EL OBJETIVO DE ESTA PÁGINA

Recuperar los Sermones de San Bernardo de Claraval para facilitar su conocimiento y divulgación. Acompañar cada sermón con una fotografía, que lo amenice, y un resumen que haga más fácil la lectura. Intentar que, al final de esta aventura intelectual, tengamos un sermón para cada día del año. Un total de 365 sermones. Evidentemente, cualquier comentario será bienvenido y publicado, salvo que su contenido sea ofensivo o esté fuera del tema.

domingo, 12 de febrero de 2017

SOBRE ESTAS PALABRAS DEL SEÑOR: EL QUE SE ENSALZA SERÁ HUMILLADO


1. Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Si reflexionamos atentamente, hermanos, encontraremos cuatro grados diverdos entre los hombres. Me explico: unos poseen la felicidad plena en el cielo, por la cual suspiramos; otros la relativa felicidad de este mundo, en que gemimos, y otros la más absoluta infelicidad en el infierno, que con razón tememos. Para decirlo más brevemente, existe la vida y la sombra de la vida, la sombra de la muerte y la muerte. Y como nosotros no nos hallamos ni en la cumbre ni en el abismo, tememos descender y deseamos subir, tanto más ansiosos cuanto que nos vemos más cercanos del grado ínfimo que del supremo.
 Mas he aquí lo que se nos dice: Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será enaltecido. ¿Qué significa esta paradoja de exaltación y humillación? ¿No basta Señor, lo que nos humillas con tu verdad, que aún nos exiges que nos humillemos nosotros mismos? Todavía nos quedan muchas ocasiones de humillarnos, pero el que cae en ellas será incapaz de volverse a levantar; el que así se humilla no espere ser enaltecido. Efectivamente, nos humillaste en el abismo de la amargura y nos envolviste en tinieblas. Nuestra vida está al borde del abismo: ¿es posible humillarnos aún más? ¿Qué ganamos con morir y bajar a la fosa? Lo único que hay debajo de nosotros es la corrupción irreparable. Tras la sombra de la muerte sólo existe la muerte; tras el abismo de la angustia sólo aparece el ámbito de la muerte. 
2. El que se humilla, dice, será ensalzado. Si dijera: "el que sea humillado será enaltecido" me llenaría de gozo, pues me siento en verdad terriblemente humillado. Pero como dice: El que se humilla será ensalzado, me siento angustiado y no sé qué elegir ni qué hacer. Yo aquí no tengo una ciudad estable, ni me conviene continuar aquí, aunque estuviera permitido. Por otra parte, descender más es ir a la muerte. Estoy ya en un grado muy bajo, el penúltimo, y el siguiente es el infierno. Si desciendo a él, se acabó toda esperanza de subir; y si no me humillo tampoco podré ser elevado, pues solamente será ensalzado el que se humilla. Si opto por eso escojo la muerte, y en caso contrario se me niega la elevación y caigo también en manos de la muerte. Es difícil comprender este enigma. Más reflexionemos un poco en la primera parte.
3. Todo el que se ensalza será humillado. ¿Cómo podrá elevarse el que es humillado por la Verdad? No nos referimos al dónde, sino al cómo; pues lo que aquí parece estar ausente no es el lugar, sino la virtud. Repito que al hombre no le faltan lugares adonde elevarse, pero no tiene capacidad para realizarlo. Su deseo está ahí y muy vivo, pero sus posibilidades son nulas. Lo quieran o no, todos los humanos y todo hijo de Adán debe repetir: Con la verdad me humillaste. El que se humilla por la verdad es auténticamente humilde y si se ensalza actuará falsamente. Porque elevarse falsamente equivalea no elevarse.
 Demos gracias a Cristo que no dijo: "El que se ensalza será ensalzado". ¡Cómo nos eforzaríamos inútilmente en ello si lo creyéramos honesto, cuando ahora ni la misma impotencia de conseguirlo es capaz de frener nuestro apetito de gloria! Por eso, tal vez la frase: El que se ensalza será humillado no se refiere al fruto, que es nulo, sino al deseo, que es insensato.
4. ¡A cuántos vemos humillados, pero no humildes; castigados y no arrepentidos; curados incluso por Dios, y sin reparar aún la salud! Siguen creyendo que las espinas dan placer, disimulan los pecados que cometen, los escollos en que fluctúan las tinieblas que les ciegan, las trampas en que se mueven, el abismo de amargura en que habitan, el cuerpos mortal que soportan, el yugo pesado que arrastran, el peso aún más insoportable de su conciencia que ocultan y la terrible sentencia que les espera. 
 Así era aquel al que Juan, en el Apocalipsis, debe decir: Tú dices: soy rico y no me falta nada. Aunque no le sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Realmente, la elevación de los hombres es pura vanidad y mentira; como lo que ellos son: vanos y mentirosos. La verdad los humilla y la vanidad los eleva. Prefieren las tinieblas a la luz; se abrazan a la vaniad que los ensalza y van tras la mentira. En cambio, frente a la verdad qaue los humilla reaccionan con el disimulo y pueriles esfuerzos, y con todos los medios y modos posibles. 
5. ¿Hemos conseguido algo? Al menos hemos visto cómo se humilla verdaderamente al hombrfe. Es decir, apegándose a la verdad que le humilla, y, en vez de disimular, cooperando con ella con el dinamismo de su entrega personal. En adelante evitaré lo más posible la dureza del corazón; aceptaré con lágrimas mi dolor, no sea que, al hacerse insensible mi herida, se haga incurable. Seré un hombre que palpo mi pobreza ante la vara de su cólera, y no quiero pertenecer a ese grupo de quienes la Verdad dice: Los herí y no les dolió. Hemos tratado a Babilonia y no se cura. 
 ¡Qué duro es este remedio de la humillación! Pero la soberbia es una enfermedad muchísimo más grave. ¡Ojalá se le apliqwwue un remedio eficaz y capaz de sanarla! Me reconciliaré, pues, con mi enemigo; estaré de acuerdo con el juez y cederé ante el golpe del aguijón, para no ser castigado dos veces. Pues eso creo que dice el Señor: Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Como si dijera: al que patalea contra el aguijón se le clava mucho más aún y al que lo acepta y cede se le hará clemencia. 
RESUMEN
Hay tres tipos de personas:
-Los que poseen la felicidad plena en el cielo. Es la vida.
-Otros la relativa felicidad de este mundo. Aquí está la sombra de la vida y la sombra de la muerte. 
-Otros la absoluta infelicidad del infierno. Es la muerte.
En realidad ya hemos sufridos bastantes humillaciones. El que cae en las numerosas ocasiones para humillarnos más, no debe esperar el enaltecimiento.  
 Por otra parte, el texto dice el que "se humilla", no el que es humillado. Y el ser humano es humillado por la verdad. La verdadera riqueza es la humildad y no es lo mismo ser humillados que ser humildes. Debemos aceptar la verdad y el dolor que nos produce. Esa es la única forma de ser ensalzados. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

SOBRE ESTAS PALABRAS DEL APÓSTOL:"EL REINO DE DIOS NO CONSISTE EN COMER Y BEBER"


