EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Nuestro objetivo es recoger la mayor parte de los sermones de San Bernardo de Claraval. Al mismo tiempo, añadir iconos y resúmenes que faciliten la lectura. Progresivamente LAS ENTRADAS SE IRÁN ADAPTANDO A LOS TIEMPOS LITÚRGICOS DE CADA AÑO Y PERFECCIONANDOSE EN CUANTO A SU ORTOGRAFÍA Y A SUS RESÚMENES, de tal manera que su ubicación sea significativa.



Nota(1): Desde Noviembre del 2012 (inclusive) los sermones se van colocando para el día en que fueron redactados. En ese mes llamará la atención que hay dos dedicados a San Malaquías que coinciden con el día de los fieles difuntos. La festividad de Cristo Rey no existía en aquellos tiempos. Fue instaurada en 1925.



Nota(2): Los Sermones sobre el Cantar de los Cantares se agrupan, progresivamente, en el día 1 de Septiembre del 2012

lunes, 4 de noviembre de 2013

LA VISIÓN DE ISAÍAS. SERMÓN SEGUNDO. PRIMER DOMINGO DE NOVIEMBRE


1. Cuando nuestro gran contemplativo ve al que está sentado en el trono, exclama: Toda la tierra está llena de su gloria. ¡Venga, Señor, tu reino, y llena la tierra de tu gloria, lo mismo que llenas el cielo! El jefe de este mundo está loco de alegría, porque la tierra está en poder de los malvados. Es su hora y el dominio de las tinieblas. No os preocupéis: el que fue expulsado del cielo, también será eliminado de la faz de la tierra y encadenado en las mazmorras del abismo. Por eso el profeta David, después de ensalzar la felicidad de los santos, añade esta frase contra el maligno y sus ángeles cómplices: No así los malvados, no así: serán paja que el viento se lleva de la haz de la tierra. 
 Desde ese instante ya no habrá posibilidad de tentar, ni permisión para turbar, ni capacidad de hacer daño. El mundo entero estará lleno de su gloria, porque nadie quebrantará su voluntad, y las criaturas se verán liberadas de la esclavitud a la corrupción, por la que ahora lanzan un gemido universal con los dolores de parto. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, y doquiera dirijas tu mirada el rostro de cada criatura será un nítido espejo de la majestad divina. 
2. Pero tienes otra tierra mucho más cerca de ti, y que te exige un cuidado mayor y más obligado. Porque nadie odia su propia carne. Consuélala,  repítele que la gloria del Señor llenará toda la tierra, y así descansará serena. 
 ¿Es posible, hermanos, que la gloria divina pueda llenar ahora nuestro cuerpo, cuando un hombre tan grande como Pablo, que poseía las primicias del Espíritu, gemía inconsolable diciendo: Veo claro que en mi cuerpo no anida nada bueno? El pecado, ciertamente, ya no dominaba en su cuerpo mortal. Pero fíjate cómo se atribuye un cuerpo mortal y niega únicamente el dominio del pecado. Él sentía en sí mismo esa ley del pecado, que será suprimida cuando llegue la plenitud de la gloria. Más aún: como último enemigo aniquilará a la muerte. 
 Así, pues, nuestra tierra quedará inundada de la gloria del Señor cuando desaparezca todo vestigio de pecado y pena de muerte. Nuestra tierra, insisto, se llenará de la majestad del Señor cuando se revista de la gloria de la resurrección, luzca la estola de la inmortalidad y se identifique con el cuerpo glorioso de Cristo. Pues aguardamos un Salvador, que transformará la bajeza de nuestro ser reproduciendo en nosotros el resplandor del suyo. ¿Todavía murmuras, carne miserable? ¿Por qué sigues tan rebelde y tienes apetencias contrarias al espíritu? Si te humilla, castiga, esclaviza, es porque busca su bien con tanto interés como el suyo. ¿Por qué envidias a aquellos que se degradan pidiendo prestada esa gloria tan poco gloriosa de los gusanos de seda o de las pieles de musaraña? Con una compostura indigna, de varones, y totalmente prohibida a las mujeres, en vez de adornarse se degradan. Deja que ellos reformen, o más bien deformen su cuerpo. Tú procura vivir en humildad y el artista que te formó te reclamará. Si eres sensato, confía en esa mano que reconstruirá lo que él mismo creó. 
3. Mas sigue escuchando lo que acontece en esa visión del Profeta: y cuanto estaba debajo de él llenaba el templo. Por eso dije antes que te humillaras ante la mano poderosa de Dios, para que te levante a su tiempo. Intenta someterte a él si deseas estar con él. ¿O crees que admitirá indistintamente a los hombres en ese templo tan glorioso, en el que no permitió morar a tantos ángeles? ¿No seleccionará cuidadosamente al que es un puñado de arcilla, el que selecciona las mismas estrellas? Si examinó y rechazó el oro, con mayor razón observará la plata. ¿Y podrá encontrar un hombre capaz de ocupar el lugar del ángel maldito? Tiene que ser un hombre libre de toda culpa, sobre todo de aquella que hizo reo al ángel, no de una ofensa leve o de una ira pasajera, sino del odio eterno. La soberbia hizo tambalear aquel reino, sacudió sus murallas y derribó gran parte de ellas, ¿creéis que volverá a ser admitida fácilmente? En aquella ciudad existe un odio implacable contra esta peste tan horrorosa. 
