EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

martes, 18 de marzo de 2014

CUARESMA: SERMO DECIMUS QUARTUS



Sobre el verso decimotercero: "Caminarás sobre áspides y basiliscos, pisotearás leones y dragones".

Demos gracias, hermanos, a nuestro creador, a nuestro bienhechor, a nuestro redentor, a nuestro remunerador, o más bien a nuestra esperanza. El es nuestro remunerador y nuestra retribución. Todo cuanto de él esperamos es él mismo . Lo primero que nos dio fue el mismo ser: Puesto que él nos hizo y no nosotros. ¿Te parece poco el que te haya hecho? Y piensa cómo te hizo. En cuanto al cuerpo, una maravillosa criatura; pero, en cuanto al alma, todavía más, porque está marcada con la imagen del creador, dotada de razón y capaz de felicidad eterna. Por ambas realidades supera el hombre a las demás criaturas como la más admirable, porque las dos subsisten coordinadas entre sí con misteriosa maestría por la insondable sabiduría del Creador. Este don es muy grande, porque grande es el hombre. Pero ¿consideras bien todo lo gratuito que es? Es evidente, porque nada pudo merecer previamente quien era la más absoluta nada. ¿Y se podría esperar que correspondiera de alguna manera a su Creador? Yo digo al Señor: Tú eres mi Dios, que no tienes necesidad de mis bienes.
Por tanto, él no se esperaba ninguna prestación tuya, porque la necesitase quien se basta a sí mismo en todo; únicamente que con devoción le dieras las gracias porque se lo merece. ¿Y cómo no dárselas? Si alguien te devolverá la vista, te curase la sordera o te reparase el olfato, o el movimiento perdido de manos y pies; si alguien te despertara el uso de la razón adormecida por cualquier causa, ¿quién dejaría de reprenderte seriamente si alguna vez, olvidando este beneficio, sorprendiese tu ingratitud para con ese bienhechor? Pues mira: tu Señor y Dios te regalo esos dones creándolos de la nada. No sólo los creó; los combinó, los formó y los ennobleció a cada uno con su propia misión. ¿Cómo no te va a exigir, con todo derecho, la más cumplida gratitud?

Capítulo 2

Y no contento con este favor, ya inmenso, concediéndote ser lo que antes no eras, todavía sobreañadió los medios para que subsista en ti tu mismo ser. Esta liberalidad no fue menor que aquella otra maravilla. Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Y añade: Que domine los seres del mar y los animales domésticos. Ya antes había dicho que creó para tu servicio todos los elementos del firmamento, pues nos recuerda que fueron constituidos como signos para señalar las fiestas, los días y los años. ¿Para quién? Para nadie sino para ti. Las demás criaturas o no lo necesitan para nada o no lo comprenden. ¿Qué pródigo y generoso que con este segundo beneficio! ¡De cuántas cosas te colmó para tu sustento, para tu educación y para tu consuelo! ¡Cuántas cosas te ha concedido hasta ahora para tu corrección y para tu deleite !
Vuélvete ya hacia el tercer beneficio, que es el de tu redención. Aquí no hay excusa posible. Porque éste sí que fue trabajoso. Y además, totalmente gratuito, pero por lo que a ti toca. Porque para él no fue gratuito, no mucho menos. Has sido salvado. ¿Cómo puede seguir dormido el amor? No duerme; ha muerto si no responde a este beneficio, si no se deshace en acción de gracias y en gritos de alabanza. Este tercer beneficio realza a los dos anteriores, poniendo en evidencia que en ellos también hubo verdadero amor. No dio fácilmente lo fácil. Y no porque rehusó darlo de otra manera, sino parque era conveniente que lo diera así. Te creó tu Dios, hizo por ti tantas cosas, lo hizo por ti, y por ti también se hizo a sí mismo. El Verbo de Dios se hizo hombre y acampó entre nosotros. Queda todavía algo más? Se hizo una misma carne contigo; te hará también un solo espíritu con él.
Que estos cuatro beneficios no vuelen de tu corazón, ni de tu memoria ni de tu amor. Mantén solícita tu alma, apremiándola con ellos como si fuesen tu estímulo; procura inflamarla con estas cuatro teas para devolverle tu amor al que de tantas maneras te manifiesta su amor hacia ti. No olvides nunca lo que él mismo dice: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Guarda, pues, los mandamientos de tu Creador, de tu Bienhechor, de tu Redentor, de tu Remunerador.