1. El apóstol Pablo suele decir mucho en pocas palabras. Lo sabía muy bien aquel otro hombre tan sabio y elocuente para quien cada palabara del Apóstol le parecía un trueno. Precisa de tal manera, y lo proclama con tanto espíritu y energía, que todo lo expresa con orden, plenitud de sentido y admirable armonía. 
 El reino de Dios, dice, no consiste en comer y beber, sino en la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Qué respondéis a esto vosotros, glotones y lujuriosos, cuyo Dios es el vientre, y que sólo vivís para el vientre o el bajo vientre y, como dice otro apóstol, habéis cebado de lujuria vuestros cuerpos y corazones? Escuchad, escuchad: La comida es para el estómago y el estómago para la comida, y Dios acabará con lo uno y con lo otro. ¡Ay de vosotros!, que dormís en lechos de marfil, arrellanados en divanes, coméis carneros del rebaño, bebéis vino en copa y os ungiis con perfumes exquisitos. Hijos de los hombres, ¿hasta cuando esos corazones atrofiados por cuerpos tan bien cebados? ¿Por qué amáis la falsedad y descuidáis la verdad? La gordura, los placeres corporales y el estómago bien repleto os dejarán antes de la muerte, o los dejaréis vosotros mismos al morir. Lo dice un santo: Cuando muera no se llevará nada ni le acompañará su gloria. Son un rebaño para el abismo. La muerte es su pastor. 
 ¡Qué bien dicho! Son un rebaño! Esquilados sin piedad y rigurosamente, se les quitará el vellón de las riquezas de este mundo y serán arrojados desnudos a las llamas eternas. La muerte es su pastor, porque estarán siempre muriendo para la vida y viviendo para la muerte. Aquí su carne irá a los gusanos, y allí su alma al fuego, hasta que, reunidos otra vez en la más desdichada coalición, se asocien para los terribles tormentos los que fueron compañeros en los vicios. 
2. ¡Hombre refinado!, tú que te rodeas y agobias de placeres y riquezas, y esperas así la confusión y la muerte escucha: El reino de Dios no consiste en comer y beber, ni en cubrirse de púrpura y lino; porque aquel rico que nadaba en todo eso descendió inmediatamente al infierno. ¿En qué consiste pues? En la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo. ¿Atiendes y comprendes que el gozo es lo último? Y vosotros, insensatos hijos de Adán, ¿queréis saltaros por las buenas la justicia y la paz, cambiando y perviviendo lo último por lo primero? Todos quieren gozar. Pero resulta imposible porque del mismo modo que no hay paz para los malvados, y lo dice el Señor, tampoco gozarán los malvados. Nada de eso para los impíos, nada de eso.
 En primer lugar hay que practicar la justicia, buscar la paz y correr tras ella, y sólo así abrazarse después al gozo, o más bien dejarse abrazar por él. Así actuó el coro de los Ángeles: comenzó siendo fiel a la justicia, permaneciendo en la verdad y apartándose del desertor de la verdad. Después se consolidó en aquella paz que supera todo conocimiento: ante los múltiples rangos del honor en que viven, ninguno murmura ni tiene envidia.  
3. Glorifica al Señor, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sión: que ha reforzado los cerrojos de tus puertas y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras. Sí, alaba y redobla tus alabanzas, porque tus puertas están cerradas con enormes cerrojos y llaves de absoluta seguridad. Allí no entra el enemigo, si sale de allí el amigo. Benditos tus hijos en ti, que ya están en el cielo y poseen toda bendición espiritual por medio de Cristo. Desapareció el temor en todo el país, pues ha puesto paz en tus fronteras. Ni la tentación ni el torbellino de pensamientos se infiltra allí: aquel asturo consejero queda muy lejos de tus muros y de tus hijos Y el que permanece siempre el mismo lo consolida y fusiona todo en la identidad, pues todos participan de él. 
 En esta tercera etapa sacan ya agua de las fuentes del Salvador, y con los ojos desnudos, por decirlo de algún modo, contemplan la esencia divina, libres del engaño de toda imagen o representación corporal. Al final llegó el gozo, y un gozo interminable. 
4. Miserables de nosotros, expulsados de aquel dichoso país y rebajados-por no decir hundidos-en esta vanidad. Como dice el Profeta: los hijos de Sión, insignes y revestidos de oro puro, se han convertido en cacharros de loza. Los hijos de Sión: es decir, los de aquella ciudad contemplativa que el Señor construyó para que la vieran en toda su gloria. Los hijos de la Jerusalén celeste, la libre y madre nuestra. Eramos insignes por la dignidad natural y revestidos de oro puro por la imagen divina. ¿Cómo nos hemos convertido en cacharros de loza, ys hemos degradado en cuerpos frágiles y de barro?
 Los ángeles, hermanos carísimos, ofrecen a Dios la justicia, la paz a los demás,  el gozo interior a ellos mismos. Imítales, hombre, y no te apropies en primer lugar lo tuyo, despreciando la justicia que debes a Dios y la paz que te reclama el prójimo. 
 La justicia es la virtud que da a cada uno lo que es suyo. Y tú no sólo debes justicia al Creador, sino muchas y grandes justicias. Porque el Señor es justo y ama las justicias. Tu justicia es como las montañas de Dios. Sí, como las montañas pues te ha inyectado verdaderas montañas de misericordia. 
5. En primer lugar, te creó junto con todas las otras criaturas y en medio de ellas, y te confirmó una gran dignidad. A todas ellas se lo mandó y quedaron creadas. Después de esto te redimió esa divina majestad, inflamada con amor vehementísimo hacia ti. ¿Lo hizo con una simple palabra? No, se entregó durante treinta y tres años a tu salvación en este mundo, fue clavado en una cruz, entregado a muerte y colmado de desprecios. Tu Dios se hizo hermano tuyo, no de los ángeles: No es a los ángeles a los que tiende la mano, sino a los hijos de Abrahán. Tienes en común con los ángeles el haber sido creado; pero ser hermano del Señor es peculiar tuyo.
 Y todavía nos concedió algo más particular: con su propio dedo nos sacó del camino ancho y fácil que conduce a la muerte y nos puso en compañía de los justos y en la asamblea. ¿Qué más pudo hacer y no lo hizo? Ante un cúmulo tan grande de beneficios, otorgado por un bienhechor tan insigne y admirable, ¿no se ablandará hasta el mismo corazón de piedra? Cuanto eres y puedes se lo debes al que te ha creado, redimido y llamado. 
6. Mas después de practicar la justicia, vive en la pz. Mientras habitamos en esta morada de arcilla y en la frágil condición humana, jamás nos veremos libre de los escándalos. Por eso, si recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, himíllate y pídele perdón; y si tú tienes alguna queja de él, perdónale al instante y todos los miembros estarán en paz. Con estas disposiciones de caridad y humildad, jamás existirá la discordia entre nosotros. Aprended de mí, dice el Señor, que soy manso y humilde de corazón. La mansedumbre pertenece a la caridad, pues la caridad es paciente y afable; y la humildad sabemos muy bien qué significa. 
 Los que así avanzan alcanzan el gozo en el Espíritu Santo. Esto que digo sólo lo conoce el experto y lo ignora el inexperto, pues el hombre animal no percibe las realidades del Espíritu de Dios. ¿Acaso durante la oración no nos conmovemos hasta el fondo del corazón al evocar el gozo de la Jerusalén celeste, nuestra madre, y un río de lágrimas baña el rostro de los que meditan en ello? ¡Si eso fuese continuo! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha; que se me peque la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén como fuente de mis alegrías. Sí, aquí está la fuente de la alegría y allí la cumbre. 
7. Señor Jesús, ¿cuándo me desatarás el sayal y me inundarás de alegría, para que te cante con toda el alma y no sienta la tristeza? Elinicio de este gozo que aquí sentimos alguna vez es una simple gota, una gotita de ese río cuya corriente alegra la ciudad de Dios. ¿Cuándo nos llegará el día de sumergirnos hasta el fondo de estos gozos eternos en el océano de la divinidad, cuyas olas se suceden sin interrupción?¿Cuando llegaré a ver el rostro de Dios? ¿Cuándo pasaré por ese admirable santuario hasta la casa de Dios? ¿Cuando veremos en la ciudad del Señor de los ejércitos todo lo que oímos?
 Hermanos, perseveremos fielmente en estas tres cosas y recordemos sin cesar aquella frase: Amigo, ¿a qué has venido? No hemos venido para matar a traición al Rey, sino para servir al que es bendito para siempre. 
RESUMEN
La vida entregada a los vicios de la carne sólo conduce a la muerte física y espiritual. El gozo es el producto de una  vida espiritual. Esos vicios no nos conducen a la Jerusalén celestial donde reina la paz con un gozo interminable. Abandonando la Jerusalén celestial hemos convertido el oro en barro. La justicia de Dios nos ofrece, sin embargo,  montañas de misericordia y en lo que debemos basarnos no es en los vicios sino en la oración, la caridad y la humildad.

sábado, 10 de diciembre de 2016

LOS REMEDIOS DEL ALMA

1. Nuestra salvación reside en dos cosas: la justificación y la glorificación. La primera es el comienzo y la segunda su plenitud. Aquella exige trabajo, ésta cosecha los frutos de este trabajo. La justificación se realiza ahora por la fe, la glorificación tendrá lugar en la visión. El entendimiento apenas puede imaginar cuál será la glorificación de los ssantos en la vida futura. La Escritura nos dice de ella: Ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguna ha imaginado lo que Dios ha preparado para los que le aman. 
 Prescindamos de momento tratar de ella, porque supera nuestra capacidad, y hablemos sobre la justificación que vivimos ahora, diciendo lo que nos parece necesario para la edificación de nuestros hermanos. Como dice el Apóstol, es el camino que conduce a la glorificación: A los que predestinó, los llamó, los justificó; y a los que justificó los enalteció. Es imposible llegar a esa exaltación si no le precede la justificación, pues ésta es el mérito y aquella el premio. Y así, al anunciar a sus discípulos el reino de Dios, Cristo les propone en primer lugar la justicia: Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
2. Tengamos en cuenta que, así como en el reino de la bienaventuranza el Señor se manifestará a sus elegidos por su presencia para ser glorificados, también ahora se les manifestará en su peregrinación para justificarlos. De esta suerte, los que van a ser glorificados por la visión serán antes justificados por la fe. Y los que desean ser justificados deben abstenerse de  tres cosas. Ante todo de las malas obras; después de los deseos carnales; y en tercer lugar de los asuntos del mundo. Y por otra parte, deben ejercitarse en esas tres cosas que el Señor predicó en la montaña: la limosna, el ayuno y la oración. He aquí, pues cómo se realiza la justificación: absteniéndose de los vicios prohibidos y entregándose con fidelidad al bien que está prescrito. Contra las malas acciones practíquense las obras de misericordia, contra los deseos carnales salga a su paso el ayuno, y las ocupaciones del mundo cedan su lugar al culto.
RESUMEN
Nuestra salvación exige dos cosas: la Justificación (que es el mérito) y la glorificación (que es el premio).
Para la Justificación: los que van a ser "justificados" requieres tres cosas y remedios, pero antes de todo la llamada de Dios y deben practicar la justicia.
Primera:  Abstenerse de las malas obras. Para ello se abstendrán de los vicios prohibidos y se entregarán al bien de la ley natural que es la ley de Dios.
Segunda: Abstenerse de los deseos carnales. Ante eso usaremos el ayuno.
Tercera: Abstenerse de los asuntos del mundo. Deben ceder su lugar al culto. 