 Tened por cierto, hermanos, que quien no perdonó a los ángeles tampoco se compadecerá de los hombres. Es imparcial y no tiene acepción de personas: sus juicios son todos idénticos. Lo que más le agrada, tanto en el ángel como en el hombre, es la humildad; y desde su trono real solamente escoge para llenar el templo a los sumisos. Lo dice la Escritura: ¿Quién como el Señor Dios nuestro que se eleva en su trono, y se abaja para mirar al cielo y la tierra? ¿No es éste el grito de Miguel contra aquel soberbio que vociferaba: Me igualaré al Altísimo? Porque Miguel significa: ¿Quién como Dios?
4. El Profeta ha dicho que vio al Señor sobre un trono alto y excelso. Mas para evitar que el trono excelso se lo apliques al que dijo: escalaré la cima de las nubes, o el trono alto a los hombres llenos de soberbia, añade: Y cuanto estaba a sus pies llenaba el templo. Con ello quiere recomendar, no esa grandeza que se yergue contra Dios, sino esas otras criaturas que están debajo de él, en el templo o junto a su trono. Unas son eminentes por su estabilidad incomparable, y otras han sido elevadas del abismo por la misericordia divina. 
 Y no repliques que todas las cosas están sometidas a su imperio, o que la expresión lo que está debajo de él, es muy indeterminada. Lo que realmente quiere inculcar y ensalzar es la sumisión a Dios plenamente voluntaria, y que brota del fervor de la caridad. Por eso continúa hablando de los serafines, de los cuales diremos a su tiempo lo que el Señor nos inspire. 
5. Y todo lo que estaba a sus pies llenaba el templo. En el principio Dios creó a los ángeles para hacer con ellos su templo santo. Muchos no le agradaron porque, como dice la Escritura: En sus mismos ángeles descubre faltas. Uno gritó: Me sentaré en el vértice del cielo, y sus palabras arrastraron a otros muchos. ¡Desdichado de él, que prefirió alejarse de Dios antes que someterse a él! Y desdichados también aquellos otros que vieron a un ladrón y le siguieron. Los desgraciados se marcharon, y dejaron su sitio vacío y disponible para otros. 
 Tú, alma mía, ¿no vas a someterte a Dios? En caso contrario no tendrás un sitio en el templo, pues todo lo que estaba debajo de él llenaba el templo. Es inútil que las muchachas necias llamen o griten; cuando la sala del banquete se llene de comensales la puerta se cerrará para siempre. ¡Desgraciada el alma que es excluida de esas bodas! Desgraciado al que se le diga: Desaparezca el malvado y no vea la gloria de Dios. ¿De qué le valió a esa infeliz ver la luz de este mundo, si no puede contemplar esa otra gloria? Si voy a estar privado de esa visión -Dios no lo permita-, preferiría no haber visto jamás nada de este mundo. Que los soberbios disfruten y se hinchen de orgullo; que se envanezcan y engrían y aspiren a subirse a la cima. Ya vendrá el justo nivelador y serán arrojados al vacío.
 Alma mía tú no vivas así. Sométete a Dios, sométete libremente, sométete con el amor más ferviente, porque los serafines estaban junto a él. Hermanos, quedémonos hoy nosotros con ellos, y no nos movamos de este templo donde todos aclaman con un grito unánime: ¡Gloria! Porque contemplan la gloria de nuestro Señor Jesucristo, que es el Dios Soberano, bendito por siempre.
RESUMEN Y COMENTARIO
La visión de Dios no es exclusivamente contemplativa o, mejor dicho, es una contemplación activa en la que su presencia implica la  inundación por su bondad, el desplazamiento del mal y de los malvados en todas sus formas.
 Conseguir que el pecado no nos domine, no significa la ausencia del mismo. Lo afirmaba San Pablo con otras palabras. Todo nuestro ser convive con un mundo de maldad. Por eso esperamos un futuro en el que la gloria de Dios aniquilará a la misma muerte. Es como si el artista que nos hizo necesitara completar su obra con la participación de nuestra voluntad.
 En ese templo de la contemplación no entrarán los soberbios, sino los que se someten a la voluntad de Dios. 
 No hay sitio, en ese templo, para los que quieren escalar el trono  y compararse a Dios, para los que buscan alcanzar su poder, sino para los que se someten a Dios con fervor.  
 Incluso parte de los propios ángeles se volvieron contra Dios y tuvieron que abandonar el templo, perdiendo la presencia de Dios. La visión de Isaías lo dice muy claro: "los que estaban debajo de él llenaban el templo". 
 En definitiva este sermón es un canto a la libertad del hombre, último responsable de sus decisiones, aunque la gracia de Dios nos indique, claramente, hacia dónde deben dirigirse nuestros pasos. 

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