Capítulo 4

Si sus beneficios son cuatro, ¿cuántos son los mandamientos? Sabemos que son diez. Y, si multiplicas por cuatro este decálogo de la ley, te da una verdadera cuarentena, la cuaresma espiritual. Cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas. Sé cauto con la astucia de la serpiente, anda atento con el enemigo que te acecha. Con cuatro tipos de tentación se empeña en impedirte esta cuádruple acción de gracias que se te pide. También Cristo fue tentado en todo, según escribe verazmente el Apóstol: Probado en todo igual que nosotros, excluido el pecado.
Quizá alguien se extrañe y diga que nunca ha leído cuál fue la cuarta tentación del Señor. Pero creo que no diría esto si recordase este texto: la vida del hombre sobre la tierra es una tentación. Porque quien lo recuerde no podrá pensar que el Señor fue tentado solamente por las tres tentaciones que padeció en el ayuno del desierto, en el alero del templo y en la cumbre del monte. Sí, aquí era manifiesta la tentación. Pero fue mucho más violenta, aunque más oculta, la que ya no le faltó en adelante hasta la muerte de cruz. Tampoco esto contradice a la semejanza que hemos propuesto. porque aquellos tres beneficios pasados son evidentísimos y se ponen de manifiesto a su luz. Pero lo referente a la esperanza de la vida futura aún no se ha mostrado ni se nos ha hecho patente. No es de extrañar por eso que la tentación sobre el futuro sea menos manifiesta, porque también es oculta su causa. Además, es más frecuente e intensa, porque el enemigo pone en juego toda su maldad para luchar contra nuestra esperanza. 

Capítulo 5

Ante todo, para hacernos ingratos contra el autor de la naturaleza, nos inocula una mayor inquietud por la naturaleza, tal como se atrevió a insinuárselo al mismo Cristo cuando sintió hambre: Di que las piedras estas se conviertan en panes, como si su alfarero desconociera nuestro barro o se despreocupase de los hombres el que alimenta a los pájaros del cielo. Qué ingrato es con el que creó todo este mundo para el hombre, quien se rebaja en postrarse ante el maligno para conseguir toda la riqueza que apetece: Todo esto te haré si postrándote me adoras! ¿Acaso lo creaste tú, miserable? ¿Cómo Pretendes dar lo que él creó? ¿Cómo puede esperar de tu adoración lo que está sometido a su dominio por haberlo creado él?
Y en cuanto a eso otro que dice: Tírate abajo, vigílese quien quiera que haya ascendido a lo alto del templo; vigílate, centinela de la casa del Señor; alerta, tú que en la Iglesia de Cristo ocupas un lugar elevado. ¡Qué ingrato e incluso funesto serías con ese gran sacramento de misericordia si crees venerarlo buscando un negocio! ¿Qué infiel eres con el que consagró ese ministerio mediante su propia sangre si buscas en él tu gloria, que es vacío; si buscas tu interés, no el de Jesucristo! ¡Qué íntimamente corresponde a su condescendencia contigo! Por ella te ensalzó mediante la dispensación de los misterios de su humildad, te encomendó los sacramentos celestiales y te entregó poderes más amplios, quizá, que a los mismos espíritus de la gloria. Y ahora tú te arrojas abajo, buscando no lo de arriba, sino lo terreno. Todo aquel que se abate sobre sí mismo y se precipita empujado por el ansia de la vanagloria, indudablemente, en vez de darle gracias, injuria al Señor de las virtudes, que tanto padeció entre nosotros para imprimimos la forma de esta santidad. 

Capítulo 6

Reflexionemos atentamente, hermanos, si la tentación que turba al alma bajo pretexto de necesidad corporal no debe compararse con el áspid. Porque este animal hiere con su virulenta mordedura y cierra su oído para no oír la voz del encantador. ¿Y qué pretende denodadamente el tentador sino cerrar y endurecer el oído del corazón contra los consuelos de la fe? Pero no lo consiguió el enemigo, no obstruyó el oído del que dijo: No de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sabe de la boca de Dios. Porque cuando dice: Todo esto te daré si postrándote me adoras, debemos descubrir el fascinante silbido del dragón insidioso. Dicen que, ocultándose en la arena, atrae incluso a las aves con su venenoso hálito. ¡Y qué soplo tan mortífero! Todo esto te daré si postrándote me adoras. Mas en esta ocasión no se trataba de un ave cualquiera, porque nada consiguió el dragón.

Capítulo 7

¿Y qué diremos del basilisco? Es lo más monstruoso que existe: sólo con su mirada envenena y mata al hombre. Si no me equivoco, es la misma vanagloria. Cuidado con hacer vuestras obras delante de la gente para llamar la atención. Como si dijera: Libraos de los ojos del basilisco. Pero ¿a quién hiere? al que no lo ve. Si lo descubres tú primero, ya no te hará daño; incluso muere. Así es, hermanos. La gloria vana mata a los que no la ven; a ciegos y negligentes. que alardean de sí y se arriesgan ante ella, en vez de observarla con atención, mirarla y desvanecerla. No ven todo lo frívola, caduca vana y frágil que es. Todo el que mire así al basilisco, le obliga a morir y ya no le mata la gloria; es ella quien muere y cae convertida en polvo, reducida a la nada. Creo que huelga preguntar qué tiene que ver con la vanagloria aquella tentación: Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. ¿Qué pretendía sino que fuese admirado y ser descubierto así por el basilisco?