domingo, 29 de mayo de 2016

LA MISERIA HUMANA


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La comunicación del espíritu


¡Qué grande es nuestra miseria y cuán compleja nuestra indigencia! ¡Necesitamos hasta de las palabras! Lo cual incluye una doble muestra: la realidad normal de necesitarlas para comunicarnos unos con otros, y lo más asombrosa de necesitarlas para con nosotros mismos. Nadie conoce la intimidad del hombre excepto el espíritu del hombre que está dentro de él. Se ha abierto un gran abismo entre nosotros, y sólo por medio de las palabras se puede realizar el intercambio de ccorazones comunicándonos los pensamientos. ¿Quién ignora que las palabras se han inventado para cubrir esta necesidad? 
 Hasta para hablarnos a nosotros mismos necesitamos la palabra. ¿No está sometida sólo a Dios, alma mía? Eso se pregunta el Profeta y añade: De él viene  mi salvación. ¿Y quién no siente la frecuente necesidad  de interpelar su alma, dirigirse a su razón y evocar sus afectos? ¿Quién no necesita a menudo reconciliarse consigo mismo a base de palabras, increparse con amenazas, requerirse con advertencias y apremiarse con acusaciones? Incluso nos conviene acudir al raciocinio para convencernos, y decirnos por ejemplo: De él viene mi salvación. O consolarnos alguna vez con frases como ésta: ¿por qué te acongojas, alma mía; por qué te me turbas? O estimularse a sí mismo  decir: Alaba, alma mía, al  Señor. O amonestarse atentamente de vez en cuando sobare lo que conviene hacer, de este modo: Bendice ,alma  mía, al Señor y no olvides sus beneficios.
 Mi corazón me ha abandonado y necesito hablarme a mi mismo, o más bien hablarme como a un otro. Y esto, de momento con tanta más frecuencia cuanto menos vivo dentro de mi corazón, dentro de mí y unido a mí mismo. Cuando formemos todos juntos el hombre perfecto, tampoco necesitaremos usar la palabra unos con otros. Entonces las lenguas cesarán y será inútil todo intérprete, porqaue el único Mediador suprimirá todas las distancias con el amor, y seremos todos una realidad en aquellos que son verdadera y eternamente uno: Dios Padre y Jesucristo el Señor. 

RESUMEN
 La palabra nos sirve para comunicarnos entre nosotros y también para hacerlo con los demás. Nuestro Espíritu es el que verdaderamente nos conoce y somos tan miserables que necesitamos de la palabra para comunicarnos con nosotros mismos. Algún  día seremos puro espíritu y ni las palabras serán necesarias.
 

domingo, 8 de mayo de 2016

LA ESCUELA DEL AMOR


Estamos en la escuela de Cristo, y en ella recibimos una doble instrucción. Unas cosas nos las enseña directamente el único y verdadero Maestro, y otras a través de sus ministros. Estos nos educan en el temor, aquél en el amor. Por eso, al faltar el vino ordenó llenar de agua las tinajas y aún hoy, cuando escasea el amor, los ministros de Cristo llenan con el agua del temor esas otras tinajas que son las inteligencias. 
 Y está muy bien aplicada el agua como símbolo del temor, porque así como el agua apaga el fuego, también el temor apaga la pasión; y lo mismo que el agua lava las manchas del cuerpo, el temor limpia las del alma. Llenemos, pues, con esta agua las tinajas, es decir, nuestro espíritu, porque quien teme no comete negligencias. Y está realmente lleno el que no admite la más mínima indolencia.
 Pero el agua pesa, es decir, el temor lleva consigo la pena; por ello debemos acercarnos al que convierte el agua en vino, al que cambia el temor del castigo en temor puro, y así podremos escuchar su enseñanza sobre el amor. Vadla aquí: Esto os mando, que os améis unos a otros. Cual si dijera: "Os doy muchas normas a través de mis ministros, pero yo os encomiento ésta de manera especial". Y en otro momento añade: En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros. En consecuencia, amémonos mutuamente y demostraremos que somos discípulos de la Verdad. 
 Este amor nos exige una triple atención, pues Dios es amor. Entreguémonos a él con todo empeño, para que nazca, crezca y se conserve. Nace cuando das de comer o beber al enemigo, porque así amontonarás carbones ardiendo sobre su cabeza. Los carbones ardiendo son las obras de caridad, que se arrojan sobre el diablo, cabecilla de todos los malvados. Y al desaparecer él, Dios, que es amor, nace en ellos como cabeza. 
 Crece cuando atiendes al que sufre necesidad, te ofreces al que te quiere contratar, y te desahogas con tu amigo. Se conserva si consientes al deseo de tus amigos, conversando con ellos o ayudándoles incluso en cosas innecesarias. Y se conserva y aumenta con un rostro amable, una palabra suave, una acción entusiasta. El rotro y las palabras muestran el amor, y lo confirman las obras buenas y llenas de gozo, porque obras son amores. 
RESUMEN
Cristo nos enseña con el amor. El amor es como el vino. Debemos favorecer que nazca, que crezca y se conserve. Nace cuando ayudas incluso a los que son tus enemigos. Crece cuando atiendes al que lo necesita. Se conserva cuando transmitimos amabilidad y entusiasmo. 
Cuando falta el amor, los ministros de Cristo recurren al temor. Es como el milagro de las tinajas donde el agua se mezcla con el vino. Pero ese agua ocasiona pena, aunque limpia las manchas y evita errores.
 Debemos intentar que nuestro amor tenga cada vez mayor proporción de vino y menos de agua. 

viernes, 6 de noviembre de 2015

ELÍAS HUYE DE JEZABEL

                                                   Jezabel
1. Elías temió a Jezabel y, levantándose, marchó adonde le llevara su voluntad. Llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado y continuó por el desierto. Al final se sentó bajo una retama, se tumbó y se durmió. De pronto un ángel del Señor le tocó y le dijo: ¡Levántate, come! El miró y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y con la fuerza de aquel alimento caminó cuaenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
                                                 Elías
 En la persona de Elías, cuyo nombre significa "el Señor", o "el Señor es fuerte, debemos ver cualquier justo perseguido por causa de la justiciaa. Recordemos aquel otro texto: dichosos los que son perseguidos a causa de la justicia. El que teme a Jezabel, es decir, a la malicia del mundo o tiranía del diablo, se levanta del ambiente pecaminoso y marcha a donde le lleva la voluntad que el Señor le sugieres. Y llega a Berseba de Judá, a la santa Iglesia, que lleva el nombre de Berseba o "séptimo pozo", porque en ella abunda la gracia del Espíritu con sus siete dones, y la reparte entre sus fieles; o también puede significar "pozo de a saciedad" por la profundidad de los misterios de Dios y el alimento de las santas Escrituras. Sobre esta profundidad nos dicen los salmos: Oscuro aguaceero y nubes espesas, y tus juicios son un océano inmenso. El Apóstol se estremece a considerar ese abismo, y totalmente agotado de temor no puede menos de exclamar: ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento de Dios!
2. De esta saciedad puedes ler en otros salmos: Me conduces hacia fuentes tranquilas, y se nutren de la enjundia de tu casa. Es na embriaguez que, en lugar de causar molestias, despierta un insaciable apetito de numerosos deseos. En ese ocèano de la lectura divina anda el cordeo y nada el elefante. En la mesa de la doctrina católica cada uno encuentra manjares suficientes según la capacidad de su inteligencia. Aquí está el jardín de las delicias y el huerto de toda clase de frutos. 
 Así pues, quien viene a Berseba, que como hemos dicho simboli la Iglesia santa, corre a la confesión -eso significa Judá- y deja allí a su criado que es su espíritu infantil o la fragilidad de sus acciones anteriores; y se interna en el desierto, es decir en el desprecio de este mundo. Una vez allí, se sienta o descansa de la confusión del mundo y canta como el profeta: Este será mi reposo para siempre. Se echa en el suelo, o sea, se considera muy despreciable y renuncia a sus propios deseos, como dice el Evangelio: El que quiera venirse conmigo niéguese a sí mismo. Después se duerme a la sombra de una retama, pues en los atrios de la csa del Señor, los cinco sentidos de su cuerpo quedan plenamente liberados de su maldad, y dice como el Salmista: En paz me acuesto y en seguida me duermo.
 En ese momento le toca la visión angélica y le anima a practicar el bien y subir más alto. Mira a su cabeza, es decir, a Cristo, que es la cabeza de la Iglesia, y ve allí un pan asado a la braza; es el alimento de la dotrina divina, que externamente parece áspero, pero cuyo meollo contiene una fuerza y dulzura inefables; y junto al pan un jarro de agua, la fuente de las lágrimas o compunción de corazón. Come y bebe, esto es, cumple lo que oye; y camina con esas energías hasta el monte de Dios, hasta la cumbre de la felicidad.
RESUMEN
Veamos la simbología aquí expresada:
-Elías: cualquier justo perseguido por causa de la justicia.
-Jezabel: la malicia del mundo o tiranía del diablo.
-Berseba de Judá: la santa Iglesia. Allí se obtiene la saciedad por los alimentos de las santas Escrituras.
-Judá: la confesión.
-Criado: el espíritu infantil o la fragilidad de sus acciones anteriores. 
-Desierto: el desprecio de este mundo. 
-Echarse en el suelo: considerarse muy despreciable y renunciar a sus propios deseos. 
-Dormirse a la sombra de una retama: los cinco sentidos quedan plenamente liberados de su maldad. 
-Pan asado a la brasa: alimento de la doctrina divina.
-Jarro de agua: la fuente de las lágrimas o compunción del corazón.
-Comer y beber: cumplir lo que oye.
-Monte de Dios: la cumbre de la felicidad.

