carne codicia contra el espíritu, yo esperaré en ti.

Capítulo 6

     Saborear esto, hermanos, equivale a vivir de la fe; sólo podrá decir de corazón: Porque tú eres, Señor, mi esperanza, aquel a quien interiormente   mueva el Espíritu a volcar en Dios sus afanes, convencido de que Dios lo sustentará, tal como lo dice también el apóstol Pedro: Descargad en Dios todo agobio, que a él le interesa vuestro bien. ¿Para qué, si lo sabemos; para qué vacilamos en desechar toda esperanza vil, vacía, inútil, seductora, y no ambicionamos únicamente esta esperanza tan segura, tan completa y tan feliz con toda la devoción del alma y con todo el fervor del espíritu? Si fuese para él imposible o difícil alguna cosa, busca otro en quien confiar. Pero todo lo puede con su Palabra. ¿Hay algo más trivial que decir una palabra? Cierto; pero no quiero que concibas así su Palabra. Si decretó salvarnos, seremos liberados siempre; si quiere darnos la vida, la vida está ya en su voluntad; si desea concedernos los premios eternos, puede hacerlo. Quizá no dudes de que lo puede precisamente; pero ¿sospechas de su voluntad de hacerlo? También son manifiestos los testimonios acerca de sus designios. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
   ¿Podrá jamás abandonar al que espera en él esa majestad que con tanto empeño nos amonesta a que confiemos en él? Está muy claro que no dejará plantados a quienes esperan en él. El Señor los protege y los libra, los libra de los enemigos y los salva. ¿Por qué razones, por qué méritos? Escucha lo que dice a continuación: Porque se acogen a él. Motivo muy amable, pero eficaz y además irrevocable. Ahí está, sin duda, la salvación; pero nace de la fe, no de la ley. En cualquier tribulación en la que clamen a mí los escucharé. Enumera, pues, tus tribulaciones. Según su número, tu alma recibirá otros tantos consuelos, con tal de que no recurras a otro, siempre que lo invoques a él y en él esperes; si es que no eliges como refugio algo ridículo y terreno, sino al Altísimo. ¿Quién esperó en el y quedó abandonado? Es más fácil que pasen el cielo y la tierra que sus palabras.

Capítulo 7

      Porque hiciste del Señor tu refugio, dice el salmo. Y no se acercará allí el tentador, no subirá allí el calumniador, no llegará allí el acusador de nuestros hermanos. Recordad que al comienzo del salmo se dice esto del que mora al amparo del Altísimo, refugiándose en él ante la debilidad del espíritu y en la tormenta. Porque se siente una doble necesidad de refugiarse: contiendas por fuera y temores por dentro. Sería menor esta necesidad de huir si la fuerza interior resistiese firmemente los asaltos exteriores y la propia debilidad se robusteciese con la paz interior. Porque hiciste del Señor tu refugio.
   Hermanos, huyamos allá con frecuencia; en aquel alcázar no podemos temer a ningún enemigo. ¡Ojalá pudiéramos permanecer más en él! En esta vida no es factible. Pero lo que ahora es sólo un refugio terminará siendo una tienda; una tienda sempiterna. Entre tanto, aunque no se nos permita quedarnos, debemos refugiarnos allí con frecuencia. En toda tentación, en toda tribulación y en cualquiera otra necesidad tenemos abierta la ciudad de refugio y nos acoge el seno materno; nos aguardan los huecos de la peña y se nos manifiesta la entrañable misericordia de nuestro Dios.

Capítulo 8

     Creo, hermanos, que podría ser ya suficiente todo lo dicho como comentario de este verso si el Profeta se hubiese expresado como en algunos otros salmos: Porque en ti he esperado. Pero dice: Tú eres, Señor, mi esperanza. Porque no sólo espera en él, sino que le espera a él. Y es que el objeto de la esperanza, en sentido más estricto, es lo que esperamos y no aquello en que esperamos. Hay algunos que desean alcanzar del Señor algunos bienes materiales o espirituales. Pero el amor perfecto sólo ansía el sumo bien y exclama con toda la vehemencia de su anhelo: ¿No te tengo a ti en el cielo. Y contigo, ¿qué me importa la tierra? Se consume mi corazón por Dios, mi lote perpetuo.
   Hoy nos lo realzaba en pocas palabras, pero preciosamente la lectura del profeta Jeremías: El Señor es bueno para los que en él esperan y para el alma que lo busca. Subrayemos el detalle de la diferencia de número en la misma frase: el verbo "esperar" está en plural, como si fuera algo común a muchos; pero el verbo buscar en singular, porque corresponde a una pureza singular, a una gracia singular, a una perfección singular, propia de quien, además de esperarlo todo de Dios, a nadie busca sino a él. Si su bondad es grande con los primeros, ¿cuánto mayor no será con éstos?

Capítulo 9

     Con razón, pues, se dice al alma que lo busca: Hiciste del Altísimo tu refugio. Porque, si tiene tal sed de Dios, no desea hacer tres chozas, como Pedro en el monte terrenal, o tocarle, como María en esta vida, sino que exclama rotundamente: Date prisa, amor mío, como el gamo, como el cervatillo por las lomas de Betel. Porque ha oído sus palabras: Si me amarais, os alegraríais de que me vaya con el Padre, porque el Padre es más que yo. También le escuchó: Suéltame, que aún no estoy arriba con el Padre. Y, conociendo este consejo celestial, dice con el Apóstol: Aun cuando hemos conocido a Cristo según la carne, añora ya no lo conocemos así. Por las lomas de Betel, dice; esto es, por encima de todos los principados y potestades, ángeles y arcángeles, querubines y serafines, pues no hay otros montes, sino ésos; en la casa de Dios, que eso significa Betel. Es decir, en la derecha del Padre, donde va el Padre no es más que él; en la derecha del Altísimo, deseando poseer al Coaltísimo. Esta es la vida eterna: reconocer al Padre como único Dios verdadero, y a su enviado Jesucristo, verdadero Dios y uno con él, soberano y bendito por siempre. Amén.
RESUMEN
Vivimos en completa renuncia por Dios y por el efecto de su gracia. Sabemos que el cielo y la tierra pasarán pero sus palabras no pasarán. Por tanto, podemos decir que hacemos sinceramente las cosas por Dios. Cristo murió por sus hermanos y amigos, pero esa amistad fue elegida no por nosotros sino por Él mismo, ofreciéndose no como agua para calmar la sed sino como vino puro y santo. El vino de los demás siempre estará aguado. Todos debemos pasar por la muerte y a cada uno se nos exigirá según se nos dio. Nuestra verdadera esperanza está en Cristo y no en otras cosas llenas de vanidad domo la ciencia. Podemos tener toda nuestra esperanza no por la ley, sino por la fe, porque dio su vida por nosotros y siempre que nuestra esperanza sea únicamente Él. Muchos esperamos a Cristo para vivir en Cristo, pero el objetivo final debe ser una búsqueda personal  para llegar hasta Él. Y si lo amamos de verdad no queremos que permanezca entre nosotros sino que vaya al Padre para compartir una misma naturaleza divina.

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