Capítulo 8

Observa cómo se ocultó el basilisco para no ser descubierto antes. Porque está escrito: A sus ángeles ha dado órdenes y te llevarán en sus palmas. ¿De qué hablas, malvado; di? A sus ángeles ha dado órdenes. ¿Pero qué les ha mandado? Fijaos y veréis que se calla taimadamente lo que desbarataría la mentira de su engaño. Porque ¿qué les ha mandado? Lo dice el salmo: Que te guarden en tus caminos. ¿O será en los precipicios? ¿Qué clase de camino es ése, tirarse del alero abajo? Eso no es camino, es muerte. Y si es camino, será el tuvo, no el suyo. En vano tergiversaste para tentar a la Cabeza lo que fue escrito para consolar al cuerpo. Solamente necesita custodio quien puede temer que su pie tropiece en la piedra. No hay por qué custodiar al que no tiene motivos para temer. ¿Y por qué te callas lo que dice seguidamente: Caminarás sobre áspides y basiliscos, pisotearás leones y dragones? A tu fe concierne esta comparación. Con estos monstruosos apelativos queda bien manifiesta la monstruosa malicia que va a pisotear la Cabeza y el cuerpo entero.
Lo hizo cuando, después de haber burlado al enemigo por tres veces, éste no recurrió a la astucia de la serpiente para atacar al Señor, sino que se sirvió de la crueldad de león hasta los oprobios, los azotes, la muerte, y muerte de cruz. Pero ahora también le ha dominado claramente el León de Judá. Por eso, al verse frustrado en todo, suscita una persecución con todo su furor contra nosotros, hermanos, como no la ha habido desde que el mundo es mundo, para cerrar el paso con la violencia de la tribulación a los que esperan el reino de los cielos. ¡Feliz el alma que, pisoteando al mismo león con fuerza arrolladora, logrará arrebatarlo violentamente!

Capítulo 9

Por eso, pues, hermanos, andemos con mayor cautela e inquietud, como sobre áspides y basiliscos. Evitemos toda ocasión de amargura para que nadie entre nosotros sea mordaz, osado o colérico, contumaz o rebelde. Y no nos tiremos abajo; pasemos y saltemos por encima del guiño mortal de la gloria temporal. Así, conforme está escrito: en vano se tiende una red visible a los seres alados, pisotearemos al león y al dragón para que no nos aterrorice su rugido ni nos inficione su aliento. 
Parece que estos cuatro monstruos están incubando sobre otros tantos afectos, uno cada uno. ¿A quién acecha el dragón particularmente? Pienso que a la concupiscencia, porque sabe que es la raíz de todos los males y que arruina el corazón al máximo. Por esa razón le dijo como mirando por su bien: todo eso te daré. Porque lo del león es rugir espantosamente, pero sólo a la puerta del temor. Mientras que el áspid observa las puertas de la tristeza, pues piensa que están más abiertas para él. Por eso no se acercó al Señor Cristo hasta que sintió hambre. Por el contrario, la alegría deberá precaverse del basilisco, porque es el principal acceso por el que suele introducir los rayos venenosos de sus ojos; y la vanagloria no es nociva sino por la vanidad de la alegría.

Capítulo 10

Piensa también si no podremos contrarrestar con cuatro virtudes estos cuatro peligros. Ruge el león; ¿quién no temerá? El que lo consiga, lo hará por su fortaleza. Pero, superado el león, se esconde en la arena el dragón para atraerlo a su corrompido soplo, infundiéndole la concupiscencia terrena. Quién crees que eludirá sus asechanzas? Solamente la prudencia. Pero quizá, mientras te abstienes de condescender con las cosas, te cerca una tribulación y te sorprende el áspid, porque cree que ha encontrado el momento más oportuno. ¿Quién evitará la exasperación del áspid? La templanza y la sobriedad, expertas en abundancias y penurias.
Pienso que en esta ocasión pretenderá fascinarte lisonjeándote con su mirada perversa. ¿Quién podrá desviar su vista? La justicia, que se resiste a apropiarse la gloria que pertenece a Dios, y la rehúsa también si otros se la ofrecen. Cuando realmente el hombre es justo y pone por obra en justicia lo que es justo, no hace sus obras de piedad delante de la gente y, en fin aun siendo justo, nunca se enorgullece. Esta verdad, en definitiva, es la humildad que purifica la intención y consigue todo mérito más auténtica y eficazmente cuanto menos lo atribuye a sí mismo.

RESUMEN
Debemos dar gracias a nuestro Creador por habernos hecho como maravillosas criaturas dotadas de cuerpo y alma. Nos hizo sin precisar nada de nosotros y le debemos gratitud. Nos hizo dueños de los mares y de la tierra y nos dio la capacidad de redención. Nos dijo que si lo amamos guardaremos sus mandamientos. Hay una cuarta tentación que es nuestra esperanza en la vida futura. El buscar los beneficios terrenos, olvidando los espirituales, es una injuria a Dios. La mirada del basilisco es la vanagloria. Debemos evitarla de cualquier forma y morirá por si misma. Los caminos del basilisco no son tales, sino aleros y precipicios. El basilisco, enfurecido por su fracaso, nos ataca violentamente. La alegría y la vanidad es la forma en que tal bestia se introduce en nuestras vidas. Nos acecha el león, el dragón y el basilisco. Podremos defendernos a base de templanza y sobriedad. La verdadera justicia evita la publicidad; busca la humildad y el secreto. 

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