viernes, 24 de julio de 2015

EN EL ANIVERSARIO DE SAN ANDRÉS: SOBRE LAS TRES CLASES DE BIENES

1. Hermanos míos, deberíamos tener una atención más constante y una solicitud más viva sobre nuestros pensamientos. Sobre los nuestros, insisto, a los que proveemos sin cesar de materia inagotable para meditar. día y noche se nos cantan y proclaman los textos de los profetas, evangelistas y apóstoles, que unas veces nos conminan con las penas del infierno y otras nos prometen la gloria del reino, ¿de dónde pues, nos vienen esos pensamientos tan vanos nocivos y obscenos? Nos atormentan de tal modo con la impureza o la arrogancia, la soberbia, la ambición o las demás pasiones, que apenas tenemos un momento de calma para entregarnos a una piadosa reflexión. Con razón se dice que las almas del purgatorio me rodean continuamente por parajes de fangos y lodo, y que se deleiten en vivir ahí con el pensamiento. ¿Hay de nosotros, por el sopor, tedio, de nuestro corazón preferimos enfrascarnos en esta vanidad vanidades en vez de lanzarnos inmediatamente a los bienes del Señor, sea éstos naturales, espirituales o eternos, los bienes naturales, sin duda, son grandes; pero los espirituales son aún mayores, y los eternos incomparables. Por los primeros nos sustentamos, con los otros nos educamos y con los últimos alcanzamos nuestra plenitud y felicidad. Si no puedes clavar el ojo de tu meditación en aquellos bienes sublimes eternos porque son inmutables e inacesibles, vuelva la vista a los bienes de la gracia, que se hayan en el ejercicio de las virtudes. Y comprenderás cuanta pureza de conciencia y cuanta libertad posee quien vive y se entrega a la castidad, la caridad, la paciencia, la humildad y las demás virtudes. Le hacen amable a los ojos de Dios apacible e imitable ante los hombres. Más si también estos son demasiado sublimes superarán tus fuerzas, baja tu mirada a los bienes naturales, que deben ser en ti tan familiares como tu mismo lo eres para ti. Los llamamos bienes de la naturaleza, no porque no procedan también de gracia, sino porque fueran, por así decir, plantados e injertados en la naturaleza antes de ocurrir el pecado, y que infectó la persona y la naturaleza. Desde aquella herida ya no están a nuestro alcance, aunque con otra razón en nuestra sensibilidad los percibimos muchas veces en nosotros y cerca de nosotros. Y como estamos hechos de alma y cuerpo, sigamos el consejo del Apóstol y comencemos por la parte animal, ésto es, por los bienes del cuerpo, para que no sea primero la espiritual, sino la animal.
2. Todos los bienes del cuerpo y lo único que debemos procurarles se resumen en la salud. Fuera de ésto nada más debemos darle ni buscarle; y dentro de estos límites debemos sujetarlos y disciplinarlos, ya que no dan ningún fruto y están destinados a la muerte. Aquí existe una trampa que no quiero que desconozcais. El deleite pone acechanzas a la salud, y lo hace con una malicia tan sutil que aquella apenas nos advierte ni lo impide. Ahora bien, servir el placer no a la salud, ya no es estar a nivel de la naturaleza, sino por debajo de ella; al dejarse guiar por el deleite colabora con la muerte. Por esta razón algunos descienden, mejor dicho, caen en arrebatos tan bestiales que prefieren el placer a la salud, se revuelcan continuamente en él, aunque saben que acarrea enfermedades agudísimas e incurables.
 Si lo propio del cuerpo es la salud, lo del corazón es la pureza. Un ojo turbado es incapaz de ver a Dios; y el corazón humano ha sido creado precisamente para contemplar a su Creador. Si la salud corporal nos exige tanta atención, mucho más debemos cuidar la pureza del corazón, convencidos de que esta es más digna que aquella. al hablar aquí de las purezas nos referimos a esa actitud pura y humilde de manifestar al Señor todas nuestras obras en la oración, y al hombre en la confesión: Dije, confesaré al señor mi culpa, y tú perdonaste la impiedad de mi pecado.
3. Y cuanto somos animales sociables, pasemos de nuestras realidades interiores a aquellas que nos rodean, para vivir en paz con todos los hombres, en la medida de lo posible y en cuanto está de nuestra parte. De hecho,la ley natural de toda sociedad consite en no hacer a los demás lo que no queremos que hagan a nosotros y procurar a ls demás lo que queremos para nosotros. según eso, a nuestro cuerpo le debemos dar la salud, al corazón la pureza y al hermano la paz.
 Pensemos también en las almas santas que volaron de la cárcel de esta mortalidad a los gozos celestes. Nuestro primer deber para con ellos es la imititación: eran débiles como nosotros y nos enseñaron el sendero de la vida, recorriéndolos infatigables hasta el final Y a aquellas otras que no vivieron con tanta santidad ni hicieron una penitencia tan completa les debemos compasión, por la solidadridad de nuestra misma naturaleza. Que el Padre bondadoso las limpie de toda escoria, cmabie sus penas eng gracias y las haga partícipes de los gozos de la viudad bienaventurada.
 Si los toros cuando encuentran otro toro muerto lloran, mugen y le rinden ese homenaje fraterno, movidos por una especie de humanismo, ¿què deerà hacer un hombre por su semejante, iluminado por la razón e impulsado por el afecto? En una palabra: debemos imitar a los santos y compadecernos de los que son menos santos; ser sensibles al ejmplo de unos y al gemido de los otros.
4. De los ángeles santos debemos implorar su auxilio desde lo más hondo del corazón y con abundantes lágrimas; que presenten nuestras súplicas a la majestad suprema y nos alcancen la gracia: son espíritus en servicio activo, enviados en nuestra ayuda para heredar la salvación.
 Y al Señor de todas las cosas pidámoles piedad: si su naturaleza es la bondad y sólo sabe compadecerse y perdonar, en lugar de fijarse en la multitud de nuestros pecados, nos perdone por su infinita misericordia. A él le debemos amor y sumisión en espíritu de reverencia y humildad. amor porque nos ha creado y nos ha colmado de beneficios; y sumisión porque es muy superior a nosotros y así nos lo manda él, el terrible en sus proezas en favor de los hombres. 
 Por lo tanto, al cuerpo le debemos la salud, al corazón la pureza, al hermano la paz, a los santos la imitación y a los difuntos la compasión. Del ángel debemos implorar auxilio y de Dios piedad. Todo esto lo debemos obtener y buscar en el arca de los bienes naturales. Y no olvidemos que después de cumplir lo que está mandado y permitido a nuestra naturaleza, somos unos siervos inútiles que hacemos lo que tenemos que hacer. Nunca o casi nunca reciben los hombres un precepto que supere los límites y posibilidades de la naturaleza Con estos bienes, como dije antes, nos renovamos y volvemos en cierto modo a nuestro primer estado, porque recobramos la bondad original de nuestra naturaleza y mantenemos la debida armoní con nosotros mismos, con los que están junto a nosotros y sobre nosotros. Todo esto se refiere a los bienes naturales. 
5. Los bienes espirituales por los que nos ejercitamos para tender a los eternos, son estos mismos-aunque vistos desde otra perspectiva-y otros muchos que sería muy prolijo enumerar. así, por ejemplo, en la disciplina espiritual no debemos buscar la salud del cuerpo, sino sumisión, mortificación y trabajo, según lo aconseja aquel hombre tan espiritual: Castigo mi cuerpo y lo someto a servidumbre.
 Tampoco a nuestro corazónle debemos únicamente la pureza antes citada, que nos lleva a confesar sencilla y humildemente los pecados. Debemos también vigilar de tal modo nuestras intenciones, pensamientos y obras, que nuestra vida sea fecunda y goce de buena reputación. que no fructifique para sí, sino para Dios; ni busque su propia gloria, sino la de su Padre, que está en los cielos.
 En este nuevo orden no nos contentamos con ofrecer la paz sólo a los hermanos, sino también constructores de paz con los que la odian; soportar a todos y no molestar a ninguno. Y a los difuntos no sólo les dedicamos nuestra compasión y oración, sino que también debemos alegrarnos con ellos apoyados en la esperanza. Los dolores que soportan en el purgatorio suscitan tristeza, sin duda alguna; pero con mayor razón debemos gozarnos de que muy pronto enjugará todas las lágrimas de sus ojos, y ya no habrá luto, ni llanto ni dolor, pues lo de antes ha pasado. 
 Tampoco debemos únicamene imitar a los santos, ni pedir sólo el auxilio de los ángeles, sino desear también con todo su ardor su presencia, vivir con ellos y contemplar esas columnas del cielo que sostienen la tierra, y en los cuales brilla y se refleja la imagen excelsa e infinita de la divinidad. Y el Señor, finalmente, no le pidamos únicamente misericordia, sino dirijamos hacia él todos nuestros afectos. Hasta llegar a amarnos por él y contemplar la gloria que todo lo crea y lo conserva, y a la cual aspiran todas las criaturas racionales.
6.He aquí los senderos del ejercicio espiritual; en ellos se dilata y se deleita el espíritu religioso; olvidando lo que queda atrás y lanzado a lo que está delante, es decir, a lo eterno, corre hacia el premio de la vocación celeste. 
 ¿No pasó por encima de la naturaleza el Apóstol San andrés, cuya fiesta hoy celebramos? escuchadle: Oh cruz buena, tanto tiempo deseada y dispuesta ya para saciar el deseo de mi espíritu! ¡Yo me acerco a ti, seguro y lleno de gozo! Es la voz de un hombre enajenado, que ha sido elevado de los bienes de la naturaleza a los de la gracia. Por ello, no sólo se siente orgulloso con la speranza, sino también conlas tribulaciones; y sale contento del Consejo por haber merecido sufrir ultrajes por causa de Jesús. No sólo corre con paciencia, sino con gusto y lleno de entusiasmo; va al tormento como si fuera el mayor honor, y sufrir le parece gozar.
7. Los bienes eternos son aquellos bienes que ni ojo vio, ni oído oyó, y nunca desaparecen de aquella patria que sólo conoce el gozo y el júbilo. allí no falta nada: es la abunancia que colma todos los deseos humanos. ¿Cuál es esa abundancia en la cual no existe lo que no quieres, y está todo cuanto quieres? Haya paz en tus muros, dice el Profeta a Jerusalén, y abundancia en tus torreones. En esas torres que, según otro Profeta, están levantadas las piedras preciosas, Dios nos saciará con la flor de harina y no ya con la corteza del sacramento. 
 Más nuestra gloria no sería total si tuviéramos todo, pero hubiera algo que se nos ocultara. No, nada estará oculto: la sabiduría saciará la curiosidad humana. ¡Oh Sabiduría, en la cual conoceremos perfectísimamente todo lo que existe en el cielo y en la tierra, porque beberemos en la fuente misma de la sabiduría el conocimiento de todas las cosas! Ya no temeré las sospechas ni las intrigas; aquella ciudad, me dice Juan, es como un vidrio trasparente; si a través del cristal vemos clarisímamente, también veremos con toda nitidez las conciencias ajenas.
 Pero ¿de qué vale tener y conocer todo, si existe el temor y la angustia de perderlo? No, no hay por qué temer; existe una potencia capaz de fortalecer la debilidad humana: ha puesto paz en tus fronteras y ha reforzado los cerrojos de tus puertas, de tal modo que ningún enemigo podrá entrar allí, ni amigo alguno podrá salir. Donde reina la abundancia plena, la sabiduría perfecta y el poder absoluto, creo que nada falta  a la plenitud de la felicidad, a la dicha suprema del hombre.
 Tales son los bienes de la naturaleza, de la gracia y de la gloria: la salud, la virtud y la eternidad. Meditemos y rumiémoslos, hermanos, y fieles al precepto de la Ley no cesemos nunca de rumiar, pues eso es vivir y en eso consiste la vida de nuestro espíritu. De esta manera la meditación santa nos conservará y podremos decir como alquel santo: El meditar de mi corazón esté siempre en tu presencia, Señor, roca mía y redentor mío.
RESUMEN
Nos asaltan todo tipo de pensamientos. Si no podemos recrearnos en los más sublimies, debemos hacerlo en el ejercicio de las virtudes. Si tampoco podemos ejercitar éstas, nos queda deleitarnos con la naturaleza beatífica de las cosas simples creadas a nuestro alrededor. 
 No debemos confundir el placer con la salud pues muchas veces son cosas contrarias. La pureza del corazón es más importante que la salud. Esa pureza se refiere a la oración continua.
 La propia ley natural nos impulsa a desear a los otros lo que deseamos para nosotros mismos y a sentir compasión. La razón, adicionalmente, nos ayuda a sentir los que otros padecen. A nuestro cuerpo le debemos la salud, al corazón la pureza y al hermano la paz, a los santos la imitación y a los difuntos la compasión. Del ángel debemos implorar auxilio y de Dios piedad. Todo esto lo debemos obtener y buscar en el arca de los bienes naturales.
 La vida espiritual se desarrolla en distintos ámbitos aunque el objetivo final es contemplar la gloria del creador con todos nuestros afectos. Por todo eso el apóstol San Andrés va al tormento lleno de gozo. Debemos desear y paladear esa plenitud y eternidad, degustar su sabor como si masticáramos una y otra vez ese manjar espiritual que nos llenará sin medida.


EN LA VIGILIA DE SAN ANDRÉS, APÓSTOL



El ayuno es una buena preparación para las fiestas de los Santos
1. La autoridad de los Padres ha establecido que a las fiestas más solemnes de los santos les preceda un día consagrado al ayuno. Es una práctica muy provechosa y prudente si se hace conscientemente. Día a día caemos en el pecado y fallamos muchas veces. Y no está bien celebrar las festividades sagradas, sobre todo las más solemnes, sin purificarnos previamente con la abstinencia, e intentar ser un poco más dignos y capaces de los gozos espirituales. El justo siempre que toma la palabra se acusa a sí mismo, y antes de ensalzar a los demás reconoce sus propias faltas. Si tiembla el justo y se juzga a sí mismo antes que llegue el juicio implacable del Señor, ¿qué haremos nosotros, que pasamos la vida sin juzgar ni enterrar nuestros pecados? Sería terrible que se hicieran públicos antes de ese juicio.
 Si el justo cuando ensalza a los santos siente pudor y vergüenza, ¿cuánto más temerá el pecador, en cuya boca desdice la alabanza, aquellas otras sentencias: ¿Por qué recitas mis preceptos? Amigo, ¿Cómo has entrado aquí sin traje de fiesta? Dichosos, por lo tanto, los que se esfuerzan en conservar siempre intacta su túnica, es decir, el honor de su conciencia, y lucirla en toda su hermosura. Mas como son muy pocos los que guardan con tanta diligencia su corazón y son muchos menos aún los que lo conservan en perfecta santidad, debemos limpiar continuamente con la abstinencia las manchas que contraemos, sobre todo antes de celebrar una gran solemnidad.
2. La práctica del ayuno no es sólo una preparación para la próxima festividad; también es una magnífica instrucción y catequesis. Efectivamente, ahí aprendemos el verdadero camino de la fiesta eterna. El sentido último de anticipar los ayunos a las fiestas está aquí: Debemos soportar muchas contrariedades antes de entrar en el Reino de Dios. Por eso no merece disfrutar del gozo festivo quien no observa antes la abstinencia del gozo y descanso festivo. Todo el tiempo de esta vida penitente es una especie de vigilia de la gran solemnidad y del sábado eterno que aguardamos. Piensa que esa fiesta será eterna, y no se te hará demasiado larga la vigilia. Las fiestas de ahora duran un día y tienen otro de vigilia; en cambio, aquella otra fiesta es eterna y no se nos exige una vigilia eterna.
 Pero ¿a dónde nos arrastra el recuerdo gozoso de aquella felicidad? Ésta es, en efecto, la palabra más frecuente y apta que solemos aplicarle. Volvamos ya a nuestro tema.
3. El motivo del ayuno de hoy, y de la solemnidad y alegría que esperamos, es la pasión del apóstol San Andrés. Ya que no podemos ser crucificados con él, ayunemos un poco con él. Porque es indudable que los dos días que estuvo colgado de la cruz, no probó alimento. Unámonos, pues, de algún modo a su pasión. No estamos en el patíbulo, pero soportamos el ayuno. El Dios misericordioso nos hará compartir de ese modo su corona y acompañarle ahora en su gozo espiritual.
 ¿No vamos a llenarnos de gozo con la memoria de su triunfo, si sabemos que él mismo se regocijó tan profundamente en el tormento? Si la cruz rezuma gozo, mucho más alegre será la fiesta. Para nosotros festivo equivale a alegre, y cruz es sinónimo de tortura. El mundo entero debe festejar alborozado un milagro tan inaudito, y una obra tan portentosa de la energía divina. Andrés era un hombre como nosotros, pero cuando vio el patíbulo que le tenían preparado, sintió unas ansias locas de abrazarse a la cruz, y le embargó un gozo incomprensible.
 He aquí sus exclamaciones: "¡Salve, cruz, tanto tiempo deseada y finalmente preparada para mí, que suspiro por ti! Yo te abrazo sereno y gozoso; regocíjate también tú al abrazarte conmigo". ¿No veis: que no cabe en sí por lo grande de su gozo? "Regocíjate también tu". ¿Es posible una alegría mayor que ver radiante a la cruz, y convertirse en puro gozo? ¿Qué es más anormal, más irracional y sobrenatural: ver a un crucificado radiante de gozo o contemplar cómo se alegra una cruz? Ésta carece por naturaleza del sentido de la alegría, y aquél, por muy fuerte que sea, agota su fuente de alegría y se convierte en un grito de dolor.
 Escuchad: "Estoy enamorado de ti, y ardo en deseos de abrazarte". Hermanos, esto no es una lengua que habla, es un fuego abrazador. Para ser más exactos, es una lengua de fuego. Son unas brasas ardientes que Cristo ha arrojado del cielo a sus huesos. ¡Ojalá sean para nosotros unos carbones abrasadores que consuman y purifiquen todos nuestros afectos carnales. ¿Qué centellas son éstas? ¿Qué fuego interior las consume?
4. Sin duda, bienaventurado Andrés, tu fe es un grano de mostaza, y en cuanto lo tocó el almirez, irradió un sabor irresistible. ¿Qué fuerza si le hubiera triturado un poco más? No hay espíritu capaz de tolerar semejante fuego, ni oído que soporte tales palabras. Cuando Egeas se ceñía a simples amenazas, ese grano parecía una insignificancia. Solía decir: "El Señor me ha enviado a este país y le ha conquistado un gran pueblo". Se acerca, en cambio, el almirez de la conminación y exhala un sabor más acre; sus palabras son más tajantes; Egeas cree que se va a amilanar al condenarle a la cruz. Todo lo contrario: el eco de esta palabra le enardece, y exclama a voz en grito: "Si me asustara el patíbulo de la cruz, no hubiera pregonado su gloria".
 Y cuando contempla ya el madero escogido para él, es una pura llama que se deshace en aplausos y alabanzas a su amada. La saluda con elegancia, la mira enternecido, la enarbola orgulloso y exclama enardecido en un torrente de afectos y de palabras: "¡Salve, cruz la más hermosa, cuya belleza y pulcritud te donaron los miembros del Señor! ¡Salve, cruz santificada en el cuerpo de Cristo y engalanada con las perlas de sus miembros!"
 Razón tienen los siervos de la cruz al venerar de tal modo a este enamorado de la cruz. Pero merece una devoción muy particular de quienes han prometido llevar la cruz. Hermanos, os hablo y me refiero a vosotros, que no os hicísteis sordos a aquella trompeta evangélica: Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío. Volcad, pues, toda vuestra capacidad espiritual en esta solemnidad y celebradla con un corazón magnánimo. El que se decida a cavar y buscar con empeño encontrará un inmenso tesoro de paz y de sabiduría.
RESUMEN
Es bueno ayunar antes de las grandes fiestas para, así, resaltar su valor. Además San Andrés ayunó los dos días que permaneció en la cruz. 
 La relación de San Andrés y la cruz es de amor, pues quien no cargue con su cruz no puede ser discípulo de Cristo. Significaba la fusión con nuestro Señor en una llama de puro amor.

sábado, 4 de julio de 2015

CONSIDERACIONES AL PAPA EUGENIO: LIBRO PRIMERO (CAPÍTULOS XI-XIV)



CONSIDERACIONES DEL PAPA EUGENIO. LIBRO PRIMERO. CAPÍTULO XI

Capítulo 11

Dime, si puedes, a cuál de estas tres virtudes le asignarías especialmente este término medio. ¿No crees que es tan propio de las tres, que parece ser exclusivo de cada una? Se diría que en ese término medio, sin más, consiste toda la virtud. Pero entonces no habría diversidad de virtudes, pues todas se reducirían a una. No. Lo que pasa es que no puede darse una virtud que carezca de este término medio, que es el íntimo dinamismo y el meollo de todas las virtudes. A él revierten tan estrechamente, que es como si todas pareciesen una única virtud; no porque lo compartan repartiéndoselo, sino porque cada una -prescindiendo de las demás- lo posee por entero. 
Por poner un ejemplo: ¿no es la moderación lo más típico de la justicia? Si algo se le escapase de su control sería incapaz de dar a cada cual todo lo  que le corresponde, tal como lo exige la misma naturaleza de  a justicia. Y a su vez, ¿no se llama la templanza así por excluir todo lo que no sea moderado? Lo mismo sucede con la fortaleza. Precisamente lo propio de esta virtud es salvarle a la templanza de los vicios que le asaltan por todas panes a fin de sofocarla, defendiéndola con todas sus fuerzas hasta fortificarla, como sólida base del bien v asiento de todas las virtudes. Por tanto, justicia, fortaleza y templanza llevan en común como propio esa moderación del justo medio. 
Mas no por eso carecen de diferencia especifica. La justicia ama, la fortaleza ejecuta, la templanza modera el uso y posesión de lo que se tiene. Nos queda por demostrar cómo participa de esta comunión la virtud de a prudencia. Es ella precisamente la  primera en descubrir y reconocer ese justo medio, pospuesto durante tanto tiempo por negligencia del alma, aprisionado en lo más oculto por la envidia de los vicios y encubierto por las tinieblas de  olvido. Por esta razón, te aseguro que son muy pocos los que la descubren, porque son muy pocos quienes la poseen. 
La justicia busca, por tanto, el justo medio. La prudencia lo encuentra, )a fortaleza lo defiende y la templanza lo posee. Mas no era mi intención tratar aquí de las virtudes. Si me he extendido en ello, ha sido para exhortarte a que te entregues a la consideración, pues así descubrimos estas cosas y obras semejantes. Perdería su vida inútilmente el que jamás se ocupara en este santo ocio, tan religioso y tan benéfico.

CONSIDERACIONES AL PAPA EUGENIO. LIBRO PRIMERO: CAPÍTULO XII

Capítulo 12

 

LA MALDAD DE NUESTRA EPOCA


¿Qué sucedería si de repente te rindieras de plano a esta filosofía? Desde luego, tus predecesores no lo hicieron. A muchos les resultaría molesto. Seria como si te desviases inesperadamente de las huellas de tus padres e insultases su recuerdo. Te aplicarían aquel proverbio: Haz lo que nadie hace y todos se fijarán en ti, como si pretendieses ser admirado. Claro que no podrías corregir todos los errores ni moderar todos los excesos inmediatamente. Pero, con el tiempo y el tino que Dios te concedió, lo conseguirás lentamente si buscas las oportunidades. Siempre te será factible sacar partido de un mal del que tú no eres responsable. 
Si tomamos ejemplo de los buenos, y no son precisamente los más recientes, encontraremos algunos sumos pontífices que fueron capaces de encontrar para sí espacios para el ocio santo, aunque estaban inmersos en los asuntos más delicados. Era inminente el asedio de la Urbe y la espada de los bárbaros se cernía sobre el cuello de sus habitantes. Y no se encogió el santo papa Gregorio, que no interrumpió su contemplación ni la redacción de sus sabios comentarios. Justamente en esas circunstancias, como se desprende del prólogo, redactó con exquisita elegancia y plena dedicación la última parte de su tratado sobre Ezequiel, la más misteriosa de todas.

CONSIDERACIONES AL PAPA EUGENIO: LIBRO PRIMERO. CAPÍTULO XIII

Capítulo 13 


De acuerdo. Es cierto  que han echado raíces otras formas de vida y que han cambiado radicalmente los tiempos y los hombres. No es que nos amenacen nuevos peligros, porque ya son una realidad presente. El fraude, el engaño y la violencia se han apoderado de la tierra. Campean los calumniadores, apenas nadie defiende la verdad, por todas partes los más fuertes oprimen a los más débiles. No podemos desentendernos de los oprimidos, ni negarles la justicia a los que sufren vejación. ¿Y cómo va a ser posible hacerles justicia, si se encarpetan las causas y no se escucha a las partes litigantes? 
LOS ABOGADOS 
Sí; deben tramitarse las causas. Pero como es debido. Porque resulta detestable cómo se encauzan habitualmente los litigios; algo indigno, no digamos ya de los tribunales de la Iglesia, sino hasta de los civiles. Me pasma cómo pueden escuchar tus piadosos oídos unas argumentaciones y contrarréplicas de los abogados, que sirven más para destruir la verdad que para esclarecerla. 
Corrige la depravación, cierra los labios lisonjeros y corta la lengua que propala mentiras. Porque afilan su elocuencia para servir al engaño y argüir contra la justicia, como maestros que impugnan la verdad. Dan lecciones a quienes deberían instruirles y no se basan en la evidencia, sino en sus invenciones. Calumnian ellos mismos al inocente. Desbaratan la simplicidad de la misma verdad. Obstruyen el camino de la justicia. 
Nada puede esclarecer tan fácilmente la verdad como una exposición precisa y nítida. Quiero que te habitúes a decidir con brevedad e interés todas las causas que inevitablemente han de ser vistas por ti, que no tienen por qué ser todas. Y zanja toda dilación fraudulenta y falsa. Lleva tú personalmente las causas de las viudas, del pobre y del insolvente. Obras muchas podrías pasarlas a otros. Y las más de las veces no debes considerarlas ni dignas de audiencia. ¿para qué perder el tiempo en escuchar a gentes cuyos delitos ya se conocen antes del Juicio?


LOS AMBICIOSOS 


Es impresionante el descaro de algunos, que carecen de todo pudor, para llevar a los tribunales sus evidentes ansias de ambición, manifiesta a todas luces en sus pleitos. Llegan a la osadía de apelar a la conciencia pública, cuando bastaba la suya propia para quedar confundidos. No hubo quien humillase sus frentes altivas, y por eso se multiplicaron y se hicieron más soberbios aún. Lo  que no sé es cómo estos hombres corrompidos no temen ser descubiertos por los que son tan depravados como ellos. Y es que donde todos apestan, ninguno percibe su propio hedor. Por poner un ejemplo: ¿siente rubor alguno el avaro ante el avaro, el impúdico ante el impúdico, el lujurioso con el lujurioso? Pues lo mismo: la Iglesia está infestada de ambiciosos. Por eso ya no puede ni horrorizarse siquiera de las intrigas y apetencias de los ambiciosos. Exactamente igual que dentro de una guarida de ladrones, donde se contemplan con toda naturalidad los despojos de los caminantes.



CONSIDERACIONES AL PAPA EUGENIO. LIBRO PRIMERO: CAPÍTULO XIV

Capítulo 14

Si eres discípulo de Cristo, deberías consumirte en celo y levantarte con toda tu autoridad contra semejante corrupción universal de la desvergüenza. Contempla al Maestro y escúchale: El que quiera servirme, que me siga. Y no predispone sus oídos para que le escuchen, sino que se hace un látigo para golpearlos. No pronuncia discursos ni los admite. No se sienta en el tribunal; sin más, los azota. Y no oculta el motivo: han convertido la casa de oración en una lonja de contrataciones. Haz tú lo mismo. Huyan avergonzados de tu presencia esos traficantes. Y cuando no sea posible, que al menos le teman; tú también tienes tu azote. Tiemblen los banqueros que confían en el oro, porque nada pueden esperar de ti; que escondan su dinero de tu vista, pues saben que prefieres tirarlo antes que recibirlo.  
Si obras así, con tenacidad y empeño, ganarás a muchos, consiguiendo que trabajen para vivir valiéndose de medios más honestos que el lucro infame; y los demás ni se atreverán a concebir semejantes negocios. 
Por añadidura, podrás disponer mejor de tus tiempos de ocio, como antes te lo indicaba. Porque así encontrarás muchos momentos libres para dedicarlos a la consideración. Y obrarías con toda honestidad, si fueras capaz de no conceder siquiera audiencias para asuntos de pleitos, remitiéndolos a otras personas y resolviendo los que juzgues dignos de tu intervención con un informe previo que sea breve, fiel y apropiado a la causa. 
Te hablaba de la consideración; y pienso extenderme más, aunque lo haré en otro libro, para acabar ya con éste, no sea que te resulte doblemente pesado por su excesiva tensión y por la aspereza de mi estilo.


jueves, 18 de junio de 2015

CONSIDERACIONES AL PAPA EUGENIO: CAPÍTULOS VI-X


LIBRO PRIMERO PAPA EUGENIO: CAPÍTULO VI

 Capítulo 6


QUÉ ES LO QUE PARECE MAS PERFECTO


Escucha, además, lo que piensa al respecto el Apóstol: Así que, ¿no hay entre vosotros ningún entendido que pueda arbitrar entre dos hermanos? Y concluye: Lo digo para vergüenza vuestra. En los pleitos tomáis por jueces a esa gente que en la iglesia no pinta nada. Luego, según el Apóstol, usurpas para ti indignamente un oficio vil, una categoría de las más despreciables. Por eso el mismo Apóstol, instruyendo a otro apóstol, le decía: Nadie que trate de servir a Dios se enreda en asuntos mundanos. Pero yo soy más condescendiente contigo; no te exijo tanto, sino únicamente lo que en realidad está a tu alcance. 
Creo que, en estos tiempos, los hombres que litigan por los bienes materiales y que piden justicia, no tolerarían que les respondieses con una reacción parecida a la del Señor: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?. ¿Qué pensarían inmediatamente de ti? Dirían: Habla como si fuese un rudo ignorante que se olvida de que es el primado; deshonra su Sede suprema y la gloriosa dignidad apostólica. Sí, lo dirían; pero jamás podrían demostrar que apóstol alguno se haya constituido en juez de los hombres, especializado en pleitos sobre lindes o partición de herencias. Lo que sí he visto es que los apóstoles comparecieron para ser juzgados; pero nunca he podido comprobar que se hayan sentado para actuar como jueces. Eso lo harán un día que todavía no ha llegado. ¿o acaso el siervo se rebaja en su dignidad cuando no intenta ser mayor que su señor? No creo que desdiga del alumno no ser superior a su maestro, ni que sea indigno de un hijo no salirse de las prohibiciones que le impusieron sus padres. ¿Quién me constituyó juez? Lo dijo él, el Señor y el Maestro. ¿Puede ahora sentirse ofendido el siervo o el alumno que no se erige en juez universal? 
Tampoco creo que posea un buen criterio quien piense que es indigno de los apóstoles y de sus sucesores carecer de competencia para ser Jueces en toda clase de causas, cuando sólo recibieron potestad para las más trascendentales. ¿Por qué no puede no despreciar el rebajarse a juzgar los pleitos más miserables quienes un día juzgarán a los mismos ángeles del cielo? Tú tienes jurisdicción sobre los delitos, no sobre las posesiones; recibiste las llaves del reino de los cielos para cerrar sus puertas a los pecadores, no a los terratenientes. Para que sepáis -afirma- que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados... ¿Qué potestad y dignidad te parece mayor: la de perdonar los pecados o la de dirimir pleitos? No hay comparación posible. Ya hay jueces para esos asuntos tan ruines y terrenos: ahí están los príncipes y los reyes de este mundo. ¿Por qué te entrometes en competencias ajenas? ¿Cómo te atreves a poner tu hoz en la mies que no es tuya? No es porque tú seas indigno, sino porque es indigno de ti injerirte en causas semejantes, cuando debes ocuparte de realidades superiores. Y si alguna vez lo requiere así un caso especial, conviene que recuerdes no ya mi opinión personal, sino la del mismo Apóstol, que dice: Si vosotros vais a juzgar al mundo, seréis incapaces de juzgar esas otras causas más pequeñas.

SOBRE EL PAPA EUGENIO. LIBRO PRIMERO. CAPÍTULO VII

Capítulo 7

Pero una cosa es caer incidentalmente en esas causas, cuando lo apremian razones de peso, y otra entregarse a ellas plenamente, como si se tratara de los asuntos más graves que requieren toda nuestra dedicación. Debería recordarte otras muchísimas razones, si tratara de exponerte todos los argumentos más convincentes, con los consejos más atinados y sinceros. Mas ¿para qué? Corren días malos y ya te he insistido suficientemente en que no te des del todo, ni siempre, a la acción, sino que te reserves para la consideración algo de ti mismo, de tu corazón y de tu tiempo. Y te lo digo pensando más en tu necesidad que en la equidad, aunque no es contra justicia ceder a lo necesario.  
NECESIDAD DE LA CONSIDERACIÓN 
Es lícito hacer lo que creemos más conveniente. Por tanto, de suyo, siempre y en toda ocasión, se debe preferir la piedad como un valor absoluto. Porque es útil para todo; así nos lo muestra indiscutiblemente nuestra razón. ¿Me preguntas qué es la piedad? Entregarse a la consideración. Tal vez me repliques que en esto disiento de quienes definen la piedad como el culto que se tributa a Dios. Pero no rechazo esta definición. Si lo piensas bien, la mía, al menos en parte, coincide totalmente con ella. Porque lo más esencial del culto a Dios es aquello que nos pide el salmo: Cesad de trabajar y ved  que yo soy Dios. ¿No consiste precisamente en esto la consideración? 
Además, viene a ser lo más útil para todo. Porque incluso sabe anticiparse en cierto modo a la misma acción, ordenando de antemano lo que se debe hacer mediante una eficaz previsión. Esto es fundamental. De lo contrario, cosas que podían haber sido previstas y consideradas con antelación ventajosamente, se llevan a cabo con mucho riesgo por hacerlas precipitadamente. Y no dudo que te haya ocurrido esto con frecuencia a ti mismo; repasa, si no, los procesos de los pleitos, los asuntos más importantes y las decisiones más comprometidas.  
Lo primero  que purifica la consideración es su propia fuente; es decir,el alma, de la cual nace. Además, controla los afectos, corrige los excesos, modera la conducta, ennoblece y ordena la vida y depara el conocimiento de lo humano y de los misterios divinos. Es la consideración la que pone orden en lo que está confuso; concilia lo incompatible, reúne lo disperso, penetra lo secreto, encuentra la verdad, sopesa las apariencias y sondea el fingimiento taimado. La consideración prevé lo que se debe hacer, recapacita sobre lo que se ha hecho; así no queda en el alma sedimento alguno de incorrección ni nada que deba ser corregido. Por la consideración se presiente la adversidad en el bienestar, tal como lo dicta la prudencia, y casi no se sienten los infortunios gracias a la fortaleza de ánimo que infunde.

SOBRE EL PAPA EUGENIO. LIBRO PRIMERO. CAPÍTULO VIII




Debes advertir también la suavísima armonía, la conexión  que existe entre las virtudes y su mutua interdependencia. Ahora mismo acabas de contemplar a la prudencia como madre de la fortaleza. Y lo que no nace de la prudencia será una osadía de la temeridad, no un impulso de la fortaleza. Es también la prudencia quien, haciendo de mediadora entre lo voluptuoso y lo necesario, los mantiene dentro de sus propios límites; porque asigna y proporciona lo que basta para satisfacer las necesidades, pero corta todo exceso al deleite. Así nace una tercera virtud, a la que llamamos templanza. 
Y es precisamente la consideración quien nos permite descubrir la intemperancia, tanto si nos empeñamos en privarnos de lo necesario como en regalarnos con nuestros caprichos. Porque no consiste la templanza únicamente en abstenernos de lo superfluo, sino también en concedernos lo necesario. El Apóstol, además de secundar esta idea, es su propio autor, cuando nos dice  que cuidemos de nuestro cuerpo, pero sin darnos a sus bajos deseos. Al pedirnos que no andemos solícitos por la carne nos prohíbe apetecer lo superfluo; y al añadir: dando pábulo a los bajos deseos, no excluye que busquemos lo necesario. Por eso pienso que no será absurdo definir la templanza como la virtud que no se queda más acá ni va más allá de lo necesario, según aquello del filósofo: ne quid nimis.

TRATADO SOBRE EL PAPA EUGENIO: LIBRO PRIMERO. CAPÍTULO IX

Capítulo 9

Pasando ya a la virtud de la justicia, una de las cuatro cardinales, sabemos que, antes de formarse en ella el espíritu, ya ha sido poseído previamente por la consideración. Porque es menester que primero se recoja en si mismo, para sacar de su interior esa norma de la justicia que consiste en no hacer a otro lo que no se desea  para sí y en no negar a los demás lo que uno quisiera que le  den. Sobre estos dos polos gira toda la virtud de la justicia. Pero ésta nunca va sola. 
LA MUTUA DEPENDENCIA DE LAS CUATRO VIRTUDES 
Examina ahora conmigo su hermosa conexión y coherencia con la templanza, y la que ambas tienen con las otras dos virtudes ya mencionadas: la prudencia y la fortaleza. Porque parte de la justicia es no hacer a los demás lo que no quisiéramos que nos hagan, y su perfección culmina en lo que nos dice el Señor: Todo lo que querríais que hicieran los demás por nosotros, hacedlo vosotros por ellos. Pero ni lo uno ni lo otro lo llevaremos a la práctica si la voluntad misma, en la que se fragua su forma, no va disponiéndose a rechazar lo superfluo y a prescindir de lo necesario con verdadero escrúpulo. Esta disposición es precisamente lo específico de la templanza. Incluso la misma justicia, si no quiere dejar de ser justa,  deberá ser regulada por la moderación de esa virtud. No exageres tu honradez, dice el sabio, a fin de indicarnos que nunca debemos dar por bueno el sentido de lo justo si no es moderado por el  freno de la templanza. Ni la misma sabiduría desdeña este control. Lo dice Pablo con el saber que Dios le dio: No sentir de sí más altamente de lo que conviene sentir, sino aspirando a un sobrio sentir. 
Y al revés. La templanza necesita igualmente de la justicia. Nos lo enseña el Señor en el Evangelio al condenar la templanza de los que sólo ayunaban para ostentar ante la gente su ayuno. Guardaban templanza en el comer, pero no eran justos en su corazón, porque no intentaban agradar a Dios, sino a los hombres. 
Finalmente, ¿cómo poseer esta virtud o la otra sin la fortaleza? Se necesita fortaleza, y no pequeña, para pretender reprimir y rechazarse a sí mismo rígidamente, sin quedarse corto ni pasarse, mientras la voluntad se mantiene en el término medio preciso, riguroso, único, invariable, en el centro mismo, netamente recortado. En esto consiste la fortaleza.

CONSIDERACIONES AL PAPA EUGENIO. LIBRO PRIMERO. CAPÍTULO X


Capítulo 10



Dime, si puedes, a cuál de estas tres virtudes le asignarías especialmente este término medio. ¿No crees que es tan propio de las tres, que parece ser exclusivo de cada una? Se diría que en ese término medio, sin más, consiste toda la virtud. Pero entonces no habría diversidad de virtudes, pues todas se reducirían a una. No. Lo que pasa es que no puede darse una virtud que carezca de este término medio, que es el íntimo dinamismo y el meollo de todas las virtudes. A él revierten tan estrechamente, que es como si todas pareciesen una única virtud; no porque lo compartan repartiéndoselo, sino porque cada una -prescindiendo de las demás- lo posee por entero. 
Por poner un ejemplo: ¿no es la moderación lo más típico de la justicia? Si algo se le escapase de su control sería incapaz de dar a cada cual todo lo  que le corresponde, tal como lo exige la misma naturaleza de  la justicia. Y a su vez, ¿no se llama la templanza así por excluir todo lo que no sea moderado? Lo mismo sucede con la fortaleza. Precisamente lo propio de esta virtud es salvarle a la templanza de los vicios que le asaltan por todas panes a fin de sofocarla, defendiéndola con todas sus fuerzas hasta fortificarla, como sólida base del bien v asiento de todas las virtudes. Por tanto, justicia, fortaleza y templanza llevan en común como propio esa moderación del justo medio. 
Mas no por eso carecen de diferencia especifica. La justicia ama, la fortaleza ejecuta, la templanza modera el uso y posesión de lo que se tiene. Nos queda por demostrar cómo participa de esta comunión la virtud de a prudencia. Es ella precisamente la  primera en descubrir y reconocer ese justo medio, pospuesto durante tanto tiempo por negligencia del alma, aprisionado en lo más oculto por la envidia de los vicios y encubierto por las tinieblas de  olvido. Por esta razón, te aseguro que son muy pocos los que la descubren, porque son muy pocos quienes la poseen. 

La justicia busca, por tanto, el justo medio. La prudencia lo encuentra, la fortaleza lo defiende y la templanza lo posee. Mas no era mi intención tratar aquí de las virtudes. Si me he extendido en ello, ha sido para exhortarte a que te entregues a la consideración, pues así descubrimos estas cosas y obras semejantes. Perdería su vida inútilmente el que jamás se ocupara en este santo ocio, tan religioso y tan benéfico.